

Hace unos días tuve una conversación que, aunque parecía sencilla, terminó recordándome por qué sigo haciendo activismo después de tantos años.
Estaba platicando con mis amigos Abdul y Alexis. Abdul nació en Togo. Alexis en Guinea. Dos hombres africanos que hoy viven en Ciudad Juárez y que, curiosamente, nunca se habían conocido.
Mientras hablábamos les pregunté cómo se sentían viviendo aquí.
Abdul me contó que lleva un año y ocho meses en la ciudad. Trabaja, hace su vida, pero prácticamente solo se mueve por la zona centro. Ahí aprendió a sentirse seguro. Es el espacio que conoce y donde sabe cómo desenvolverse.
Alexis, en cambio, lleva cuatro años en Juárez. Ha recorrido mucho más la ciudad y, desafortunadamente, también ha conocido otra cara de ella.









