El cáncer de mama no es rosa

“Al tomar conciencia, forzosa y esencialmente, de mi mortalidad, y de lo que yo deseaba y quería para mi vida, por más corta que fuera, las prioridades y las omisiones quedaron claramente dibujadas bajo una luz impiadosa, y de lo que más me arrepentí fue de mis silencios. ¿De qué había tenido miedo? Cuestionar, o decir lo que pensaba, podría haber significado dolor, o muerte. Pero todas sufrimos de tantas maneras diferentes, todo el tiempo, y el dolor o cambia, o termina. La muerte, por otro lado, es el silencio final. Y eso podía llegar rápidamente, ahora, sin considerar si yo alguna vez había dicho lo que debía ser dicho, o si sólo me había traicionado en pequeños silencios, mientras planeaba hablar, alguna vez, o esperaba las palabras de alguna otra persona. Y empecé a reconocer una fuente de poder dentro de mí misma, que viene de saber que, si bien lo más deseable es no tener miedo, aprender a poner ese miedo en perspectiva me dio una gran fuerza.”

Audre Lorde, Los Diarios del Cáncer, 1978 (1)

Aún llevo un dolor hondo que no consigo describir. Me ocupa el corazón hacia la izquierda, a veces me sube la madre, otras pocas apenas lo siento como cuando te acostumbras a la rozadura del zapato (pero no es rozadura, ni es zapato) y por evitar la rozadura, cambias la pisada, tuerces el tobillo y caes.

Llegó octubre y con él una marea, de las que ahogan, de todos los tonos del rosa que inunda los supermercados, las tiendas de ropa, las tiendas de cosmética y peluquería, pero también las carreras de la mujer que son escaparates para marcas reconocidas, entre otras iniciativas comerciales y de consumo. Recuerdo ya hace varios años leer testimonios, ensayos, denuncias de pacientes de cáncer de mama y cáncer de mama metastásico que señalaban que el pinkwashing y el marketing alrededor de esta enfermedad no les estaba sirviendo de nada. Eso fue mucho antes de que el cáncer de mama metastásico apareciera en mi familia y dejase de tener un matiz teórico o científico y fuera una experiencia encarnada, sufrida, dolorosa e injusta.

Hay algo de particular en el abordaje social y mediático del cáncer de mama que lo diferencia de otros cánceres también prevalentes en la sociedad. En este imaginario social y colectivo se aúnan y visibilizan todas las violencias de género, exigencias y mandatos asociados a la feminidad. Es por esto que visibilizar las violencias sociales, económicas y simbólicas que atraviesan las pacientes de cáncer de mama y cáncer de mama metastásico es urgente y requiere de especificidad.

Las mujeres que enferman sonriendo

La sociedad occidental, blanca, moderna y medicalizada tiene un problema con la tristeza, con el dolor, con la muerte, con la enfermedad y con el sufrimiento: creo que es una idea profundamente colonial, capitalista y capacitista la pretensión de positividad continuada, casi neurótica, con la que pretendemos encarar siempre la vida, incluídos los procesos de salud-enfermedad-discapacidad (2). En este sentido, el mandato de la sonrisa obligatoria, de la abnegación y sacrificio, de la imposibilidad de queja y enfado, toma mayor virulencia cuando el cuerpo que lo encarna es el de una mujer, feminidad o disidencia de género; a quienes desde pequeñas se nos enseña que “échame una sonrisa, anda, que así estás más guapa”. Son habituales los “bueno mujer, pero piensa en positivo”, “eso es un añito malo y después estarás como siempre”, que reciben las pacientes en cualquier ámbito o espacio en el que hayan comunicado el proceso que atraviesan. Al miedo, la ansiedad y la soledad se une la obligación social de responder con sonrisas, frases de taza de café y, en definitiva, ahorrar el malestar del otro frente al propio dolor, que es el rol que se nos exige continuamente a las mujeres.

“Sabes, yo no entendía lo que me estaba diciendo esta señora. Que no sabía qué hacer el finde, si ir a los carnavales o no. Y yo pensé, esta tía está un poco perdida, estás con gente que está ingresada y no podemos salir, no me parece la mejor forma de acompañar… y le dije “bueno, siempre puedes volver, pero no siempre podrás ir”, porque claro, cuando ya estés ahí puedes irte a casa, pero no siempre vas a tener la oportunidad de ir.”

Mi hermana mayor, 2023

La supervivencia socioeconómica, otra barrera en el proceso de enfermedad

La aparición y diagnóstico de la enfermedad no sólo genera un impacto desde una perspectiva biológica y sanitaria, sino que genera gastos económicos ocultos y pérdida de ingresos económicos para un sector social, el de las mujeres y disidencias de género, que ya enfrenta mayores índices de vulnerabilidad y precariedad socioeconómica en la mayoría de tramos de edad en comparación a los hombres.

En publicaciones de ámbito europeo como la investigación “Financial toxicity and socioeconomic impact of cancer in Europe” (3) publicado en 2025 en la revista ESMO Open, se muestra que un 52% de pacientes españoles/as con cáncer enfrentan una pérdida importante de ingresos mensuales, incluso en un contexto de cobertura sanitaria. Si bien el estudio no se desglosan cifras por género y distinción de cáncer de mama, ginecológico u otro, reflejan una importante vulnerabilidad en la paciente oncológica; en la que el cáncer de mama es el de mayor prevalencia en las mujeres.

En combinación con el estudio de la Asociación Española Contra el Cáncer “Vulnerabilidad económica y laboral en pacientes con cáncer en España” (4) publicado en 2023, permite fundamentar la mayor vulnerabilidad económica, pérdida de ingresos, de continuidad laboral y autonomía económica en pacientes con cáncer y particularmente en mujeres con cáncer de mama, metastásico y ginecológico.

A razón de estos datos, sería irresponsable no arrojar luz sobre la situación de las pacientes en situación administrativa irregular, racializadas y migrantes, que enfrentan el Racismo como un determinante social en Salud (5); condicionando no sólo el acceso al sistema sanitario, sino las posibilidades de habitabilidad en una vivienda digna, la ausencia de coberturas sociales en caso de baja o la residencia en lugares con mayores condiciones de insalubridad por exclusión residencial y abandono institucional (6).

Esta realidad violenta e injusta, no se refleja en las campañas publicitarias de empresas de ingresos multimillonarios anuales en las que modelos y actrices simulan atravesar la enfermedad con sonrisas, lazos y pañuelos estéticos que ocultan la realidad material que atraviesan las pacientes.

“La discriminación social y económica que se practica contra las mujeres con cáncer de mama no disminuye fingiendo que las mastectomías no existen. Cuando el puesto de trabajo de una mujer está en riesgo debido a su historia de salud, no se puede pelear contra la discriminación laboral con una bolsa de gel de silicona, ni con el miedo y la ansiedad constantes que surgen del subterfugio. Sugerir que la prótesis es una solución a la discriminación laboral es como decir que la forma de luchar contra el prejuicio racista es que los negros simulen ser blancos.”

Audre Lorde, Los Diarios del Cáncer, 1978

Comprar y gastar dinero no es invertir en investigación científica

Las mujeres suponen el target por excelencia de campañas de marketing en redes sociales, televisión y publicidad en la calle: somos las que determinamos los modelos de consumo, las que sostenemos nuestros hogares, las que decidimos en muchas ocasiones dónde se compra y dónde se ahorra en nuestras economías particulares. Y a su vez son las mujeres las que mayor prevalencia presentan de este tipo de cáncer (aunque sabemos que también afecta a hombres cis, y otras identidades).

Se produce así una situación en la que comprar productos con un lazo rosa, que en el mes de octubre cambian su color estándar o pagar por participar en carreras de la mujer en las que, como investigan desde Teta&Teta, las donaciones que llegan a investigación son mínimas frente a beneficios que se ingresan (y en algunos casos, dudosas o poco transparentes) es la vía para “apoyar a las mujeres que pasan por esta enfermedad”. Ignorando así las demandas reales de las pacientes, como recogen desde la Asociación de Cáncer de Mama Metastásico de España, como puede ser la aprobación de la cobertura sanitaria de medicamentos nuevos que ya se contemplan en otros países europeos o la exigencia de cribados más tempranos, puesto que esta crisis de salud pública afecta cada vez más a mujeres más jóvenes (7).

Esta despolitización y filantropización de la investigación, genera escenarios en los que pareciera que deben ser las propias mujeres las que con sus compras financien una investigación científica que debería ser responsabilidad del Estado. ¿Alguien imagina productos de color verde en el lineal de los supermercados para financiar la educación pública?

El cáncer de mama no es Rosa: una carta

Sin verte te veo. Una pesadilla injusta, dolorosa, que las palabras no alcanzan a describir. Porque les debemos seguir bregando, porque la vida vale todo. Ni una paciente más enfrentando mayor tránsito que la enfermedad misma, ni dudando si podrá pagar el alquiler, ni sabiendo si recibirá tratamiento integral por falta de papeles, ni siendo infantilizada, ni su cuerpo invadido, ni sus prioridades cuestionadas, ni esperando más de dos años por tratamientos innovadores con la excusa del ahorro, ni obligada a ser sonriente. Porque nos cuiden con la prevención; una prevención real que no se reduzca a consejos de salud generalistas que se vuelven nuestra culpa cuando aparece un diagnóstico. Una prevención que investigue y profundice en los factores socioeconómicos y ambientales que nos enferman. Porque la vida vale todo.

25 Septiembre 1978. No quiero que esto después sea un registro de pesadumbre solamente. No quiero que esto sea un registro sólo de lágrimas. Quiero que sea algo que pueda usar ahora o después, algo que pueda recordar, algo que pueda transmitir, algo que pueda saber que salió de la clase de fortaleza que tengo, que nada puede sacudir por mucho tiempo o igualar.

Mi trabajo es habitar los silencios con los que he vivido y llenarlos de mí misma hasta que tengan los sonidos del día más brillante y del trueno más fuerte. Y entonces ya no quedará lugar dentro de mí para lo que ha sido excepto como memoria de dulzura realzando lo que puede y va a ser.

Audre Lorde, Los Diarios del Cáncer, 1978

En el perfil de @niunaestrellamas puedes encontrar las convocatorias de concentraciones en Madrid, Las Palmas de Gran Canaria, Valladolid, Valencia, Bilbao y Donostia para el lunes 19 de octubre a las 19h00 #elcancerdemamanoesrosa #másinvestigaciónparamásvida.


Melinda Decker

Activista antirracista, sanitaria y facilitadora de espacios comunitarios negros. Mi trabajo se sitúa en la intersección salud, justicia racial y de género y memoria colectiva desde una perspectiva profundamente situada en el territorio canario. Vocal de la Asociación Mujeres Afro (en) Canarias y miembro de PERSA-Plataforma por la Equidad Racial en Salud.