
Un proverbio somalí lo dice sin rodeos: «El hacha no puede talar el árbol si su mango no fue tallado por ella.» Esta imagen poética resume muy bien lo que está ocurriendo con SADDAXLEY, el Pabellón Nacional de Somalia en la Bienal de Venecia 2026: una estructura que se presenta como representación de la cultura somalí, pero que fue construida prescindiendo de las propias manos somalís.

A finales de marzo, trabajadoras y trabajadores del arte somalí comenzaron a protestar de forma privada ante una noticia que no podían ignorar: Fabio Scrivanti, un hombre italiano blanco, sería co-curador del Pabellón de Somalia. La decisión llegaba acompañada de otra igualmente grave: ni una sola artista ni trabajadora cultural de las regiones somalís —ni quienes han desarrollado su práctica artística en el territorio— fue convocada a participar.
Los organizadores ignoraron las peticiones privadas de diálogo. Fue entonces cuando Warbixinta Cidda, un colectivo queer somalí de ayuda mutua y artes, se vio empujado a hacer pública su denuncia. Sus preguntas eran sencillas y devastadoras: ¿Por qué un italiano cura una exposición sobre nuestra cultura y tradición oral? ¿Por qué los artistas que trabajan en casa quedan excluidos del pabellón?
La respuesta de los organizadores no fue el diálogo. Fue la demonización. Aprovecharon la identidad queer del colectivo para intentar desacreditarlo, reproduciendo y reforzando la violencia colonial que decían querer representar.
Paralelamente, una alianza de artistas con base en las regiones somalís —entre ellas organizaciones como Somalia Art Foundation (SAF), Shineemo Banaadir, Arlo Artspace y Biciid Center for Culture and Nature— publicó una declaración pública criticando el pabellón. La reacción de los organizadores fue de intimidación: la SAF denunció que artistas locales habían sido presionadas para retirar su declaración y emitir disculpas oficiales.
Desde Afroféminas, este tipo de colonialismo cultural institucionalizado no nos sorprende, aunque no deja de indignarnos. Ya lo documentamos al analizar la Bienal de Venecia 2024: los grandes foros del arte global continúan operando desde lógicas extractivas que celebran las culturas del Sur mientras las despojan de su autoridad de representación.
La organización African Feminism ha impulsado una carta abierta firmada por decenas de trabajadoras del arte —entre ellas voces como Chanda Prescod-Weinstein, Robin D.G. Kelley, Christina Sharpe, Maaza Mengiste y Dionne Brand— que exige:
- Que el equipo organizador responda públicamente a las críticas, incluyendo al curador Mohamed Mire, al comisario Abdirahman Yusuf y a los asesores culturales.
- La retirada de Fabio Scrivanti como co-curador.
- El cese inmediato de las presiones e intimidaciones a quienes se han manifestado.
- Que se deje de usar retórica anti-LGBT para silenciar al colectivo Warbixinta Cidda.
- Que las artistas expositoras —Warsan Shire, Ayan Farah y Asmaa Jama— se pronuncien públicamente y aclaren su nivel de conocimiento sobre la conducta de los organizadores.
Si estas demandas no son atendidas, se convoca al boicot del Pabellón de Somalia.
La carta también señala algo que trasciende este caso concreto: la connivencia de la dirección de la Bienal de Venecia —encabezada por Pietrangelo Buttafuoco— con el borrado de Palestina, la normalización del genocidio, la violación de la visión curatorial de Koyo Kouoh y el trato aberrante a la artista sudafricana Gabrielle Goliath. Una denuncia que conecta directamente con el posicionamiento que feministas africanas han sostenido en solidaridad con Palestina.
Es el deber moral del artista no guardar silencio. Debemos desviar nuestra atención de las instituciones elitistas que se sustentan en prácticas extractivas y excluyentes, y concebir otras formas de producción cultural que no dependan de la validación occidental. La cultura somalí no necesita un hombre blanco italiano para ser nombrada.
Puedes firmar la carta abierta aquí.
Redacción Afroféminas
