Terrorismo sionista. Cristóbal León Campos

El gobierno sionista de Israel, con Benjamin Netanyahu a la cabeza, pareciera estar logrando normalizar el horror a nivel global. El genocidio en Palestina continúa sumando muertes, despojo y la crueldad más atroz, sin que ello alcance para que los gobiernos de la comunidad internacional actúen más allá de discursos eufemísticos y detengan por fin la barbarie, y es que a las pocas voces que sí han denunciado con fuerza y claridad el genocidio, su posición geopolítica no les permite articular una respuesta concreta; la humanidad pareciera estar a merced del actuar inhumano del sionismo.

El reciente segundo secuestro de la Global Sumud Flotilla ha mostrado una parte del nivel de terrorismo que ejerce el sionismo israelí, así como los niveles de deshumanización que se han alcanzado. La denuncia de que al menos 15 integrantes de la Flotilla fueron víctimas de violencia sexual y que decenas más sufrieron violencia física y psicológica, siendo torturados, lesionados y humillados por soldados del ejército sionista israelí para posteriormente ser tratados como delincuentes ante la falta de representación legal en su defensa, nos habla del poder que hoy tienen los lobbies sionistas en el mundo, y del contubernio de gobiernos con la alianza yanqui-sionista, pues ese poder es sostenido por el imperialismo estadounidense con el silencio y la inacción de otras potencias.

Los testimonios de tortura y las imágenes de las lesiones físicas en los rostros, brazos, piernas, espaldas y otras partes de los cuerpos de las y los activistas, evidencian la inhumana condición terrorista del gobierno sionista, la misma que despliega en la Franja de Gaza, Cisjordania y demás territorio palestino ocupado ilegalmente, y que representa un mensaje violento de advertencia para quienes, de una forma u otra, desafían el bloqueo criminal impuesto sobre Palestina, ya que los activistas de la Global Sumud Flotilla tenían como objetivo llevar un poco de ayuda humanitaria y mostrar al mundo lo urgente que resulta continuar hablando de Palestina y seguir denunciando el genocidio, al igual que la necesitad de exigir a los gobiernos y organismos internacionales dejar de ser cómplices, romper el silencio y detener de inmediato el mayor crimen de lesa humanidad del siglo XXI.

Al respecto, Francesca Albanese, relatora especial de la Organización de Naciones Unidas (UNO) en los territorios palestinos ocupados, ha señalado que “en los últimos dos años, el Estado de Israel ha institucionalizado el ‘derecho a torturar’ a los palestinos y, por extensión (al parecer), a quienes los defienden” (La Jornada, 23/5/2026). Y es que el grado de violencia ejercida también incluyó la utilización de balas de goma, el aislamiento, el cautiverio en cárceles israelíes (sin ningún proceso legal), así como la privación de agua y alimentos, e interrogatorios bajo amenazas y con violencia física permanente; todo un aparato de guerra extraterritorial empleado en aguas internacionales y en territorios de otras naciones.

Además, estas acciones terroristas ponen otra vez sobre la mesa la urgencia geopolítica de romper relaciones con Israel, en especial para países como México, ya que tres activistas mexicanas fueron secuestradas por el ejército sionista y padecieron las mismas agresiones que decenas de activistas. Es claro que no estamos en tiempos de pasividad ni de silencio, el mundo vive el avance neofascista en diversas regiones alentado por la alianza yanqui-sionista, y se encuentra al borde de una conflagración global que únicamente beneficiaría al imperialismo.

Israel es un ente terrorista y debe ser juzgado como tal, las leyes internacionales deben ponerse al servicio de la humanidad y no de los monopolios y gobiernos imperialistas. La barbarie se está normalizando a un grado del que pudiera no haber retorno en un largo periodo de tiempo; la humanidad se necesita a sí misma de forma urgente.