

@CongoActual 11/03/26
El 4 de diciembre no solo se firmó en Washington el refrendo de un acuerdo de paz entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda -que ha servido de poco-, mediando el propio Donald Trump sino que, aparte, el Congo y EEUU firmaban un acuerdo estratégico que ponía en manos norteamericanas buena parte de lo mejor de las reservas minerales congoleñas, convertía a la RDC en «socio estratégico» del gigante norteamericano y pegaba un volantazo a un conflicto de décadas. Aquí explicamos de qué se trata y lo que puede implicar.
En abril de 2019, el entonces embajador norteamericano en
Kinshasa, Mike Hammer, declaraba:
El gran problema en el Congo es la corrupción. No habrá inversión estadounidense en este país debido a la inseguridad y la corrupción. La mayoría de las empresas estadounidenses se han ido de la RDC debido a la corrupción y la inseguridad. Y es una pena, porque hay oportunidades.
Tres años antes,
Freeport-McMoRan, empresa minera de
EEUU, que
el año pasado ganó casi veinticinco mil millones de dólares, vendía su participación del
56% en
la segunda mayor mina de cobre del
Congo y
la octava del mundo,
Tenke Fungurume, y lo hacía a una empresa china,
CMOC. En
2020, de nuevo se desprendía de su participación, esta vez de un proyecto minero de cobre y cobalto, también en favor de
CMOC. En definitiva, las empresas mineras norteamericanas dejaban la
RDC y, en muchos casos, como los anteriores, en favor de empresas chinas que explotarían lo que ahora se conoce como minerales estratégicos, fundamentales
para que el mundo avance… y para dominarlo. Obviamente esto no impedía que la economía y la sociedad norteamericana
consumiera minerales congoleños,
«minerales de conflicto» en cuanto procedían de zonas en guerra.