La devastadora pérdida de Richard Heinberg

 

Richard Heinberg

Desde la revista 15/15\15 compartimos el profundo dolor ante la pérdida de uno de nuestros autores más destacados, el respetado y querido divulgador estadounidense Richard Heinberg, pionero de la divulgación del Peak Oil, de la colapsología en lengua inglesa e incansable defensor de las propuestas decrecentistas para un mundo en paz dentro de los límites biofísicos. A él le debemos gran parte de la inspiración para nuestra labor, y conceptos que condensan con genial lucidez la terrible situación a la que se enfrenta la Humanidad, ayudándonos a interpretarla y a comunicarla, como la expresión se terminó la fiesta (The Party’s Over), la idea de reducir la economía sin quebrarla o el Peak Everything.

A continuación ofrecemos la traducción realizada por nuestro editor de la nota recién publicada por el Post Carbon Institute, del que era senior fellow.


Este es el artículo más difícil que he tenido nunca que escribir.

El pasado domingo 19 de julio perdimos a nuestro amable y brillante amigo y colega, Richard Heinberg.

El mundo pierde con él una voz de sabiduría que contaba la verdad con claridad, un hombre cuya obra alcanzó a millones de personas y que provocó cambios fundamentales en las vidas de miles de ellas, quizás tú entre ellas. Desde luego la mía la cambió.

Richard murió tras una breve y brutal enfermedad: fue diagnosticado con cáncer pancreático apenas dos semanas antes de su fallecimiento. Como podéis imaginar, estamos anonadados y destrozados.

Un número incontable de personas llegaron a conocer a Richard simplemente por medio de sus libros, sus artículos, charlas y entrevistas. Aun así, muchas tenían la impresión de conocerle personalmente. Este era uno de sus dones más destacables. Él animaba a la gente a afrontar verdades difíciles sin abandonar la belleza, la comunidad, la posibilidad de vivir bien dentro de los límites de la Tierra.

Hay tanto que podría decir sobre Richard como persona y como escritor y educador, pero no soy capaz. Trabajar codo con codo con Richard durante los últimos dieciocho años ha sido uno de los mayores regalos de mi vida. De muchas maneras, unas grandes y otra pequeñas, Richard desplegaba humildad, gentileza y goce, algo digno de admiración en alguien que bregaba con temas tan complejos y difíciles. Siendo como era un introvertido incorregible, Richard permanecía a menudo silencioso entre otras personas pero cuando hablaba, lo hacía para aportar, siempre con generosidad, amabilidad y humor, y siempre centrándose en el bien común.

Cuando escribía, por otra parte, lo hacía con una claridad tan potente, sin acorbardarse a la hora de contar la verdad, y con un magnífico talento para presentar cuestiones complejas de un modo accesible. Era capaz de entretejer ecología, termodinámica, historia, antropología, psicología de la conducta, política y otros asuntos y de explorar la expansión de estos temas, tal como hizo en su décimo-cuarto libro, Power: Limits and Prospects for Human Survival, o de hacerlo en forma de sucinta narrativa, como cuando narró la premiada animación 300 Years of Fossil Fuels in 300 Seconds. Podía saltar de escribir acerca del colapso de la civilización industrial a contar lo que había aprendido de las gallinas. Quizás el mejor ejemplo de la amplitud de las capacidades de Richard sea aquella grabación de su interpretación al violín durante su charla sobre la música poscarbono en el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra.

Echaré de menos la sonrisa de Richard, su risa. También las pocas veces que llegué a verle cabreado por la estupidez o la cobardía de quienes ostentan el poder. Echaré de menos oírle hablar sobre cómo intentaba pillar una melodía antigua de jazz o del placer simple que le proporcionaba tomarse un chocolate por la tarde o una taza de café exprés. Y echaré terriblemente de menos la manera en que podía tomar mis divagaciones sobre temas que quería explorar para convertirlas en ensayos brillantemente sólidos en cuestión de horas o días. Y es que me encantaba escribir con él.

Aun en medio del dolor y del shock, reconociéndome un poco perdido cuando pienso cómo va a encontrar ahora el Post Carbon Institute su voz sin él, creo que Richard hubiera querido que cada uno, cada una de nosotros redoblase sus esfuerzos encaminados a esa visión que él tenía de la gente y la naturaleza prosperando dentro de los límites ecológicos, una visión plena de trinos, música y risa.

Si las aportaciones de Richard te han causado algún tipo de impacto, nos encantaría escuchar tus reflexiones. Visita, por favor, el web en su memoria para compartir tus historias y para saber más acerca de Richard.

Con el corazón abatido,
Asher Miller.

Richard Heinberg leyéndoles su último libro a sus gallinas. Foto: Post Carbon Institute.
Richard Heinberg leyéndoles su último libro a sus gallinas. Foto: Post Carbon Institute.