MPR21 Redacción 14/07/26

Trump ha llamado al primer ministro irakí, Ali Al Zaidi, a Washington para una reunión o, más bien, para recordarle sus obligaciones: en 2003 invadieron Irak -entre otras cosas- para que el gobierno de Bagdad no dejara campar a sus anchas a las fuerzas proiraníes. Su papel es el mismo que el del gobierno de Beirut hacia Hazbollah.
La renovada escalada militar entre Estados Unidos e Irán ha puesto al gobierno de Bagdad entre la espada y la pared. Irak vuelve a 1979, cuando la revolución en el país vecino le obligó a Saddam Hussein a relizar el trabajo sucio: iniciar una guerra contra ellos. El tiro salió por la culata y ahora el problema se ha duplicado: además de los iraníes están los proiraníes.
Zaidi llegó ayer a Washington para su primera visita internacional desde que asumió el cargo, un viaje de una semana durante el cual se reunirá con Trump, dirigentes estadounidenses y representantes de empresas petroleras multinacionales.
El primer ministro es un empresario que llegó al gobierno este año con la bendición de Estados Unidos, después de que Trump vetara a otro candidato que no era de su gusto. Prometió impulsar la economía de Irak y desarmar a los movimientos proiraníes, que durante la guerra iniciada en febrero atacaron las instalaciones estadounidenses.
En un artículo de opinión en el Washington Post antes de su visita, Zaidi escribió que encabeza “un gobierno comprometido a garantizar que el Estado posea el monopolio legítimo sobre el uso de la fuerza”. Su gobierno ha dado a los movimientos armados, que Washington designa como organizaciones terroristas, hasta el 30 de septiembre para desarmarse, coincidiendo con el final de la misión de la coalición imperialista que invadió el país en 2003 y aún no se ha marchado, excepto España, que en marzo retiró sus tropas.
Un político irakí dijo que aunque el gobierno actual adopte un camino más amistoso hacia Estados Unidos, priorizando la economía, eso “no significa que Irak se esté volviendo contra Irán”. Irak “debe mantener el equilibrio entre sus aliados”, añadió.
La semana pasada, las ciudades sagradas de Irak, los santuarios de los chiítas, organizaron una procesión fúnebre masiva por el difunto dirigente supremo de Irán, Ali Jamenei, asesinado en la agresión de febrero contra Teherán.
La imposible tarea de un lacayo
El gobierno irakí cree que mantener el monopolio de las armas es una necesidad para atraer inversiones. En su artículo de opinión, Zaidi decía que la postura de Irak es diferente de las alineaciones y conflictos regionales. Ellos han “elegido el camino del desarrollo económico”. Queda por saber si sus amos les dejan.
En una muestra de apoyo, Estados Unidos ha reanudado los envíos en efectivo de los ingresos petroleros de Irak, que desde 2003 se han manejado desde el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. No hace falta de decir que, como en todas las agresiones imperialistas, en 2003 el ejército de Estados Unidos empezó por apoderarse del dinero.
Washington había suspendido los pagos a principios de este año para presionar a Bagdad para que desarmara a los movimientos armados proiraníes. Mientras algunos grupos armados prometieron cooperar con Zaidi, otros se mantendrán firmes en su negativa a desarmarse.
Desde 2003 los movimientos proiraníes de Irak han visto aumentar su influencia política y económica, y han pedido durante mucho tiempo la retirada de las tropas estadounidenses desplegadas dentro de la coalición imperialista. Durante la guerra de Oriente Medio, intervinieron en apoyo de Teherán, atacando instalaciones estadounidenses en Irak más de 600 veces.
Lo más probable es que algunas organizaciones no se desarmen mientras haya una guerra de agresión en la región. La semana pasada, la Resistencia Islámica de Irak, una alianza de diversas organizaciones armadas que defienden a Irán, dijo que se oponía a la visita de Zaidi a Washington.
Las organizaciones dijeron que fortalecerán sus fuerzas y advirtieron contra reemplazar la ocupación militar por una forma aún más peligrosa de ocupación económica.
En fin, lo mismo que en Líbano, en Irak no podrán desarmar a las milicias proiraníes sin desatar una guerra civil.