

El lunes, un psicópata y fanático (no hay nadie más fanáticos anti-rusos que Los Verdes alemanes), el vicecanciller y ministro de Economía, reconoció que en Alemania «existe una caída en el nivel de vida, lo que está produciendo un aumento de las tensiones sociales» y que una de las causas de ello es la amenaza de desindustrialización que se cierne sobre el país desde que decidió ser uno de los vasallos más dóciles de EEUU y ponerse del lado de los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania. Una de las consecuencias de esa caída del nivel de vida y del aumento de las tensiones sociales son los despidos masivos que está habiendo, sobre todo en la crucial industria automovilística.









