

Semana interesante, desde luego: Julian Assange en libertad (con concesiones importantes a los hacedores del estercolero; los escarabajos peloteros que viven en la mierda mediática casi mudos); golpe de Estado en Bolivia (sospechoso, cuando menos); la sonda Chang’e 6 de vuelta a casa con muestras de suelo de la cara oculta de la luna (y no es Pink Floyd), la nueva revuelta anticolonial en Nueva Caledonia y, para mí lo más importante de todo, la declaración del Ministerio de Defensa ruso sobre los drones occidentales en el Mar Negro.
Entendiendo la actitud de Assange y todo su sufrimiento (con la muestra, por si hacía falta, de lo que Occidente entiende por «libertad de expresión» y sus tonterías habituales como los «valores»), el golpe en Bolivia solo se puede entender o como otro intento más o como una farsa. Un golpe más porque se produce justo cuando Bolivia acude al Foro de San Petersburgo en Rusia, donde defiende la inclusión en los BRICS, la desdolarización, el acuerdo en monedas nacionales con Rusia y donde habla de la industria del litio y del acuerdo firmado con China para ello. Una farsa porque era la comidilla social en Bolivia, denunciado incluso por Evo Morales con días de antelación, y sin que el poder hiciese ningún movimiento para evitarlo.




















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