mpr21 Redacción 14/10/26

El lunes el periódico alemán Rheinpfalz titulaba en primera página: “El primer ministro británico, Andy Burnham, ha confirmado la injerencia de Rusia en el voto del Brexit de 2016 y ha advertido de las consecuencias de la influencia rusa en la política en Alemania”.
No es la primera vez que los europeos culpan a los rusos de Brexit, que los medios consideran como una mala decisión porque lo mejor es que Reino Unido siga dentro de la Unión Europea.
Como suele ocurrir, los electores votan mal; votan lo que no deben y se dejan engañar por los rusos. Entonces, las dudas resultan muy inquietantes porque si una potencia extranjera interfiere en un referéndum habría que anular las votaciones. En tal caso, Reino Unido seguiría dentro de la Unión Europea.
Ya ocurrió en Rumanía en 2024, cuando el Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta de las elecciones presidenciales, ganadas por Calin Georgescu, un crítico de la OTAN y de la Unión Europea, con el mismo argumento de siempre: la supuesta injerencia rusa.
No obstante, lo mejor de la noticia viene luego, cuando los lectores se enteran de que el Primer Ministro británico no había dicho eso. Se había limitado a preguntar si había habido injerencias de Rusia en el referéndum.
Recibió una respuesta contundente: en efecto, así ocurrió, aunque nadie le proporcionó ninguna prueba de la injerencia rusa. A partir de ahí, Burnham lanza una parrafada, destacando que, lamentablemente, la población no está “suficientemente informada” sobre las injerencias en los procesos políticos desde el extranjero.
Por lo tanto, habría que ampliar aún más la ola de intoxicación sobre las manipulaciones rusas en terceros países, especialmente los europeos. “Los votantes en Alemania y Francia deben ser ayudados a entender que algunas de las políticas son instigadas por nuestros enemigos, a saber, Rusia”.
Toda esta basura hay que ponerla en relación con lo que dijo al día siguiente Neil Kinnock, un dirigente laborista que fue comisario en Bruselas: “Burnham nos llevará de nuevo a la Unión Europea”.
El Primer Ministro británico ha dejado abierta la reincorporación a la Unión Europea dentro del programa electoral laborista y ha prometido dedicarse a “preparar a la opinión pública” para ello, aunque eso suponga reforzar la campaña de intoxicación contra Rusia.
No lo va a tener fácil y no porque los rusos manejen los hilos. Algunos de sus colaboradores más cercanos se oponen a poner las relaciones con la Unión Europea en el centro de la estrategia del gobierno laborista. Cuando se enfrenten a Burnham es posible que les acusen de estar a sueldo de Moscú.
La interminable búsqueda de las injerencias rusas
En 2020 el Comité Parlamentario de Inteligencia y Seguridad publicó su informe sobre la injerencia rusa en el Brexit. No encontró ni rastro, aunque culpó al gobierno por no ordenar una evaluación de inteligencia sobre el tema. La respuesta fue que no habían encontrado evidencias de la injerencia probada y, por lo tanto, no había necesidad de solicitar una.
Ese mismo año, Elizabeth Denham, entonces Comisionada de Información, concluyó una investigación de tres años sobre el uso de datos personales en campañas políticas, incluso en el Brexit. Después de revisar más de 300.000 documentos y unos 700 terabytes de datos, concluyó que no había encontrado evidencias de la participación rusa en los datos recuperados de los servidores de las empresas.
Otro estudio realizado por el Instituto de Internet de Oxford examinó miles de mensajes publicados en Twitter antes del referéndum del Brexit y también encontró “algunos elementos” que demuestran la interferencia rusa, aunque, para ser honesto, Twitter reveló más tarde que el canal ruso RT gastó un total de 767 libras en publicidad durante el referéndum.
Facebook dijo que no había encontrado evidencia de publicidad rusa significativa en su plataforma, aunque las cuentas vinculadas a la Agencia de Investigación de Internet, una granja rusa de trolls, gastó 97 centavos en tres anuncios servidos a usuarios de Reino Unido (sobre inmigración, no sobre el Brexit) y generando un total de alrededor de 200 puntos de vista.
El propio ministro de Relaciones Exteriores de Burnham, Stephen Doughty, quien, cuando Sky News le preguntó sobre las afirmaciones de Burnham, dijo: “El ministro encargado de la seguridad ya ha hablado sobre esto, y ha dejado claro que [los rusos] han tratado de hacerlo [pero] que no han tenido éxito”.
Hay que comparar estos dispendios rusos con los más de 9 millones de libras de dinero público que ha gastado el gobierno británico en un folleto a favor de la Unión Europea distribuido en todos los hogares. A ello hay que sumar la campaña publicitaria de la Unión Europea, que financia a muchas universidades, centros de investigación y ONG para crear una casta de corifeos que defiendan sus políticas.