

El 23 de junio de 2026, una delegación talibán pisó por primera vez suelo de la Unión Europea. No llegó detenida ni en calidad de acusada ante ningún tribunal internacional por los crímenes cometidos contra su propia población. Llegó invitada. La Comisión Europea y Suecia copresidieron en Bruselas una reunión técnica con representantes de las autoridades afganas para hablar de un único asunto, la devolución de afganos sin derecho a permanecer en territorio comunitario. Abdul Qahar Balkhi, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores talibán y jefe de la delegación, calificó la visita de «histórica». Tenía razón, solo que no en el sentido en que él quería decirlo.











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