
Francisco Javier Rodríguez Amorín*

—¿Por qué el silencio?
—En silencio se rumia el rencor.
—¿Por qué el rencor?
—Porque nos dejarán solos, cuando necesitaremos
la cercanía, la comprensión y el cariño.
—Acaso seré yo…
Un rumor se escucha sobre las butacas
que se apaga cuando cae el telón.
Empieza el segundo acto.
Soy terriblemente egoísta,
te necesito a mi lado para ser feliz.
En un mundo con dos soles verdes en el horizonte,
tienes la sonrisa triste de bienvenida.
Sobre una cama de caricias y cuidados nos tendemos a descansar,
los huesos duelen y las fuerzas no se encuentran,
cuando son útiles.
Interludio en la terraza virtual.
Yo no soy nadie,
me dijo,
solo una niña pequeña jugando en la terraza.



