Desde Gaza: Carta abierta a Jean-Noël Barrot

9/05/2026 |
Desde Gaza: Carta abierta a Jean-Noël Barrot

Un familiar sostiene la mano de Yahya al-Malahi, de tres años, muerto en un ataque israelí, antes de su funeral. Ciudad de Gaza, 14/4/2026. Foto: Omar Al-Qattaa/ AFP.

La semana pasada reinicié mi diario de a bordo después de algunos problemas de salud. Os lo cuento porque dicen mucho, más allá de mi caso personal, sobre la situación de todos los habitantes de Gaza.

Sufrí un dolor en el ojo cuya causa no se pudo identificar. Aunque logré encontrar un oftalmólogo, éste no tenía los dispositivos necesarios para poder realizar el examen. También tuve un ataque de gota muy doloroso que me dejó en cama durante una buena semana. Esta afección puede parecer paradójica en un territorio sometido a desnutrición, pero no solo está relacionada con una alimentación demasiado rica. También es causada por el consumo excesivo de legumbres secas como las lentejas. Y las lentejas, para mí como para los demás habitantes de Gaza, son nuestro plato diario…

Un shock del que todavía no me he recuperado.

Durante este período de inacción, he pasado el tiempo viendo las noticias en mi teléfono móvil gracias a las pocas conexiones que aún funcionan. Vi un vídeo que me causó un shock del que todavía no me he recuperado. Escuché al jefe de la diplomacia francesa, Jean-Noël Barrot, citar el 9 de abril ante el Senado una conocida fórmula de Golda Meir, primera ministra israelí de 1969 a 1974: “Podemos perdonar a los árabes por haber matado a nuestros hijos. No podemos perdonarles por obligarnos a matar a sus hijos”. Para el Ministro de Asuntos Exteriores, esta frase absurda ilustra ¡“la ética humanista y universalista de Israel”!

Tanto me sorprendió que salté de la cama, a pesar del dolor. Pensé que había entendido mal. Busqué el vídeo completo, lo vi varias veces para comprobar si esta parte del discurso no había sido eliminada de su contexto. Se me saltaron las lágrimas a los ojos de pura desesperación cuando me di cuenta de que Barrot, subrayando cada sílaba para mostrar su convicción, oponía el “humanismo” de Golda Meir a la reciente ley israelí que imponía la pena de muerte solo para las y los palestinos. Si seguimos al ministro, los israelíes no tienen derecho a colgar a la gente, pero pueden matar niños y niñas. Porque están obligados a hacerlo. Le dije a Sabah, mi esposa: «¿Crees que al quedarnos en Gaza, obligamos a los israelíes a matar a nuestros hijos?”. Ella me miró con ojos como platos. Le expliqué lo que pasaba, pero seguía sin querer creer que un ministro francés pudiera haber dicho algo así.

Así que decidí enviar una carta abierta a Jean-Noël Barrot.

Señor ministro,

Usted es la voz de Francia. Y nosotras y nosotros, los palestinos, no entendemos que Francia nos insulte. ¿Entiende siquiera lo que significaba esta cita? ¿Entiende que resume el espíritu colonial en pocas palabras?

Golda Meir dijo al mundo que las verdaderas víctimas de las masacres cometidas desde 1948 no eran los muertos, incluidos los niños muertos, sino quienes los habían matado. Justificó así la ocupación y la colonización. Según ella, “los árabes” -ya que ella negaba la existencia de un pueblo palestino- debían aceptar ser colonizados, por lo que no sería necesario matarlos a ellos, así como a sus hijos.

Al exhumar estas palabras de hace más de cincuenta años, Usted justifica la ocupación actual. Ésta no deja de extenderse, en Cisjordania, Gaza y parte del Líbano y Siria. Usted valida las masacres que continúan sin descanso. Y nos dice que debemos ser víctimas amables, animales dóciles, ovejas que hay derecho a encerrar detrás de muros. Y si nos movemos, es normal matar a nuestros hijos. Los asesinos representan una humanidad superior, a la que no tenemos acceso: son capaces de “perdonarnos por haber matado a sus hijos” y están tristes por tener que matar a los nuestros.

Que yo sepa, el Presidente de la República no ha reaccionado a sus palabras, lo que equivale a validarlas. Aparentemente, para el jefe de Estado, cualquier palabra de apoyo a Israel está permitida, incluso la más extrema. Qué contraste con la reacción de un ex presidente francés a las palabras de su primer ministro, que estaban lejos de alcanzar el grado de absurdo de las suyas. En 1999, lo recuerdo muy bien, Jacques Chirac había enmarcado severamente a su primer ministro de cohabitación, Lionel Jospin, quien durante una visita a Israel y Palestina, había llamado a Hezbolá»terrorista», oponiéndose así frontalmente a un acuerdo en el que Francia participaba /1. Al día siguiente, en la Universidad de Birzeit en Ramala, Jospin tuvo que huir lastimosamente de las pedradas de los estudiantes. Tan pronto como regresó a París, se le ordenó que llamara al presidente antes de la mañana siguiente, para que éste le echara una bronca.

Jacques Chirac no había soportado esta escena humillante para la diplomacia francesa. Hoy en día, Emmanuel Macron no se conmueve de que Vd. la ridiculice públicamente, retomando los eslóganes más desgastados de la propaganda sionista. Pero su actuación ante el Senado no solo fue risible. Usted ha normalizado la narrativa israelí que afirma que su ejército solo se «defiende» agrediendo a Palestina, Líbano, Siria e Irán. Las víctimas, dicen los israelíes, somos nosotros. Todo el mundo quiere matarnos, por lo que tenemos derecho a matar a todos en Cisjordania, Gaza y en cualquier otro lugar. Niñas y niños incluidos.

Como Vd es un amante de las citas de Golda Meir, seguramente conoce el resto de la frase citada: “No tendremos paz con los árabes, solo la tendremos cuando amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”.

Le voy a hacer una revelación: amamos a nuestros hijos. Protegemos a nuestros hijos con nuestras manos desnudas, tememos por nuestros hijos, pero la ocupación les priva incluso de lo que debería ser más simple y básico: una infancia normal. ¿No ha visto Vd. lo que ha pasado durante el genocidio en Gaza? ¿Cuántos niños y niñas murieron destrozados por las bombas, enterrados en los bombardeos de casas que albergaban familias enteras, a menudo solo mujeres y niños? ¿Sabe Vd que desde el llamado “alto el fuego” de octubre de 2025, más de cien niños han sido asesinados por Israel en la Franja de Gaza? ¿Cree que los palestinos hemos “obligado” al ejército israelí a asesinarlos? ¿Cree que los colonos que, en 2015, quemaron vivo con sus padres al pequeño Ali Dawabcheh -un bebé de 18 meses- en Duma, Cisjordania, fueron «obligados» a incendiar su casa? ¿Cree que los palestinos “obligaron” al ejército israelí a acribillar a balazos en Gaza en enero de 2024 a la pequeña Hind Rajab, de 6 años, que había pedido ayuda durante tres horas, atrapada en un coche en medio de los cadáveres de su familia? ¿Cree que el 21 de abril de 2026, los habitantes de Al-Mughaïr, en Cisjordania, “obligaron” a un reservista del ejército israelí a disparar en la cabeza a Hamdi Al-Nassan, de 14 años, frente a su escuela? ¿Sabe que hay 350 menores en las cárceles israelíes, según las organizaciones de defensa de los presos?

Nuestros hijos e hijas no encuentran comida porque hay un bloqueo en Gaza. Nacieron en tiendas de campaña porque los israelíes nos trasladaron varias veces y destruyeron nuestras casas. Nuestros hijos nacen y crecen en el sufrimiento. A menudo tienen que pasar barreras humillantes para ir a la escuela. No tienen futuro porque en Cisjordania y Jerusalén Este se les prohibirá construir una casa. Y en Gaza, ya no hay casas. En Cisjordania, los niños son golpeados y a veces asesinados por milicias de colonos fanáticos protegidos por el ejército. Nuestros hijos son flores. Flores frágiles que crecen en una tierra regada con lágrimas y recuerdos. Intentamos protegerles como podemos, con las manos desnudas frente a tanques, aviones de combate, bombas, drones, francotiradores y colonos armados hasta los dientes. Es la ocupación la que arranca nuestras flores una por una para apropiarse de todo el jardín.

Señor ministro,

No podemos proteger a nuestros hijos e hijas. Las y los israelíes los asesinan. No porque se les haya obligado, como su total falta de reflexión le hace creer. Sino porque saben que estos niños, si los dejan crecer, se convertirán en defensores de Palestina. Infórmese sobre el número de menores asesinados por Israel desde 1948 hasta nuestros días, en Palestina, en Líbano. Y finalmente entienda que estos asesinatos se derivan de una visión colonial. Tres semanas después, todavía estoy hundido por sus palabras. Todavía sigo sin poder entender cómo pudo arrastrar a la diplomacia francesa a este desastre. Para nosotros, los palestinos, Francia era un representante eminente del respeto del derecho internacional y de los valores humanos. Esto es lo que aprendí cuando estudiaba en Francia: la vida humana es central. Al parecer, todo esto ha terminado. En Gaza, mucha gente está al tanto. Su vídeo circula por las redes sociales. Mis amigos, que saben que conozco bien Francia, hasta el punto de verme a veces como el representante de su país en Gaza, siguen preguntándome: «¿Pero qué está pasando? ¿Cómo puede Francia decir cosas así?”.

Usted, señor ministro, como el mundo entero, puede saber lo que está pasando en Palestina. Las imágenes circulan en bucle en las redes sociales. Todo el mundo puede ver la colonización con sus propios ojos, pero aparentemente hay personas que no tienen los ojos limpios. Todo el mundo puede escuchar con sus propios oídos los llamamientos a la anexión de los líderes israelíes, pero aparentemente hay personas que no tienen sus oídos limpios.

Señor ministro, todavía puede, en su país, escuchar los testimonios de los franceses que se defendieron durante la última guerra. Y que no obligaron a nadie a matar niños franceses. Pero tal vez no sepa lo que es una ocupación. Es lo peor. La ocupación no necesita justificación, no necesita pretexto. La ocupación significa masacres, crímenes, asesinatos y matar a los niños antes que a los adultos para evitar el futuro.

No sé si tiene hijos. Tengo dos hijos. He estado tratando de protegerlos de las masacres israelíes desde su primer día. Tienen suerte, están entre los supervivientes de este genocidio. Todavía están vivos, pero nunca se sabe.

La ocupación genera resistencia. La resistencia militar es legítima. Lo sabe bien, y lo ha demostrado recientemente. Cuando le escuché, el 20 de abril, anunciar el apoyo de Francia a un tribunal internacional, pensé por un momento que estaba hablando de Gaza. Este tribunal, dijo, debería juzgar “las masacres, las deportaciones de niños, los ataques a civiles, el asesinato de periodistas y todos los crímenes de guerra, pero también la planificación y la implementación de esta guerra de agresión colonial, injustificable e injustificada”. Ah no, estaba hablando de Rusia.

Su humanidad tiene un color, el blanco, y una geografía, Europa.

Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI desde el 28 de febrero de 2024. En viento sur hemos publicado algunas de sus crónicas.

4/5/2026

Orientxxi

Traducción: Faustino Eguberri