El Sudamericano Rafael Magdiel Sánchez Quiroz 22/10/26
Cuba: el legado revolucionario y los dilemas de la izquierda y las fuerzas progresistas en América Latina. Casa de las Américas | 2018, pp. 251-287.
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“Ir más allá de lo posible es el sello de la revolución socialista”
Fernando Martínez Heredia
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Hace cien años en la Rusia zarista estalló un movimiento que sacudió por entero los cimientos de las sociedades modernas y con el nombre del socialismo abrió una puerta a lo que parecía imposible. Cincuenta años después, cayó en combate Ernesto Guevara de La Serna, combatiente internacionalista argentino-cubano que había sido una de las figuras más destacadas de la revolución que en Cuba logró una hazaña hasta entonces impensable: hacer una revolución socialista en el entonces llamado Tercer Mundo.
Pareciera una distancia inmensa la que nos separa de aquella época: un capítulo cerrado de las sociedades que hoy caminan por otro rumbo. Tras los golpes fuertes que han sufrido los gobiernos populares en América Latina ganan peso la desilusión, el “realismo” y los análisis que tratan de explicar, a partir de algún tipo de determinación temporal –ciclos– el punto en que estos están o al que finalmente deberán llegar. El socialismo parece un asunto del pasado, cuando tiene suerte ¿Por qué dejar de pensar en el socialismo? ¿Acaso la única opción ante lo que se vive es el pesimismo, la resignación y la derrota? ¿Por qué el pensamiento social no puede atreverse por voluntad de quienes lo elaboran a reflexionar de nueva cuenta en la superación del sistema dominante? ¿Por qué olvidamos que esos movimientos que a posteriori fueron definidos como las grandes hazañas históricas, sucesos en los que “cumplieron las leyes de la historia”, antes de serlo, eran a todas luces inviables?
Fuera de tiempo y a su vez de este tiempo. Ausencia y presencia. El socialismo reclama su actualidad por la voluntad de quienes quieren realizarlo, no por ser producto de alguna crisis del sistema al que se enfrenta. El socialismo puede realizarse por la necesidad de crear algo nuevo, por las voluntades que puede despertar un movimiento histórico que impugne las dominaciones, no por apelar al regreso de un pasado. Demanda ser discutido, ponerse en el espacio de los debates políticos y académicos que ya desde hace tiempo le han expulsado. Reclama dejar su ausencia para ser presencia. Por ende, debe mirar a Cuba, donde ha logrado ser presente, vivencia, apuesta de futuro y proyecto.
El presente ensayo se concentra en hacer un ejercicio de reflexión en torno al socialismo desde el pensamiento de Fernando Martínez Heredia (FMH, en adelante) como un esfuerzo por traer de vuelta al debate político y social este gran tema. Transición socialista es el concepto que desarrolló este intelectual cubano para tratar la actualidad de este movimiento en el contexto latinoamericano.
Pensar y hacer la revolución constituye, como síntesis, el caminar de FMH. En esa unidad se entreteje su práctica política local e internacionalista, su estudio y trabajo teórico individual y colectivo, su apuesta por un marxismo original y su recuperación de la tradición socialista latinoamericana, a contracorriente de los planteamientos del marxismo-leninismo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del pensamiento socialista de matriz europeo. En distintos momentos de su vida, de acuerdo a los problemas que enfrentó la Revolución, tuvo desarrollos diversos, complementarios y no contradictorios. Variaron sus insistencias, énfasis, puntos de debate y contextos. Partía de un horizonte histórico común y de un desafío que se sostiene vigente.
En la vida de FMH podemos ubicar un primer momento en sus años de combate en que la enunciación del socialismo se hace desde una práctica que iba afinando su radicalidad; en ella las nociones de socialismo existían, pero no de modo deliberado, sino a partir de los materiales que le daban cuerpo a la militancia del Movimiento 26 de Julio y de los horizontes que abría la guerra. Un segundo momento corresponde al del triunfo y primeros años de la Revolución en el que el socialismo empieza a ser pensado desde las tareas de un nuevo gobierno y un movimiento que empieza a hacer realidad lo que parecía imposible. Un tercer momento es el del Departamento de Filosofía, en el que las experiencias previas, el estudio, los intercambios y la acción se conjugaron en una reflexión de la que la revista “Pensamiento Crítico” será la expresión más conocida. Luego vienen los años setenta, un cuarto momento sumamente difícil, en el que piensa el socialismo desde sus tensiones entre ideales y racionalidad, así como las relaciones entre poder y el proyecto; momento en que su labor internacionalista le permite pensar en otras formas culturales que sirven como potencia y obstáculo para pensar el socialismo –principalmente desde la experiencia nicaragüense. Su ofensiva mayor viene con la publicación de su primer libro “Desafíos del socialismo cubano” (1988), con el que entra de manera más fuerte y explícita en el debate, y desde ahí continuará hasta su muerte, acaecida el 12 de junio de 2017, en lo que puede considerarse el quinto y último momento.
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I.– EN TORNO A LA REVOLUCIÓN
Antes de exponer la concepción de socialismo de FMH y la propuesta de pensarlo como transición socialista de liberación nacional, presentamos los elementos más significativos sobre qué es revolución. Socialismo y revolución resultan indisociables. Hacer esto explícito responde a que comúnmente se concibe a la revolución como el precedente de la instauración de un nuevo régimen, el socialismo suele concebirse como un producto de ella que incluso puede negarla y, por ende, hasta se llega a contraponer lo que es una unidad, como dos formas distintas de comprender un cambio social.
La revolución como fuerza. En las revoluciones ocurren enormes liberaciones de fuerzas. Para romper la inercia de lo existente, para superar lo que aparece como estático es imprescindible que se conjuguen fuerzas extraordinarias, mismas que no viene de un lugar ajeno, sino de la acción de a quienes se les había castrado ese poder y cuyas fuerzas se limitaban a la reproducción de lo existente. Este elemento es fundamental en la comprensión –posible tautología, necesaria explicación– en tanto las revoluciones han quedado ausentes del debate y el estudio. Revolución como fuerza, más precisamente, como liberaciones de fuerzas, significa la ruptura de los equilibrios en las relaciones sociales. Alteración que lleva a que quienes dominan no puedan hacerlo y que las fuerzas que se activan, por tanto, posibiliten a los sujetos sociales actuar de modo distinto al establecido.
La revolución como victorias sobre lo posible. Las revoluciones son desafiantes, impredecibles. En el terreno de lo que aparece como real, como posible, aparecen como inviables cuando no como errores. Resultan ser increíbles, tanto para quienes luchan y para quienes las enfrentan. Rompen el marco de lo existente, lo alteran y producen un nuevo horizonte de posibilidad. “Parece un axioma que las revoluciones no son posibles en esta época. En realidad, las revoluciones siempre son victorias contra lo posible”1.
La revolución como proceso incesante. Ligado a su imposibilidad, reclama para quienes se proponen desatarla, no renunciar e ir más allá de los fracasos que se tendrán. Las revoluciones se dan a través de procesos incesantes y apuestas a la victoria ante las derrotas. No concebirlas así lleva al falso entendimiento de su imposibilidad ante el primer obstáculo. Porque, para lograr triunfar es indispensable desmontar una estructura tremenda que se ha conformado para mostrar estáticas, rígidas y naturales las relaciones sociales históricas. Esfuerzos, pérdidas y perseverancia hacen que las revoluciones no sean monolíticas, que no sean sucesión de victorias en el curso de la marcha hacia el futuro luminoso2, sino procesos complejos y contradictorios que para triunfar deben subvertir y negar el orden vigente, demoler sus instituciones y desvalorizar sus símbolos; promover el carácter libertario e implantar disciplinas férreas; hacer de la unidad un valor superior; ser muy desafiantes y llegar a ser respetables; y en consecuencia, construir un nuevo orden3.
La revolución como unificación. La concurrencia de fuerzas en un proceso que impacta a la sociedad conlleva y supone una alteración de las personas. Las conmociona, moviliza, rompe la indiferencia y pasividad. Las personas, nacidas y vivientes de una diversidad que les conforma, nos son homogéneas. Su concurrencia en la lucha, sin embargo, les lleva a unificar sus diversidades. “Se crea un medio cultural nuevo, a partir de la combinación de los elementos que existían […] y de la nueva realidad y el nuevo régimen creados.”4 Esto ocurre porque la subversión de lo real reclama el movimiento de la gente, una nueva actitud ante la vida, la comprensión y enunciación del dinamismo en lo que aparecía como estático. Los significados culturales de los pueblos se alteran. En el dinamismo de la revolución, los nuevos significados se hacen comunes.
La revolución como acción consciente. Las revoluciones no responden a las estructuras económicas, sino a la actividad consciente de las personas que las emprenden y de los millones que se involucran en ellas. Lo consciente posibilita que una revolución se sostenga, que vaya más allá de lo alcanzado. En este punto recupera la visión del Che, dice: la “ley de la revolución” es “la necesidad de actuar de manera consciente y organizada para crear nuevas realidades”5.
La revolución como verdad. “La verdad será imprescindible, y el arma más útil: la verdad siempre es revolucionaria”6. Los procesos revolucionarios, desafiantes de lo posible, son procesos sociales que evidencian el movimiento de lo social, los movimientos históricos, el papel de lo subjetivo en la producción y reproducción del mundo. Son formas en que lo que aparecía como rígido se quiebra, en que lo sólido se desvanece en el aire –como enuncia el Manifiesto Comunista (Marx y Engels, 1998). Por tanto, el mundo de lo aparente se evidencia y el papel de lo verdadero emerge. En la época en que el discurso sobre la pos verdad domina, como una reedición de la propaganda goobeliana, negarse a prescindir de lo verdadero y defenderlo es muy importante para desmontar la dominación.
Son hechas por la gente humilde. En ellas, los pueblos son decisivos7. Las personas más humildes, que componen los pueblos “las sienten vehículos suyos, les brindan su acción, su sangre y sus capacidades, su tranquilidad y lo poco material que tienen; les incorporan sus concepciones del mundo y de la vida, sus formas culturales, y les encomiendan realizar sus demandas y sus sueños”8. En tanto plantean la liberación total, para ser, requieren de la gente que aspire a dicha libertad. En el concepto de revolución de FMH, las masas más humildes no son objetos de maniobra ni actuantes según pugnas políticas de las que son ajenos, sino conjuntos de individuos que se movilizan en función de sus voluntades, y al hacerlo trascienden la mera suma de personalidades, por lo que tienen capacidad para determinar la historia.
La revolución como liberación total. Este es el elemento más profundo de la revolución a la que se refiere el autor. No habla de las revoluciones en general, ni lo utiliza como una palabra que pueda referirse a cualquier cambio brusco en cualquier espacio de la vida. La revolución, es, para FMH, la hazaña histórica que se emprende para acabar con todas las dominaciones, superar el capitalismo y caminar hacia la liberación total. No es producto del agotamiento de un régimen, consecuencia de un estadio de desarrollo, ni el cumplimiento de tareas predefinidas por la historia. Las revoluciones comprendidas como las luchas por acabar con todas las dominaciones y para alcanzar la liberación total, resultan ser las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro9.
Por ello mismo, este tipo de revolución, que FMH llama grandes revoluciones, nunca alcanzan sus objetivos finales:
“Son tan desmesuradas y ambiciosas respecto a sus circunstancias que la trayectoria efectiva de cada una de ellas se agota en el piélago formado por la sobrevivencia y la resistencia de una parte del mundo que parecían haber derribado, y también por los obstáculos que la propia revolución va levantando en el curso de sus prácticas”10.
Las revoluciones en el sentido radical que les da FMH suponen procesos históricos largos. Las tensiones entre su realización, base y proceso nacional entran en relación con el escenario mundial y los procesos que las enfrentan. El proceso histórico cubano, el estudio de las revoluciones y de los regímenes que de ellas emanan, le llevan a plantear las tensiones que se juegan en las revoluciones entre profundizarse o convertirse en pos revoluciones. Las revoluciones luego de sus triunfos y de trazar horizontes sumamente ambiciosos, se enfrentan a otros tiempos en que “ganan terreno formas diversas de desgaste, manipulación, dominación, de cristalización de diferenciaciones sociales y, poder de grupos, de reacción, de desilusión, reacomodos y olvido”11. Dinámicas que se dan, por una parte, por los enemigos de ella, como también por los logros que logran imponer en un periodo que trasciende las vidas individuales, como en el caso cubano, en lo antes fueron concebidos como conquistas, a través de su permanencia en el tiempo, llegan a ser percibidos por las nuevas generaciones, como cuestiones “naturales”, que han existido siempre.
Así, el autor va a expresar que una vez que las revoluciones logran romper con lo posible van a entrar en un nuevo núcleo de confrontaciones en las que tienen que seguir revolucionando la sociedad y hacer que lo posible sea violentado de modo sucesivo. Tienen que vencer, en suma, la posibilidad de frenarse, estancarse, esto es, de entrar en un estadio pos revolucionario. De modo claro, el autor expone en un texto, en el que además plantea las tensiones actuales del proceso cubano, la distinción entre revolución y posrevolución. Dice:
“En las posrevoluciones se retrocede […] Los abandonos, las concesiones, las divisiones y la ruptura de los pactos con las mayorías preludian una nueva época en la que se organiza y se afinca una nueva dominación, aunque ella se ve obligada a reconocer una parte de las conquistas de la época anterior. Las revoluciones, por el contrario, combinan iniciativas audaces y saltos hacia adelante con salidas laterales, paciencia y abnegación con heroísmo sin par, astucias tácticas con ofensivas incontenibles que desatan las cualidades y las capacidades de la gente común y crean nuevas realidades y nuevos proyectos”12.
Las revoluciones de las que habló FMH son aquellas que desde sus condiciones y circunstancias se plantean el objetivo más radical “la revolución mundial y la liberación total”13. Que no pueden proponerse menos que el socialismo y la liberación nacional como un único proceso14.
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II.– EN TORNO AL SOCIALISMO Y LA LIBERACIÓN NACIONAL
El concepto central con el que trabaja FMH, cuando se refiere al socialismo, es el de la transición socialista. Antes de adentrarnos en el concepto en su conjunto vamos a exponer algunas ideas sobre socialismo y liberación nacional, bajo el entendido de que no son partes que se suman, sino un bloque unitario. Recurrimos a su exposición por separado sólo por cuestiones de análisis y exposición.
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II. 1.– EL CONCEPTO DE SOCIALISMO
En su origen histórico, FMH ubica el surgimiento de la noción de socialismo en el siglo XIX a partir de referencias a ideas diversas de igualdad, justicia social y gobierno del pueblo. Ideas, propuestas y movimientos contra los regímenes políticos y más en general contra el capitalismo. Se concentraba en la confianza en un nuevo sujeto histórico, el proletariado paneruopeo. Permeados por nociones burguesas como progreso y civilización, se concebía al socialismo como la realización de la racionalidad moderna15. Expresiones que, en su mayoría, se adecuaron a la hegemonía capitalista.
Socialismo resulta una noción más inclusiva que comunismo, lo que ha facilitado que se piense desde ella un arco muy amplio de situaciones y posibilidades no capitalistas16. En términos generales, existen dos corrientes socialistas: Una fundada o influida por la Internacional Comunista y sus sucesores; la otra, por pensadores y organizaciones muy diversas entre sí, pero identificables por su inspiración en los problemas, las identidades y las situaciones del Tercer Mundo, que han debido ser antimperialistas para lograr ser anticapitalistas y socialistas17.
Para comprender qué es el socialismo es necesario comprender las diferencias entre sus propuestas y deber ser –por una parte–, y las formas concretas en que ha existido en determinados países y regiones. Las ideas, ideales y proyectos “brindan las metas que inspiran a sus seguidores” mientras que las experiencias son “la materia misma de la lucha y la esperanza; mediante ellas avanza o no el socialismo, y por ellas suele ser medido”. En cuanto a los elementos necesarios para comprender el socialismo también diferencia entre las cuestiones internas y externas del proceso: las primeras corresponden a las relaciones entre el poder existente y el proyecto enunciado; las segundas, a las relaciones entre el país en transición socialista y el resto del mundo.18
Desde su origen europeo, cargado de contradicciones nació el concepto de socialismo19. Lo hizo a partir de distintas posiciones enfrentadas entre sí y de sus rupturas, choques y definiciones históricas. FMH ubica un punto de quiebre en el socialismo europeo tras la derrota de la Comuna de París: “Los movimientos socialistas encontraron un lugar en ese sistema; el socialismo colaboró así en la elaboración de la hegemonía burguesa, reduciéndose progresivamente de antinomia a diversidad dentro del capitalismo”. Con la posición asumida, los movimientos “se alejaron definitivamente de los ideales y la estrategia revolucionaria y asumieron el reformismo como guía general de su actuación”. Al grado que llegaron a hacerse cómplices del colonialismo “en nombre de la civilización y de la misión mundial del hombre blanco. Su pensamiento también se escindió entre una “ortodoxia” y un “revisionismo”, en el plano intelectual, que a pesar de sostener controversias constituían las dos caras de una misma moneda”20.
A contracorriente de la Segunda Internacional estalló la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia. El episodio abrió una nueva veta en el movimiento socialista y lo colocó en la senda de realización de los desafíos más ambiciosos de la humanidad. “A partir de 1917, todas las revoluciones en el mundo han tenido como un objetivo, o como un horizonte posible, la liberación total de las personas, las sociedades y los países”21. En uno de los últimos proyectos que participó FMH intitulado “Cambiar el mundo, cambiar la vida” –poco antes de morir, en conmemoración a 100 años de la Revolución de Octubre– resaltó el papel disonante de Lenin en el movimiento comunista internacional y aún en su propio partido, porque fue capaz de derruir el axioma de que en un país “atrasado” como Rusia –lo mismo podría decirse de Cuba– las tareas del movimiento socialista eran impulsar una revolución «democrático-burguesa» para lograr un desarrollo avanzado del capitalismo y, en un tiempo posterior, hacer la revolución socialista. Con ello, se abrió un nuevo horizonte para el socialismo.
“Sería un grave error, sin embargo, reducir la historia del concepto y las experiencias del socialismo al ámbito de aquellos poderes europeos”22. El socialismo se nutre también de la tradición latinoamericana que, desde el siglo XIX, hacía referencia a la cuestión social, con ideas del antiimperialismo y de la democracia popular. La cuestión social fue pensada por radicales durante las gestas independentistas y en las nuevas repúblicas. Para FMH, en América Latina y el Caribe, las necesidades y las ideas relacionaron la libertad con el socialismo y la justicia social, desde sus primeros movimientos autóctonos.
Los alcances prácticos de los que desataron las experiencias socialistas durante el siglo XX, le dieron sentido y realidad al socialismo. FMH ubica al menos seis grandes alcances que nutren a la historia y al concepto: 1) Organizaron y desarrollaron economías diferentes a las del capitalismo, basadas en su origen en satisfacer las necesidades humanas y la justicia social. 2) Los Estados las articularon con amplias políticas sociales y ciertos planeamientos radicales. 3) Pueblos enteros se movilizaron en la defensa y el despliegue de esas sociedades. 4) Al desatar la movilización se aumentó la capacidad, la calidad de la vida y la condición humana de esos pueblos. 5) Millones de personas se involucraron en la creación del socialismo. 6) Esas personas y la acumulación cultural que produjeron constituyeron el “evento social más trascendente del siglo XX”23.
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II. 2.– EL CONCEPTO DE LIBERACIÓN NACIONAL
Una nueva ola de estudios críticos ha puesto de vuelta en el debate el tema de las identidades por fuera los conceptos eurocéntricos. Sin embargo, la cuestión de la acción política revolucionaria sigue ausente o reducida a ciertos ámbitos de la vida, a pequeños espacios o a los cuerpos individuales. El socialismo ha quedado ausente del debate y su relación con la necesaria lucha por lo nacional aún más. Ajeno a esta nueva ola, FMH sostuvo una reflexión permanente sobre la lucha nacional y el socialismo partiendo de la experiencia cubana triunfante en 1959, proceso que desde sus orígenes fue delineando un proyecto socialista propio.
Socialista de liberación nacional es el nombre que da FMH para la revolución cubana que triunfó en 1959. Nuestro autor sostiene que desde ese momento se conjunta el socialismo y la liberación nacional, mientras que para la mayoría de los estudios primero ocurrió una democracia popular, antifeudal, antiimperialista y agraria, y luego el socialismo.24 Revolución socialista de liberación nacional no son dos etapas. Si no hubiera sido socialista, no podría haber sido de liberación nacional y si no se daba la liberación nacional no se podía ser socialista, dice FMH. En el caso cubano, el patriotismo y la unidad nacional se dieron desde un pueblo que adquiría conciencia de clase anticapitalista, y en que la lucha de clases fue sobredeterminada por Estados Unidos25. La independencia y libertad tomaron forma en liberación nacional y la justicia social en socialismo26. El internacionalismo se pensó desde un inicio ligado a la dimensión nacional, no sólo como forma de dar viabilidad a un proyecto local, sino como parte de la participación del pueblo cubano en una lucha histórica mundial.
Pensar y luchar por el socialismo más allá de Europa, apropiarse de la tradición de aquella región y al mismo tiempo apelar a las propias bases, ha sido un desafío permanente de los pueblos oprimidos de otras regiones. Romper con el colonialismo mental resulta condición de esa apropiación y de la puesta en marcha de los proyectos liberadores. La consideración de la liberación nacional como subalterna al socialismo se relaciona directamente con el horizonte eurocéntrico, incluso asumido por las personas que pretenden enfrentarlo. Sin embargo, todas las revoluciones del siglo XX que enfrentaron al capitalismo ocurrieron en el mundo subdesarrollado y se hicieron articulando el socialismo con la liberación nacional27.
Para FMH, la lucha actual por el socialismo en el otrora llamado Tercer Mundo –que sigue siendo el mismo y viviendo las mismas contradicciones, incluso de modo más agudo– y en especial en América Latina, es indisociable de la liberación nacional como necesidad práctica. Esta reflexión tiene implicaciones políticas para la Cuba actual: al traer al debate la crítica al etapismo no sólo se da una polémica de interpretación histórica, pues si bien es cierto que actualmente se enfrenta el riesgo de regresar al capitalismo, no se habla que si lo hace será de forma colonizada o neocolonizada. El capitalismo en Cuba para ser, tendrá que estar subordinado al Imperialismo y será anti nacional, como ocurre en cualquier otra parte del mundo. Es ilusoria una apertura económica capitalista que conserve la identidad nacional y la justicia social. Al decir esto, lo que se está diciendo también es que quienes quieran ser capitalistas serán traidores a la patria28.
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III.– EL CONCEPTO DE TRANSICIÓN SOCIALISTA
El concepto de transición socialista (TS) es el desarrollo teórico más acabado de FMH en torno a la revolución social. Parte de la unidad del socialismo y la liberación nacional. Un socialismo que en el que lo central son las reivindicaciones de “todos los oprimidos, explotados, marginados o humillados”, y no sólo del proletariado29. Un concepto original del autor que permite pensar las bases propias de la lucha comunista desde América Latina con la luz de la experiencia cubana, pero no reducida a ella.30
Para FMH la transición socialista es “la época consistente en cambios profundos y sucesivos de las relaciones e instituciones sociales, y de los seres humanos, que se van cambiando a sí mismos mientras se van haciendo dueños de las relaciones sociales”31. Es socialista del todo y es del todo una transición. Opta llamarle así porque considera que el concepto de socialismo resulta más “fijo”32.
¿Se puede pensar la transición socialista más allá de Cuba? ¿Qué noción de civilización hay en ella? ¿Hasta qué punto ella es una restricción de lo deseable por lo posible? ¿Debe moverse en un terreno distinto al de la razón y la modernidad? ¿Cómo se comprende la dimensión mundial de la revolución? Algunas de esas preguntas quedaron en el tintero y esperan ser tratadas. Otras se exponen aquí de acuerdo al tratamiento que les dio nuestro autor.
La TS consiste en un cambio cultural total33. No se realiza para llegar en un futuro a un punto o régimen estático. Su tipo de poder, temporalidad y escala son muy prolongados en el tiempo y a escala de formaciones sociales nacionales. Es ante todo un poder político e ideológico. Se basa en la soberanía nacional, popular, la justicia social, los cuales no son elementos burgueses o de una fase previa, sino completamente ajenos al capitalismo. “La revolución socialista destruye las bases mismas del tipo de desarrollo económico capitalista con el nuevo orden de relaciones que implanta”34, pero algunos aspectos del capitalismo funcionan ahí35. En la sociedad en transición el poder es socialista; la economía está en un grado y la gente en otro36.
FMH dista de los enfoques etapistas y de considerar al subdesarrollo como una forma inacabada de capitalismo. Rompe con concepciones lineales y definiciones económicas de la historia porque insiste en que la transición no surge de la evolución progresiva del capitalismo, ni es una etapa posterior a él, sino que es obra de “un complejo de creaciones culturales de liberación simultáneas y sucesivas”; de “masas organizadas que toman el camino de su liberación total”37. En la TS el cambio profundo de las mayorías es lo fundamental y “no puede esperar, cualquiera que sea el criterio que se tenga sobre las estructuras sociales y los procedimientos utilizados para transformarlas”. La fuerza de esta “revolución socialista no está en una racionalidad que se cumple, sino en potenciales humanos que se desatan”38.
La TS niega la construcción de un tipo de sociedad “intermedia”, limitada a lograr cambios “civilizatorios” y reducida a la construcción de la “base técnico-material” del socialismo».39 El socialismo que está al alcance de los países subdesarrollados tiene que ir “mucho más allá que el cumplimiento de los ideales de la razón y la modernidad, y de entrada deben moverse en otro terreno.”40. El socialismo factible no depende de la evolución de las fuerzas productivas, sino de un cambio radical de perspectiva.41 Requiere rechazar que la sola expropiación de los instrumentos del capitalismo permite construir la nueva sociedad. La TS rompe con la concepción de evolución social que asume que con el desarrollo capitalista se llega al socialismo y que la economía determina la sociedad, pues en dicha concepción “se absolutiza así lo que la sociedad en transición tiene de capitalista”, se pierde la “especificidad socialista del proceso y, por tanto, la utilización y desarrollo de sus fuerzas propias, sus métodos de cambio y sus valores”42. FMH tiene clara la necesidad de romper con esas nociones del pensamiento burgués que el socialismo ha asimilado, de no hacerlo seguirá siendo débil para enfrentar las tendencias del capitalismo, y lo único que hará será crear un socialismo subdesarrollado y mercantilizado, que producirá “disfraces de futuro para la reproducción de grupos dominantes y detención y retroceso del proceso, y cristaliza en un régimen posrevolucionario de dominación, en el mejor caso modernizante de ciertos aspectos de la vida social”43.
Como no se trata sólo de un problema teórico, sino práctico, asume el reto de pensar a contracorriente del marxismo dogmático europeo al mismo tiempo que toma distancia de las posiciones críticas que plantean la imposibilidad de realización del socialismo hasta que no se derribe el capitalismo en su conjunto, que el socialismo sólo existirá cuando caiga el capitalismo, y que recomienda que, frente a las enormes “ventajas” y fortalezas del capitalismo, lo mejor es quedarse en la “acumulación de fuerzas” y/o de saberes.
Un proceso revolucionario de TS orientado hacia el comunismo tiene que avanzar violentando una y otra vez las condiciones de reproducción de la economía, de la política y de la ideología, incluidas las creadas por ella misma, aunque de maneras muy diferentes a las que utilizó para derribar al capitalismo y la dominación imperialista44. Por ende, la TS es un concepto y, al mismo tiempo, el desafío de hacerse, de darle vida a un proyecto revolucionario. Es un vínculo radical con el comunismo. Comprende toda la época entre el capitalismo y el comunismo.45
La transición socialista es un concepto y al mismo tiempo, el desafío de hacerse, de darle vida a un proyecto revolucionario, porque en ella no sólo se expone una reflexión teórica muy compleja, sino la sistematización de su vida, experiencias, lo que Fidel y Che legaron y las relaciones con otras ideas.
FMH usó por primera vez el concepto de TS en 1987. Su concepto tomó como base el marxismo, recuperando a Karl Marx –insiste en la lectura de lo que comprende como modo de producción en los Grundrisse;46 la práctica política de Lenin y los desafíos que postuló tras la toma del poder; las formulaciones de Antonio Gramsci sobre la cultura y la hegemonía; la historia de Cuba y las formulaciones teórico políticas de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara47. Sin detenernos en exponer a detalle los elementos específicos que retoma, nos concentraremos en señalar algunos aspectos de la Revolución cubana que le permitieron pensar la TS, debido a que estos comúnmente se ignoran en el ámbito de las ciencias sociales, a la par que pudiesen funcionar como elementos genealógicos del concepto.
La transición socialista cubana muestra una “gran confianza en que las condiciones “normales” de existencia pueden ser subvertidas mediante la praxis revolucionaria del conjunto pueblo-poder revolucionario”48. La revolución cubana avanzó en su radicalidad sobre la base de una “gran participación popular organizada y medidas de liberación y redistribución muy profundas”49. Constituyó un cambio radical de los individuos y de la sociedad. Cambios culturales y sociales en favor de los vínculos de solidaridad, soberanía nacional, sobrevivencia, mejoramiento de calidad de vida, crecimiento económico, nuevas formas de gobierno popular y Estado al servicio del pueblo. El Estado no se erigió para cumplir las tareas de desarrollo económico del periodo capitalista, sino en función del pueblo –y el pueblo fue un concepto específico que se enriqueció desde su formulación original en La historia me absolverá. Tras la toma del poder avanzó enormemente por cerca de doce años. En los años sucesivos, la adecuación del proyecto a los dictados de la URSS –con sus respectivas medidas culturales, políticas y económicas– melló y contuvo la radicalidad desatada por el momento previo, sin perder el carácter revolucionario. Luego vino una etapa muy difícil. El socialismo en la URSS anunciaba su auto liquidación. El pensamiento internacional marxista perdía su prestigio. En Cuba se modificaron los planes de estudio, la materia “comunismo científico” desapareció. FMH recuerda que hasta se quitó del vocabulario oficial por un cierto tiempo la palabra “compañero” –que tiene una gran importancia en Cuba desde 1959–, y se sustituyó la palabra “socialismo” por “las conquistas del socialismo” y el Partido Comunista de Cuba era llamado, tan sólo, el partido de la nación cubana50. Ante esto, Fidel Castro planteó el desafío de “la rectificación de errores y tendencias negativas” para enfrentar los problemas propios y evitar que Cuba fuese arrastrada por la URSS hacia su fin. FMH leyó el momento como una posibilidad de contribuir a lo que más que una rectificación podía ser una profundización del socialismo.51 Se concentró en formular el concepto de transición socialista y un profundo estudio del pensamiento social cubano.
El discurso de Fidel Castro del 8 de octubre de 1987, a 20 años de la caída en combate del Che marca un hito y un desafío para la revolución:
«[…] el Che es la personificación, es la imagen de ese hombre nuevo, es la imagen de ese ser humano si se quiere hablar de la sociedad comunista; si vamos a proponernos realmente construir, no ya el socialismo, sino las etapas más avanzadas del socialismo, si la humanidad no va a renunciar a la hermosa y extraordinaria idea de vivir algún día en la sociedad comunista»52.
Y luego, en el mismo discurso, cuando expone una crítica severa a los errores de la revolución enfatiza:
«Si al Che le hubieran dicho que había unas empresas que cumplían el plan y repartían premios por cumplir el plan en valores, pero no en surtido, y que se dedicaban a hacer las cosas que les daban más valores y no hacían aquellas que les daban menor ganancia, aunque unas sin otras no sirvieran para nada, el Che se habría horrorizado […] porque esos caminos no conducirán jamás al comunismo, esos caminos conducen a todos los vicios y a todas las enajenaciones del capitalismo»53.
Los años que siguieron fueron aún más complejos. La caída del bloque soviético se acompañó de la derrota sandinista y en Cuba estalló una crisis profunda, conocida como “periodo especial”. Frente a este contexto FMH sostuvo la necesidad de profundizar el socialismo. Hizo una reflexión sobre los problemas del socialismo de ese tiempo y planteó los desafíos para remontarlos desde cuatro “puntos de partida”: 1) El socialismo “sólo es factible como una creación cultural de liberación”. Hoy “sabemos qué es el capitalismo y hasta donde da”; también sabemos qué formas se han llamado a sí mismas socialistas y no son, o no lo eran, “ya nadie se va a conformar con menos que otra cosa”. 2) Es imprescindible recuperar el “proyecto socialista de liberación total de los individuos y de los pueblos, enunciado y practicado desde una revolución comunista” que tiene en el Che a su mejor exponente. 3) Es necesario “construir y también reconstruir el concepto de socialismo”: no se puede eliminar el concepto, porque además no se trata de un problema meramente académico, las ideas y conceptos del socialismo “se han vivido por millones de personas. Por lo tanto, reconstruir es un verbo necesario”. En ese momento era muy común decretar intelectualmente el fin del socialismo o de la historia, como si todo fuese una disquisición intelectual y no estuviese relacionada con la gente, FMH resalta un elemento de primer orden: tomar en cuenta el rol creador de las masas en los procesos 4) En el caso cubano, insiste “la recuperación del Che es indispensable y urgente” para la resistencia y la libertad, para retomar la herencia acumulada54.
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III. 1.– EL CHE Y LA TRANSICIÓN SOCIALISTA
En la misma línea de Fidel, FMH recuperó al Che para pensar la transición socialista –y también al propio Fidel, aunque no de manera explícita.55 Luego de la publicación de su primer libro “Desafíos del socialismo cubano”56, el segundo, que saldrá un año después y que ganará el Premio Extraordinario de Ensayo Casa de las Américas de 1989, es un estudio sobre Ernesto Che Guevara titulado “Che, el socialismo y el comunismo” partiendo de la idea de que el revolucionario produjo “nuestra” concepción marxista de la transición al socialismo y al comunismo que implica un movimiento revolucionario mundial57.
El trabajo de recuperación del pensamiento del Che por FMH fue y sigue siendo muy importante. Aquí solo expondremos tres consideraciones básicas sobre el Che en relación con el concepto de transición socialista de FMH:
1) El Che concibe la lucha por el socialismo desde el poder en íntima relación con las realidades del mundo: sistema capitalista mundial, luchas de liberación, contradicciones internas del sistema capitalista, campo socialista en el mundo, solidaridad internacional y las interrelaciones que tienen esas realidades58. En esta realidad insiste que en los países socialistas no puede haber desarrollos desiguales como en el capitalismo59. Una sociedad nueva debe “tender a eliminar toda explotación, poner en tensión todas las fuerzas de la sociedad y no jugar a medrar de la contraposición entre capitalismo y socialismo”. Los países “atrasados” deberán saltar la etapa del capitalismo de Estado60.
2. El Che comprende la lucha por el socialismo desde el poder como una dialéctica revolucionaria consistente en la creación de una sociedad basada en vínculos solidarios. Su instrumento fundamental es la acción consciente y organizada61. Debe regir una dialéctica en que el polo dominante sea lo subjetivo, “so pena de no avanzar, en el corto o largo plazo, y, por consiguiente, no llegar”62.
3. El Che vivencia, teoriza y trata de resolver en el terreno práctico las complejas relaciones internas entre la política, la economía, la nueva educación, la ética, las ideologías; entre el conocimiento, la justicia y la conducta63. Y sobre esto dirá que el nuevo régimen no puede ser determinado por “el libre juego de las fuerzas económicas: después, tiene que venir el socialismo de nuevo. Es decir, tendrá que imponerse la acción consciente y organizada de los revolucionarios para recuperar el socialismo”64.
Así, el marxismo y la experiencia cubana en su conjunto son los dos grandes caudales que alimentan el concepto de transición socialista. Ahora ahondaremos en otros elementos que delinean la concepción de FMH sobre la TS, sin dejar de insistir en que su reflexión tiene una enorme vigencia y en que las correspondencias entre el momento en que lo formuló y el presente son un elemento más de su pertinencia y actualidad ¿Por qué no recuperar el desafío histórico del socialismo en un momento tan difícil como el que vivimos, si Fidel y el autor en cuestión siguiéndolo, en uno de los momentos más duros que enfrentó el proceso cubano, en lugar de buscar “nuevos paradigmas” o apelando al fin de ellos, volvieron a insistir en la importancia del socialismo?
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III. 2.– VÍA Y CARÁCTER
Pensar el socialismo como transición no prescinde del debate en torno a la vía y al carácter de la revolución. Estos fueron de los temas más polémicos dentro del debate revolucionario en el siglo XX, en especial durante los años sesenta65. Las enunciaciones del prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política de 1859 de Karl Marx66 convertidas en leyes supremas, impusieron una visión en la que la definición de la vía y el carácter parecía constreñirse a ubicar el nivel de desarrollo económico y derivar la acción política adecuada a este. El proceso revolucionario cubano representó un quiebre en esto, aunque la mayoría de las interpretaciones no alcanzaron a comprenderlo. Permeadas por el pensamiento europeo, fuese en su variante dogmática-stalinista o en la crítica, no llegaron a comprender la verdadera riqueza y originalidad de la hazaña cubana. Sus logros –como el de todas las revoluciones– fueron interpretados como el cumplimiento de leyes del desarrollo histórico.
El carácter suele definirse en función del modo de producción dominante, mismo que es estable e ineluctable. En las visiones dominantes del Tercer Mundo, sobre todo las influidas por la Internacional Comunista, se solía –y aún se suele– justificar con el “subdesarrollo” la necesidad de una revolución burguesa para posteriormente arribar al socialismo. El sujeto es siempre un problema, el “subdesarrollo” es visto como la ausencia de un proletariado mayoritario que puede hacer la revolución67, y en lugar de pensar en las potencialidades de los pueblos, se confía a la clase más “avanzada” de la historia –la burguesía o la pequeña burguesía si no se quiere ser muy condescendiente– las tareas de la transformación. En contraposición a esta visión, FMH insiste que el carácter se determina por la praxis organizada y consciente de los revolucionarios, y nunca por la estructura económica del país68. El carácter de la revolución es socialista de liberación nacional y lo son todos los elementos que de ahí se deriven. La praxis acorde a este carácter es la que lo define y no la estructura objetiva, y en esto se inscribe la correspondencia de Marx con Vera Zasúlich en torno a la comuna rural rusa69.
En cuanto a la vía, por ser este un elemento más dinámico y por depender también de la coyuntura, las discusiones no fueron tan rígidas. Sin embargo, la influencia de la URSS al plantear el tránsito pacífico al socialismo y la emulación de regímenes fue muy fuerte. Una visión eurocentrista, permisiva totalmente y coauspiciadora del colonialismo, elevó en aquél entonces la necesidad de construir la Paz como complemento del Pacto de Varsovia, aunque revestida en su forma “revolucionaria” al llamarle “transito pacífico al socialismo”. Esa fue la tarea de los partidos comunistas desde fines de los años cincuenta. Se completaba con la idea de la existencia de tres fuerzas: el sistema socialista mundial, los obreros del primer mundo y los pueblos que luchan por la paz. En el Tercer Mundo se propusieron las democracias nacionales, en las que las clases sociales competían por ver cuál serviría mejor al pueblo. FMH, desde la posición internacionalista cubana, defendió la vía insurreccional reivindicada por Marx, victoriosa en Rusia y confirmada por las revoluciones china, cubana y vietnamita como la vía principal con triunfos masivos y no como actos de pequeños grupos “putchistas”, como condenaban sus enemigos70.
Y aunque este debate perdió el nivel de importancia que tenía, en años recientes el rechazo a pensar si quiera en la posibilidad de una vía insurreccional da vigencia a la posición de FMH. En la actualidad domina el rechazo a cualquier tipo de violencia. Se tiene una inmensa confianza en los cambios “pacíficos”, a pesar de que el sistema dominante, en cada revés que logra propinar a las luchas populares demuestra la debilidad que implica la renuncia a la violencia, el poder de la misma –ejercida por los dominadores– y el amplio arco de acción legal e ilegal que debe usarse cuando se trata de defender un poder. La defensa de la vía insurreccional se relaciona con el nivel de radicalidad que se quiere alcanzar y no con las condiciones inmediatas de desarme que tienen quienes se la pueden plantear. FMH insistía, sin negar que las luchas deben de partir de escenarios sumamente complejos y que tácticamente deben buscar ser eficaces y alcanzar sus objetivos sin ser aniquiladas, que no se puede renunciar a la violencia revolucionaria, aunque ella esté satanizada71. Los máximos objetivos revolucionarios sólo se logran desmontando un dominio en el que la violencia es parte. Ningún poder revolucionario que se oponga al capitalismo y avance al socialismo logrará sostenerse sin la violencia. No todas las revoluciones han empezado necesariamente por la violencia, pero todas se han enfrentado a ella.
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III. 3.– PODER Y PROYECTO
La experiencia revolucionaria cubana fue la gran escuela para pensar el problema del poder. A través de aquella comprendió que el impacto libertario y el poder revolucionario tenían que caminar juntos. Lo libertario como espíritu proviene de la politización, de las ansias de libertad y de la disposición de dar la vida. El poder revolucionario es la fuerza que permite dar concreción a lo que se pretende: tomar el poder, mantenerse y ampliarlo. El poder –para el autor– es: “el teatro básico de la articulación de lo subjetivo y lo objetivo en la sociedad en transición, condición sin la cual no es posible dominar la formación social, ni aplicar plan alguno de cambio radical mediante el Estado y las demás agencias sociales.”72 La coexistencia del poder y el proyecto es fundamental, aunque la tendencia es que el poder revolucionario ahogue lo libertario. En el caso cubano, a pesar de todo el crecimiento del poder revolucionario, destaca que las formas libertarias nunca desaparecieron.73
Para FMH esta cuestión puede considerarse, en sus especificidades, en dos contextos distintos: en el de las luchas por establecer poderes populares en una sociedad, y en la creación por parte de esos poderes populares de sociedades nuevas, socialistas74. En ambas el problema mayor es cómo se hace que el control de la población sobre los procesos sociales vaya en aumento y se distribuya el poder cada vez más75. Pensar en las tensiones entre el poder y el impulso libertario permiten romper con la concepción monolítica del choque de clases, en la que el poder se limita sólo a la identificación (o confusión) y pugna en función de las clases y se pierde una comprensión eficaz de las formas más complejas del dominio capitalista y de las necesarias formas que en la TS debe trabajar con el poder que construye y conjugarlo con el impulso libertario.
La relación entre poder y proyecto resulta ser el más trascendente de los desafíos para quienes intentan llevar la realización práctica de una revolución contra el capitalismo hasta sus últimas consecuencias, y sólo aparece cuando las organizaciones tienen ciertas posibilidades de triunfo, insistía FMH de modo recurrente en todas sus obras. La relación de ambos se vuelve fundamental en la TS. Recurriendo a una analogía con el plano religioso dice que esta relación sólo puede ser comparada con el pensamiento cristiano frente al problema de la Iglesia y el Reino. Es necesaria la Iglesia, pero el predominio debe ser del Reino. El poder es indispensable. El predominio del proyecto sobre el poder significa: poder para luchar, poder para el proyecto, libertad como control del poder y cada vez más como contenido mismo del poder76.
La tensión dialéctica entre poder y proyecto debía de ejercer un mayor peso del lado del proyecto de liberación de las personas, pero la experiencia soviética fracasó, “degeneró crónicamente y terminó en un desastre que ha comprometido los ideales y la existencia del socialismo a fines de siglo XX”77. La actualidad de este tema debe estar presente aún ahora que el socialismo no aparece en el horizonte de los proyectos populares, si realmente se aspira al triunfo, aunque en lo inmediato las fuerzas para disputar sean débiles.
Hacer explícitas las relaciones del proyecto y el poder es hacer política, política socialista que tendrá que enfrentarse –en el horizonte latinoamericano– con sus insuficiencias y con la degeneración de sus organizaciones, por el desgaste que implica una lucha prolongada contra el sistema y las formas que este tiene para asimilar dentro de sí a quienes le confrontan. Para ello, la lucha cultural debe ser indisociable de la política en la TS.78
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III. 4.– CULTURA Y ACUMULACIONES
Para FMH la reflexión en torno a la cultura no tuvo siempre la misma relevancia. Pensar la cultura tomó una importancia mayor en la medida que fue desarrollando el concepto de transición socialista y a la par que la experiencia cubana expresaba ciertos desafíos y problemáticas que en los primeros años no lograban verse tan claros o resultaban secundarios, entre ellos, los límites con que topa el desarrollo económico y la demanda de la subversión de la cultura que reclama el triunfo de un ejercicio político masivo.
La batalla por la cultura está en el teatro principal de la lucha del capitalismo para sostener su hegemonía y barrer con las propuestas que planteen ir más allá de él79. Aunque pareciera un lugar común en los estudios críticos, las palabras que usa FMH para referirse a la ofensiva cultural del capitalismo para impedir las rebeliones son atinadas, precisas y responden a una comprensión profunda de las realidades de cada lugar. Cuando dice: “La reproducción cultural universal de su dominación le es básica entonces, para suplir los límites del alcance real de su reproducción material, y dominar a todos los excluidos mediante la obtención de su consenso”80, está planteando problemas fundamentales de cómo operan las hegemonías en un sentido sumamente complejo. Abunda: “Para ganar su guerra cultural, al capitalismo le es preciso prevenir las rebeliones y eliminar las raíces de la rebeldía; homogeneizar y controlar los consumos, los sentimientos, las ideas, la información, la opinión, el pensamiento, las creencias. Manejar los deseos e igualar los sueños”, lo cual se corresponde con las sociedades capitalistas actuales, pero va más allá: “La meta es lograr que la manera de vivir del capitalismo parezca lo normal y el único horizonte posible; que se le considere deseable, necesario o por lo menos inevitable”81. En esto la agudeza de su crítica radica en señalar que la ofensiva cultural del capitalismo no sólo le es inmanente al modo de producción y a la dinámica del proceso de valorización del valor, sino que implica acciones e intencionalidades que buscan cancelar la posibilidad de organización anticapitalista e impedir el surgimiento de gobiernos socialistas, lo cual, a la mayor parte de críticos de la cultura, les resulta fútil o vieja reminiscencia. Por muy agudos que puedan ser, se oculta en ellos la derrota cultural a la que han sido sometidos.
El capitalismo se mantiene a la ofensiva en la batalla cultural82. Esto implica, para FMH, indagar en las relaciones entre las tensiones, movimiento histórico y procesos acumulados. Estos últimos bien pueden ser una fuerza más del capitalismo, como una fuerza de oposición a este. En sus estudios la cultura se comprende como el ámbito en el que se inscribe lo político83. Bajo ese entendido, desarrolló una investigación sobre la cultura, las acumulaciones culturales, la cultura nacional y la pertenencia ideológica, basándose sobre todo en Antonio Gramsci.
La acumulación cultural no se puede barrer, hay que ubicar sus usos, muchas veces contrapuestos84. Para FMH la acumulación cultural debe estudiarse como si se tratase de comprender una fotografía y la historia que le precede: la acumulación de actos, experiencias y saberes relativos a los procesos políticos y sociales, a sus campos ideológicos; de rasgos de permanencia del consenso a la hegemonía, y de tendencias a la rebeldía contra el orden constituido, y las visiones o formulaciones de proyectos de futuro sociales85. El concepto de acumulación cultural parte de los complejos culturales que conforman lo nacional. La acumulación cultural “opera en cada época y en cada coyuntura; en ella se inscriben todos los aspectos y casos particulares, con sus complejos de relaciones e interacciones”86. La cultura nacional existe “en forma de complejos culturales, y a través de expresiones culturales”. Esas expresiones culturales son representaciones colectivas, de símbolos y elaboración de códigos, de construcción social de realidades. Desde estos complejos culturales “se forma la nación, asume sus contradicciones, evoluciona, resiste o lucha, recibe impactos externos”87. La pertenencia ideológica, como conjunción de las acumulaciones culturales y de la cultura nacional resultante, tiene, sin embargo, un peso particular que no lo acotan los elementos que la producen, está ligado a las estructuras sociales y al pensamiento social más general88.
La política cultural socialista no puede ser restringida a lo que comúnmente se consideran actividades culturales, tiene que atender la diversidad de subjetividades, habilidades y propensiones que por mucho rebasan la acotación tradicional. La cultura, como acumulación cultural, cultura nacional y con la pertenencia ideológica de los individuos, integran, en la transición socialista, la forma más abarcadora y profunda de la acción política. El campo de su plan más trascendente y de sus enfrentamientos más decisivos89.
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IV.– PRAXIS Y DETERMINACIÓN
Desde el inicio de este texto hemos planteado que el socialismo, como superación de los límites históricos, sólo puede ser obra de la acción humana consciente y no del desarrollo de las estructuras creadas por ella. En términos generales esta enunciación puede ser aceptada por múltiples y disímiles posiciones. Sin embargo, en cuanto nos adentramos a detalle en las implicaciones que conlleva, inmediatamente se refuta y niega en el plano de la acción política. Mientras que en la reflexión teórica –a pesar de una aquiescencia genérica– en cuanto se comienza a problematizar, salta a la vista que, detrás de la confianza en que las cada vez más sofisticadas herramientas de análisis y los instrumentos más sofisticados de la teleinformática son capaces de medir objetivamente e incluso predecir escenarios sociales, se oculta la sumisión a los límites ideológicos de lo establecido como posible o programable dentro de un sistema de variables y estadísticas previamente delimitado, en el que la praxis queda ausente.
Los estudios de los procesos revolucionarios comúnmente dejan de lado los elementos que operaron en las conductas humanas que llevaron a romper con un horizonte epocal. Se considera habitualmente que no fueron ellos, sino la historia; que no fueron sus actitudes, sino el medio; que fue la economía, lo que como necesidad o determinación impulsó a que las personas actuaran de una u otra manera ¿Qué ocurre en las ciencias sociales que las revoluciones siempre aparecen como accidentes o excepciones?
Es la experiencia de vida y el estar inmerso en un proceso revolucionario lo que va prefigurando ideas contrarias a los presupuestos de las ciencias sociales y a la escisión común entre lo objetivo y subjetivo. El Che Guevara, en “El socialismo y el hombre en Cuba”, expone una idea importante en la que pone el foco en esta cuestión, al referirse al inicio del proceso revolucionario cubano:
«Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.»
Desde el título muestra una posición. No utilizó “desarrollo económico”, “técnica”, “fuerzas productivas”, sino el “hombre”. No habla de cómo las condiciones “objetivas” determinaron la lucha de las personas, sino cómo los individuos fueron decisivos. Fueron ellos los que con su actividad iban haciendo la historia, alterando lo objetivo.
¿Qué llevó a que las personas emprendieran caminos que parecían imposibles o ni siquiera enunciados como tales? Para FMH lo que opera en la conducta revolucionaria de los individuos es la determinación personal, cuestión que anecdóticamente puede hacerse fácilmente comprensible, pero que en lo analítico es más compleja.90 En las sociedades modernas, al menos, la determinación personal resulta relevante porque ella es el factor básico para lograr una revolución. Contra el economicismo, pone en el centro que es la determinación de las personas –para hacerlo más específico, del género humano– la que forja en la lucha de clases los sucesos que alteran la dominación y, en todo caso, logra anular, frenar e instaurar otro tipo de sociedades.
En una revolución “cada individuo se determina por su actitud y su actuación, no por su origen social ni sus creencias previas”91. La existencia del socialismo proviene de una praxis en que la voluntad alcanza a desarrollarse como conciencia y prefiguración de la sociedad que se quiere conquistar92. Utiliza también el término personalidad revolucionaria para referirse a la determinación personal, haciendo más explícito el carácter de transformación que tiene el concepto93.
La determinación personal nos permite también recuperar la noción de vanguardia desde un enfoque distinto y opuesto al que el dogmatismo marxista sostuvo, y al que el discurso liberal utiliza –tergiversando– para condenar los esfuerzos de lucha y desarmar a quienes intentan enfrentarse a la dominación. Aquellas visiones suelen rechazan la importancia de las vanguardias y condenarlas sin tomar en cuenta que, para lograr sus objetivos, ellos mismos tienen que convertirse en una de ellas.
Esta cuestión comúnmente se deja de lado tanto por la política populista, que utiliza provechosamente los roles sociales preestablecidos de minorías y mayorías, como también por los círculos académicos y de la “política alternativa” que se rehúsan a pensar en el problema haciendo condenas morales y reduciendo el papel de las vanguardias a maniobras de manipulación. Al no problematizar dialécticamente sobre este elemento, se acepta la pasividad de las masas, se naturalizan las relaciones entre gobernantes y gobernados y se evade la superación de esta división. Al asumir la importancia de las vanguardias como elemento de la TS, FMH toma en cuenta las complejas relaciones entre mayorías y minorías, distanciándose de las condenas genéricas que suelen obnubilar la comprensión de estos problemas políticos.
Dos referencias son importantes de citar en este apartado, porque ellas y los casos estudiados, reflejan diáfanamente a qué se refiriere nuestro autor al hablar de vanguardia y determinación personal. Primero, sobre Antonio Guiteras, el revolucionario cubano de los años treinta escribe:
“El dirigente revolucionario […], debe estar más adelantado que el medio político en que se mueve, encontrar los caminos, sostener el rumbo, hacer elecciones y tomar decisiones difíciles, con mayor conciencia de los riesgos que se corren en caso de error, de la parte de razón y de justicia que se vio obligado a echar a un lado, de la porción de futuro que ha comprometido en las decisiones que, sin embargo, eran acertadas respecto a su problema principal o perentorio […] Los iniciadores –Guiteras fue uno de ellos– rompen con la conciencia vigente, y comunican ese gran esfuerzo suyo a muchos, pero deben enfrentarse angustiosamente a las recaídas de sus propios seguidores en las formas de conciencia y de vida de los dominadores, a las tendencias a mantenerse dentro de las conductas y creencias conocidas –que parecen ser las únicas conductas y creencias posibles, y al poder aplastante y abarcador del enemigo, todavía no quebrantado”94.
Por otra parte, recuperando al Che Guevara, resalta los elementos de su concepción en torno a las vanguardias:
“El concepto de vanguardia ocupa un lugar principal en la concepción del socialismo del Che –y en la historia de la Revolución cubana–, pero no solamente en la concepción de la lucha por el poder, como suele creerse. La vanguardia en la transición socialista debe ser capaz de proveer vías para que la voluntad organizada actúe y se comunique desde minorías crecientes a mayorías cada vez más capaces de producir ellas mismas los cambios, de aprender a gobernarlos por sí mismas […] La vanguardia contrae un compromiso político y moral insoslayable: ser la organización que expresa el poder y el proyecto de los explotados, oprimidos y humillados”95.
FMH sostiene que la vanguardia en la transición socialista debe preparar su desaparición como tal, velar para que prevalezca el proyecto sobre el poder y lograr cambios permanentes convertidos en hábitos96. El papel de las masas no se reduce a seguir los dictados de un grupo de personas que ejercen la vanguardia. Su papel es complementario y subsecuente al proceso que puede desatar la determinación personal. Es un error sobredimensionar el papel de lo personal y negar el de las masas. El énfasis en lo personal es sólo una parte de la reflexión del sujeto y de la dimensión subjetiva. Las masas en movimiento desatan las fuerzas negadas en la dominación y suscitan creaciones heroicas. El socialismo para ser, tiene que “ser de todos, con los rostros de todos y los carismas de cada uno, y no de una simple maquinaria ni una donación”97. Historias individuales que un día fueron de un pequeño grupo que alteró las condicionantes, se tornan en la multiplicación de personas que se vuelcan a creaciones impensables en la dominación. Si una insurrección logra conquistar el poder, el rasgo creativo toma vehículos aún más poderosos. Las masas también, y a la par de sus creaciones, desencadenan su poder destructivo, fundamental en contra del régimen, pues la violencia de las masas es indispensable para la alteración de las estructuras.
La determinación personal como praxis revolucionaria nos lleva a pensar en el problema de las vanguardias políticas, pero al pensar este problema por fuera de la concepción de un grupo de iluminados, necesariamente tenemos que abordar la cuestión el sujeto social y las formas de expresión de las alteraciones espacio temporales y de las relaciones entre economía y política por la determinación personal. Temas que trataremos en los siguientes subapartados y que son elementos de lo que significa la actividad humana como determinación personal para pensar la transición socialista.
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IV. 1.– EL CONCEPTO DE PUEBLO
FMH utilizó el concepto pueblo para referirse al sujeto social de la transformación. Sin polemizar con las concepciones que ubican al proletariado como el único sujeto de la revolución, pero sí indicando que los elementos que Karl Marx le reconoció no tienen un sustento teórico fuerte98. El pueblo, desde la posición marxista de FMH, implica también el concepto de lucha de clases y su estudio del movimiento histórico, no sólo de la estructura económica99.
El pueblo es un grupo social en condiciones históricamente determinadas, que se ubica frente a otros grupos sociales antagónicos y que ejercen una dominación sobre él. El pueblo se define sobre todo por su oposición a otro grupo, no por una estratificación social. Tiene más identificación a partir de la oposición del enemigo que de sí mismo y es un sujeto dinámico que no se da de una vez y para siempre, sino que varía en composición, rasgos y motivaciones. El concepto se refiere a la existencia y el desarrollo de un movimiento histórico dado y a las luchas sociales en las que un grupo determinado participa.
Según nuestro autor, pueblo puede tener algunos problemas conceptuales por el reiterado uso político que se hace de él, especialmente en los dos últimos siglos, pero los movimientos revolucionarios del siglo XX lo utilizaron y re elaboraron, una y otra vez, porque en sus prácticas se vieron envueltos en las confrontaciones sociales aludidas por este. Casos como la revolución mexicana, los planteamientos de Mao Tse-tung de los años veinte, la revolución sandinista y la vietnamita y, sobre todo, la experiencia cubana que desde muy temprano –en 1953– con la defensa de Fidel Castro en La Historia me absolverá100 nutren este concepto,101 frente a las teorías permeadas por el colonialismo, que resultan insuficientes y poco apropiadas para estudiar las estructuras sociales y los sistemas de dominación en América Latina.
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IV. 2.– TIEMPO Y ESPACIO
Por ser la transición socialista una ruptura histórica, el tiempo y el espacio resultan drásticamente alterados. El tiempo se condensa y el espacio se subvierte y redefine, aunque a la posteridad parezcan como parte del curso natural del desarrollo social. El determinismo y positivismo juegan un papel primordial para sostener esta confusión, aferrados a los datos duros, apelan en todo momento a confirmar la imposibilidad de que se realice una revolución. El tiempo y el espacio aparecen como límites de la acción. Y si aquella ocurre, la misma ciencia positiva se ve obligada a presentarlas como si hubieran cumplido las leyes de la historia.102
Todas las revoluciones son excepcionales, ya lo hemos dicho. Dada la importancia que tienen para quienes las estudian o se empeñan en desatarlas, es común que se resalten los momentos en que estas ocurrieron y se dejen de lado, casi invisibles los tiempos en que no. Sobre esto dice FMH:
“La vida de las sociedades no puede comprenderse sin conocer las largas etapas de conservación y de evolución, los “pisos” –que diría Braudel– de sus específicas realidades y el contenido de la hegemonía de las clases dominantes y el consenso consiguiente de las mayorías; es decir, el orden vigente, al parecer intangible, contra el cual interrumpen trepadoras las revoluciones”103.
Las coyunturas no hacen posibles a las revoluciones. Sólo pueden hacerlas más o menos favorables. Si bien el autor repite en varios textos la formulación: “Si se deja pasar el tren del cambio histórico, hay que esperar el próximo, y el siguiente tren puede tardar 20 o 25 años, porque esos trenes no son diarios, ni anuales”104, esto no tiene que ver con una espera pasiva o el ejercicio de dilucidación de un tiempo adecuado, sino en una lucha contra el “posibilismo”, defendiendo la necesidad de sostener el horizonte revolucionario, porque de no hacerlo, la gente se va quedando ciega, no logrará entender su realidad y renunciará a actuar. Una lectura incorrecta de la realidad impide que la determinación personal entre en escena en el momento que se considera necesario, renunciando –según la metáfora– se termine por renunciar a montarse en el tren.
La densidad del tiempo de la revolución refleja que la medición del tiempo en una revolución no puede ser igual al que se hace en los demás momentos de la vida social. Condensación es lo contrario a la larga duración –casi imperceptible– en que la historia se va alterando. En la revolución, lo que podría ser la maduración de condiciones, de pronto se convierte en el momento en que fue necesario tomar las decisiones de victoria o derrota. Lo que parecía ser el crecimiento cultural de un gran grupo social, que tiene que ser siempre paulatino, se altera súbitamente, creciendo o desapareciendo. La condensación del tiempo produce efectos que pueden ser tan grandes, drásticos y duraderos que pueden parecer permanentes y que desde las personas se perciben como naturales. El tiempo puede ser agitado –corto en la insurrección y dilatado en la transición socialista105. El espacio –tomando como unidad tiempo-espacio y sólo diferenciándolos para su estudio– es alterado y resignificado en sus dimensiones “corporales”: de personas, familias, sociedad y de territorios: “el teatro principal de los trabajos y las luchas de revolución es el nacional, pero la victoria perdurable o definitiva será la internacional”.106
Para FMH en tiempos “normales” la gente tiene una conciencia temporal acotada al inmediatismo que imprime la reproducción social y que es reducida al espacio de lo personal-familiar. En las revoluciones la gente sencilla cambia sus percepciones. El tiempo empieza a ser trascendente. Esta entidad le permite soñar, imaginar y proyectar su vida. La idea de futuro, que solía ser muy limitada, se abre a un horizonte mayor y se expresa en frases populares tan simples como esto no lo voy a ver, pero mis hijos o mis nietos sí, exhibiendo una alegría y confianza en que las deseos van a realizarse. El pasado también sufre alteraciones. Lo que antes se limitaba en el espacio y tiempo a algunos recuerdos familiares y, a lo mucho a nociones de una identidad nacional popular a partir de refranes, canciones populares y otros elementos simbólicos más, se altera. El pasado se convierte en lo que hubo para que hubiera presente y el presente en lo anhelado en el pasado107.
La experiencia cubana es –en esto también– la gran maestra de este aprendizaje.108 Desde los primeros días en frases tan simples como Martí te lo prometió y Fidel te lo cumplió, como reza el poema de Nicolás Guillén109, o la enunciación de Fidel en los días decisivos esta vez los mambises sí entrarán a Santiago se muestra ya una visión profunda de las alteraciones del tiempo por la revolución. A medida que ha transcurrido el proceso esto es mayor. Las dimensiones del pasado crecen, aparecen nuevos episodios y personas en la historia. Incluso algunos problemas y desafíos que tiene hoy la revolución cubana tienen que ver con logros del proceso que aparecen, para las nuevas generaciones como cuestiones naturales,110incluso ni siquiera llegan a advertir que sin revolución y frente a la dinámica del capitalismo mundial, serían impensables.
Las ciencias sociales y los estudios críticos muestran una debilidad muy fuerte al negarse a investigar sobre estas particularidades y constantes del proceso revolucionario cubano, que son básicas para la comprensión no lineal del tiempo en la historia y para la acción política. Las lecciones de este proceso de transición tan largo en el tiempo son fundamentales para las ciencias sociales.
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IV. 3.– POLÍTICA Y ECONOMÍA
Las tensiones y relaciones entre lo político y lo económico constituyen una especie de entramado que sintetiza praxis, determinación personal y proceso de transición socialista. Las alteraciones espaciales y temporales de lo social están determinadas por grupos sociales que actúan políticamente subvirtiendo las estructuras económicas. El predominio de lo político sobre lo económico es un elemento fundamental de la concepción de la transición socialista que plantea FMH.
En el pensamiento social –marxista y no– las corrientes dominantes privilegiaron la dimensión económica y por ello, los retos del socialismo quedaron seriamente afectados. Para el autor, la economía no tiene ningún papel rector en la revolución, ni siquiera como última instancia111, pues lo que decide la economía es el funcionamiento de los regímenes de dominación112. “La actuación revolucionaria […] exige el predominio del factor subjetivo en las revoluciones, mientras que en la época de la vigencia del capitalismo ha predominado el factor objetivo”.113 La acción política es lo determinante, “los revolucionarios van a forzar la estructura social, no ayudar a su evolución; los anticapitalistas deben ser capaces de crear el carácter de la revolución, en vez de guiar su actuación a partir de un presupuesto carácter que ella debe tener”.114
La centralidad está en lo político. Los pueblos están forzados a tomar el poder. La acción política debe desarrollar esa centralidad. Esto no quiere decir que lo exclusivamente determinante sean las personas y las vanguardias. Lo subjetivo puede alterar la historia en la medida en que se hace movimiento histórico. En el caso cubano, la acción del Movimiento 26 de Julio trascendió porque las fuerzas populares movilizadas contra la dictadura “podían y querían desatarse para rehacer su vida y crear un nuevo país y reconocieron en la Revolución y su liderazgo el vehículo idóneo para lograrlo”115. FMH insiste en el papel de la organización y las personas que lo lograron: “Fidel y sus compañeros habían subvertido con su práctica no solo el orden dictatorial neocolonial, sino también el límite de los pensamientos posibles en el campo revolucionario”116. La revolución de 1959:
[…] no fue consecuencia de una crisis irremediable de la estructura económica y social, sino de una praxis que fue capaz de violentar a fondo lo que se estimaba posible y crear un medio nuevo en el que el poder revolucionario y el espíritu libertario popular transformaron al país y a las personas involucradas, a un grado tan alto, que vencieron al capitalismo y al dominio imperialista117.
¿Qué significa el dominio de lo subjetivo en la historia? ¿Qué puede demostrar que la política altere la estructura económica? ¿En qué puede diferenciarse una modificación socialista respecto a una capitalista? Con una formulación muy simple –en apariencia– pone énfasis en que determinadas acciones políticas impactan y alteran las condiciones económicas:
“Con el acceso masivo al empleo, a ingresos decorosos, al consumo básico a los servicios se produce una transformación radical de las relaciones reales entre el sistema económico y la población, que impacta tanto a las realidades materiales como a las realidades ideales”118.
Sólo miradas estas enunciaciones desde una óptica eurocéntrica, en la que el estadio más desarrollado del capitalismo es la frontera, se colocará lo enunciado como una forma de keynesia- nismo o poskeynesianismo, negando el papel e impacto para la gente de estas realidades, y reduciendo –falseando y sin comprender– estas medidas a concebir que en Cuba opera un capitalismo de Estado.
A partir de la construcción del socialismo basada en la economía no se llegará al socialismo. Sólo un poder socialista y las violentaciones sucesivas podrán lograr cambios cualitativos de la economía. Resulta erróneo identificar etapas primeras e intermedias de la transición socialista por el supuesto predominio de tareas o métodos presocialistas, y no por el grado y profundidad en que se enfrentan las contradicciones centrales del régimen119.
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IV. 4.– HACER POLÍTICA SOCIALISTA
Por lo general, cuando un intelectual plantea una reflexión en torno a la lucha por el poder político se suele referir a objetivos poco ambiciosos y limitados, negando de fondo la importancia del poder político y la importancia del Estado. Usualmente terminan promoviendo versiones disminuidas de la política que rechazan la toma del poder. Renuncian a pensar la lucha por expropiar todo el poder. Desdibujan los elementos básicos de la dominación al ubicar el problema en espacios micro, individuales o al enaltecer la condición inmediata de los oprimidos. Se rinden ante la victoria cultural del capitalismo que insiste que la política es un asunto de gente perversa, que sólo quienes usualmente ocupan esos cargos están dispuestos a sacrificarse para asumir ese rol y ayudar así a los desposeídos, al expropiarles su poder, para que no degeneren por su ejercicio.
Sin negar las diferencias que pudiesen hacerse entre la política y lo político, FMH no distinguía predominios, ni hizo diferencias entre una política de abajo, una meso política y una alta política. Postuló que la política necesaria para los tiempos actuales debía asumir con eficacia objetivos reales de liberación, anticapitalistas y socialistas.
Solo “si persigue esos objetivos podrá plantearse, a la vez, transformaciones profundas de las relaciones entre lo social y lo político”120. Dice nuestro autor que la frase «nuevas formas de hacer política» debe ser realmente usada para hacer política y no para renunciar a ella. Debe concentrarse en reunir una fuerza social amplia para luchar por expropiar todo el poder y –a diferencia de la frase que pusieron en boga los neo zapatistas mexicanos de mandar obedeciendo– la política socialista debe de mandar mandando para acabar con todo mando121.
En el momento actual hacer política socialista es indisociable de dar una batalla cultural. Generar una cultura de liberación y combinar lo que pueden ser objetivos “máximos” o “finales” con la actividad cotidiana y con decisiones coyunturales122.
En materia de lo económico, la política socialista tiene que comprender que ella implica un paso atrás respecto del capitalismo, nos dice FMH. No sólo porque sale de la lógica del progresismo burgués, sino porque, nacida de circunstancias de subdesarrollo y de oposición a la dinámica económica dominante a nivel mundial, las tareas políticas respecto a la economía tienen que sujetarse a una planificación y a esfuerzos por romper con el proceso de valorización del valor, por lo que, en relación al desarrollo capitalista, las medidas necesarias no aparecerán como superiores, sino como elementos de “retroceso”. La puesta en subordinación de la economía al mando de los sujetos conlleva rechazar ideas tales como “alcanzar” y “superar” al capitalismo, comparaciones mediante datos económicos escogidos, imitaciones “legislativas” del capitalismo, pues son salidas erróneas y artificiosas, y expresan desorientación acerca de la naturaleza y los fines del socialismo. Para FMH el “paso atrás” es real, forma parte de la revolución y la transición socialista, y debe ser “contrapesado con creces con una marcha hacia adelante de la condición humana y de la sociedad cualitativamente superior, que hay que defender, mantener y desarrollar”123. En la planificación socialista como paso atrás, la posición de Ernesto Che Guevara en la revolución cubana es la base ejemplar. Su estudio sobre él, en el periodo de rectificación de errores, tenía por objeto comprender la necesidad del paso atrás para no caer en una dinámica en la que, so pretexto de la emulación o la superación, se desatara un proceso económico hacia el capitalismo124.
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IV. 4.– CONCIENCIA Y POLÍTICA
Del marxismo del ser y su conciencia se derivan tres determinaciones enlazadas desde lo más general a una axiomática del mundo y están puestas como una fundamentación de la construcción del socialismo: el ser social determina la conciencia social, las fuerzas productivas determinan las relaciones de producción y el modo de producción determina la superestructura.125 Esas tres determinaciones son erróneas por dejar de lado el papel primordial de la actividad humana por encima del ser social y justifican el reformismo que reza es que yo no puedo todavía (el reformismo –aclara nuestro autor– es sólo de quienes aún no logran tomar el poder). Y en el caso de un país que está en transición socialista, apelar a la construcción del socialismo por el desarrollo de la base técnica material abre una brecha insalvable entre la teoría y la práctica, pues la práctica ha sido la violentación de las condiciones de existencia, mientras que esa teoría ordena atenerse a las condiciones de existencia.
La transición socialista como oposición a la construcción, privilegiando la lucha cultural y el cambio de las personas, requiere junto a la lucha política en sentido estricto, asumir el problema de la conciencia de modo distinto al que dice que ella está determinada por el ser social. Ernesto Che Guevara es el pensador que expuso diáfanamente esto y FMH uno de los estudiosos que lograron captarlo. Nos dice que para el Che: 1) La conciencia es la palanca fundamental, el arma para lograr que las fuerzas productivas y las relaciones de producción sociales dejen de ser medios para perpetuar las dominaciones. 2) La conciencia es una fuerza real que tiende a crecer y reproducirse si el trabajo revolucionario es eficaz, y mediante cuya acción el régimen de transición socialista puede avanzar en todos sus niveles. 3) Conciencia es la comprensión que los hombres van alcanzando de los hechos económicos, y el grado en que realmente los dominan126. 4) La conciencia es la única opción posible para alcanzar el socialismo en nuestras condiciones y en el mundo que vivimos.127
El trabajo de esta conciencia debe hacerse, según el Che, a través de actividades organizadas en las que las personas obtengan cambios de sí mismas y del orden moral y de conciencia de la sociedad, que son imprescindibles para avanzar en el socialismo. Que tienda a predominar una nueva actitud ante el trabajo superior a la que se “corresponde” con el nivel económico y social alcanzado, que es requisito además para que no se estanque el proceso; que se influya directamente sobre el aumento de la producción y el avance de la economía en su conjunto; que se vayan creando y haciendo palpables las bases del futuro.128
La conversión de la conciencia socialista en un fenómeno de masas y su profundización socialista y comunista tiene que ser un proceso simultáneo a la construcción económica, requisito para que sean posibles ambas.
Sólo si se consigue desatar las fuerzas humanas, productivas y de todo tipo, en un cauce que no las frene sino que las estimule, organice y promueva, podrá obtenerse bienes y servicios básicos suficientes para que la Revolución sea una realidad palpable y satisfactoria de las necesidades, y para que su modo de producción sea viable; al mismo tiempo, solo de esa manera podrán se vencidos los formidables obstáculos que esperan a la Revolución en todos los terrenos, para cumplir sus objetivos más mediatos. Para lograr la transición socialista es indispensable un proyecto comunista129.
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V. CIERRE
FMH revolucionario y comunista cubano, en la misma senda del Che, Fidel y aquellos que hace 100 años le abrieron, por vez primera, espacio real en esta tierra al socialismo, consagró su vida a la realización de un proyecto de liberación total. Su obra nos abre una puerta para pensar el mundo desde América Latina y los desafíos de su subversión rompiendo con las estructuras sociales y del pensamiento que se aferran a prestarlo como imposible.
En la nota “Al lector” de un libro que aún permanece inédito, por esa suerte que a sus obras le tocaba vivir, Fernando Martínez Heredia escribió: “Debajo de la calma aparente de los días y las semanas que se suceden, está transcurriendo en Cuba una coyuntura crucial, en la que se forman paulatinamente los materiales para un desenlace ulterior que será trascendental.”130. Su muerte aconteció en medio de esa calma aparente. En el desenlace ulterior, estará por afirmarse, en su caso, la vigencia de la máxima martiana: la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida131.
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Bibliografía:
Guevara, E. (1968) “El socialismo y el hombre en Cuba” en Pensamiento Crítico (Cuba), N° 14, marzo.
Fornet, A. (2015) “El quinquenio gris: revisitando el término” en Hernández, J. (comp.) Antología del pensamiento crítico cubano contemporáneo (Buenos Aires: CLACSO).
Kowalewsky, M. (1969) “El papel de la guerra revolucionaria en el desarrollo de la cultura” en Pensamiento Crítico (Cuba: La Habana), N° 28, mayo.
Massón, C. (comp.) 2013 Comunismo, socialismo y nacionalismo en Cuba (1920-1958) (La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana J. Marinello).
Pogolotti, G. (comp.) 2006 Polémicas culturales de los 60 (La Habana: Letras cubanas).
Sader, E. 2013 “Entrevista a Fernando Martínez Heredia” en Crítica y Emancipación (Buenos Aires: CLACSO) Año V, N° 9: 105-151, primer semestre.
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NOTAS:
1 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. La Habana, Cuba: Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial, 2010, p. 276
2 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2015, p. 132
3 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, 2010. p. 42
4 Fernando Martínez Heredia: “Socialismo y democracia: una larga historia” en Rosa Luxemburgo. Una rosa roja para el siglo XXI. La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana J. Marinello, 2001, p. 158
5 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. 2010, p. 68
6 Fernando Martínez Heredia: Si breve… Pasajes de la vida y la Revolución. La Habana: Letras cubanas. 2010, p. 137
7 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2015, p. 300
8 Ibídem.
9 Fernando Martínez Heredia: “Claves del anticapitalismo y el antimperialismo hoy. Las visiones de Fidel en los nuevos escenarios de lucha”, Ponencia presentada en La Habana, Cuba, 11 de enero, 2017
10 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Melbourne: Ocean Sur. 2006, pp. 176-177
11 Ibídem
12 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2015, pp. 299-300
13 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. La Habana, Cuba: Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. 2010, p. 129
14 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2015, p. 47
15 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. México. Ocean Press-Ocean Sur. 2008, p. 2 y ss.
16 Ibídem, p. 21
17 Ibídem, p. 15
18 Ibídem, p. 16-17
19 Fernando Martínez Heredia: Si breve… Pasajes de la vida y la Revolución. La Habana: Letras cubanas. 2010, p. 214
20 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. México. Ocean Press-Ocean Sur. 2008, p. 10-11
21 Fernando Martínez Heredia: Si breve… Pasajes de la vida y la Revolución. La Habana: Letras cubanas. 2010, p. 127
22 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. México. Ocean Press-Ocean Sur. 2008, p. 14
23 Ibídem, p. 16
24 En “Visión cubana del socialismo y la liberación” cuestiona el planteamiento de Vania Bambirra sobre las etapas, niega que en la Revolución cubana ocurrió, primero, una lucha de liberación nacional y luego una socialista. Ver: Fernando Martínez Heredia: Andando en la Historia. Instituto Cubano de Investigación Cultural J. Marinello / Ruth Casa editorial. La Habana. 2009, p. 40
25 Fernando Martínez Heredia: Andando en la Historia. Instituto Cubano de Investigación Cultural J. Marinello / Ruth Casa editorial. La Habana. 2009, p. 232
26 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 173
27 Ibídem, p. 224
28 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 15 de octubre, 2016. Mimeo.
29 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. Ocean Press-Ocean Sur. México. 2008, p. 25
30 Él mismo tiene claro que, aparentemente y hasta ahora, es el único caso de transición socialista: “A cuarenta años de Pensamiento Crítico” en Martínez, Fernando (comp.) La crítica en tiempos de Revolución. Antología de textos de Pensamiento Crítico. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, p. 136 y ss.
31 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. Ocean Press-Ocean Sur. México. 2008, p. 18
32 Ibídem, p. 18
33 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur, Melbourne. p. 102
34 Ibídem, p. 232
35 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 20 de Enero, 2017. Mimeo.
36 Fernando Martínez Heredia: A viva voz. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2010, p. 136 y ss.
37 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. Ocean Press-Ocean Sur. México. 2008, p. 19
38 Ibídem, p. 25; (énfasis propio)
39 FMH desde muy joven se mantuvo en contra de la idea de construcción del socialismo. Para una reunión del comité central del Partido Comunista, el 4 de enero de 1966, presentó, a petición de Armando Hart –entonces miembro del Comité Central y del Buró Político del Partido Comunista de Cuba– el texto “Problemas del marxismo como ideología” (el documento de 31 páginas fue extraviado por Hart). En ese documento expuso –según lo que cuenta su autor de memoria–: “El socialismo no puede ser un proceso civilizatorio. Tiene que ser opuesto activa y radicalmente al proceso civilizatorio. Sin embargo, al mismo tiempo, la práctica revolucionaria de los socialistas tiene que incluir todo un conjunto de logros civilizatorios para la gran mayoría (que no los tienen). Tienen que ir juntos los logros de una profunda crítica de la naturaleza de aquello. Porque si no, al final se pierde la batalla”.Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 13 de Diciembre, 2016. Mimeo.
40 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. Ocean Press-Ocean Sur. México. 2008, p. 25
41 “El evolucionismo que influyó tanto en la cultura desde hace un siglo incorporó la creencia en la evolución progresiva de las sociedades a través de la historia, para encontrar, por así decir, una explicación “natural” de lo social […] La introducción en el marxismo de un evolucionismo progresivo […] introdujo el riesgo de perder la diferencia específica de la sociedad capitalista […] y también el de perder la diferencia específica de la propia transición socialista en aspectos de considerable importancia. El régimen de transición es radicalmente diferente a todas las formaciones sociales anteriores”. Desafíos del socialismo en Cuba. Centro de Estudios sobre América. La Habana. 1988, p. 71
42 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 101
43 Ibídem, p. 101
44 Fernando Martínez Heredia: Desafíos del socialismo en Cuba. Centro de Estudios sobre América. La Habana. 1988, p. 17
45 “La transición socialista –que es como le llamo a esta época, porque el comunismo sólo puede ser mundial– no puede vivir si no es capaz de pensar lo que quiere hacer; planear, incluso, algo de lo que quiere hacer, aun si después no le sale bien el planteamiento”. Fernando Martínez Heredia: “A cuarenta años de Pensamiento Crítico” en Crítica y emancipación, Año 1, N° 1. CLACSO. Buenos Aires, pp. 10-11. “La transición socialista debe partir hacia el comunismo desde el primer día, aunque sus actores consuman sus vidas apenas en sus primeras etapas”. Fernando Martínez Heredia: Socialismo. Ocean Press-Ocean Sur. México. 2008, p. 20
46 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 20 de Enero, 2017. Mimeo. Nos referimos a la expresión de Marx: “É uma iluminação universal em que todas as demais cores estão imersas e que as modifica em sua particularidade. É um éter particular que determina o peso específico de toda existência que nele se manifesta”. Karl Marx: (1857-1858) Grundrisse: manuscritos econômicos de 1857-1858: esboços da crítica da economia política. Boitempo / Ed. UFRJ. San Pablo. 2011, pp. 19-59.
47 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 21 de diciembre, 2016. Mimeo.
48 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 102
49 Ibídem, p. 101
50 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 21 de diciembre, 2016. Mimeo.
51 En su sentido más profundo la profundización es: “Una verdadera revolución dentro de la revolución […] No hay nada en este proceso comparable o parecido a la democratización del capitalismo que en numerosos países de América Latina actual se enfrenta, ambigua o angustiosamente, a la terrible crisis coyuntural y la aún más terrible conjunción de estructuras de explotación, dominación, marginalización, subdesarrollo y represión del capitalismo y el imperialismo que atenazan férreamente los intentos de realizar reformas”. Desafíos del socialismo en Cuba. Centro de Estudios sobre América. La Habana. 1988, p. 104-105
52 Fidel Castro Ruz: “Discurso pronunciado por el comandante en jefe Fidel Castro Ruz, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto central por el XX Aniversario de la caída en combate del comandante Ernesto Che Guevara”. Pinar del Río, Versiones Taquigráficas. Consejo de Estado. 1987
53 Ibídem
54 Fernando Martínez Heredia: “El Che y el socialismo de los años 90” en Massari, R. y Martínez, F. (orgs.) Guevara para hoy. Centro de Estudios sobre América / Erre Emme Edizioni, Cuba, pp. 42-44
55 Sólo hasta pocos años de la muerte de Fidel, cuando ya no ostentaba cargos políticos, FMH habló más de las formulaciones teóricas de Fidel en torno a la transición socialista. El Che pudo desarrollar una veta teórica que Fidel no pudo profundizar. Dice sobre Fidel: es uno de los “grandes pensadores de la transición socialista, aunque su producción de educador popular y líder revolucionario no tenga la organización visible que suele encontrarse en las teorías”. Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 239
56 Fernando Martínez Heredia: Desafíos del socialismo en Cuba. Centro de Estudios sobre América. La Habana. 1988
57 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, 2010, p. 56
58 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 63 y ss.
59 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 55
60 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial, La Habana, Cuba, p. 145
61 Ibídem, pp. 63 y ss.
62 Ibídem, pp. 69
63 Ibídem, pp. 63 y ss.
64 Ibídem, pp. 159
65 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 94
66 Karl Marx: (1859) Contribución a la crítica de la economía política. México, Ed. Siglo XXI. 2005
67 Vania Bambirra y Teotonio Dos Santos: La estrategia y táctica socialistas de Marx y Engels a Lenin. México. Ed. Era. 1980
68 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015, p. 51
69 Karl Marx y Friedrich Engels: Lutas de classes na Rússia. Boitempo. San Pablo. 2013
70 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 15 de enero. 2017, Mimeo.
71 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015, p. 142
72 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. 2010
73 “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 15 de enero. 2017, Mimeo. Véase también: “No es fácil siempre entender fuera de Cuba esa dialéctica de poder de sí mismo y poder de la Revolución que aquí está tan arraigada. La forma más habitual y eficaz de expresarla o representársela es referir a Fidel Castro. Para la gran mayoría de la nación, él encarna el origen, la historia del proceso, la sociedad actual en que trabaja y vive, y sobre todo los fines y el proyecto de sociedad a que aspira” Fernando Martínez Heredia: Desafíos del socialismo en Cuba. Centro de Estudios sobre América. La Habana. 1988, p. 39
74 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. 2010, p. 63
75 Fernando Martínez Heredia: A viva voz. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2010, p. 148
76 Ibídem, p. 28
77 Ibídem, p. 178
78 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 40
79 Ibídem, p. 89
80 Ibídem, p. 19
81 Ibídem, p. 19
82 Fernando Martínez Heredia: A viva voz. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2010, pp. 261-262
83 Ibídem, p. 64
84 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 20 de enero. 2017, Mimeo.
85 Fernando Martínez Heredia: El corrimiento hacia el rojo. Letras cubanas / Instituto del Libro. La Habana, p. 85
86 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 84
87 Ibídem, p. 84
88 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 254
89 Fernando Martínez Heredia: El ejercicio de pensar. Ruth Casa editorial / Ciencias Sociales. Cuba. 2010, p. 97
90 El autor cuenta que en una ocasión enlistó nueve dimensiones que conforman la determinación personal. El manuscrito lo perdió y nunca lo desarrolló de nuevo de forma rigurosa, aunque sus escritos están bañados por esa luz Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 15 de enero. 2017, Mimeo
91“A cuarenta años de Pensamiento Crítico” en Martínez, Fernando (comp.) La crítica en tiempos de Revolución. Antología de textos de Pensamiento Crítico. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, p. 208
92 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 230
93 Fernando Martínez Heredia: La revolución cubana del 30. Ensayos. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa Editorial. La Habana. 2012, p. 15
94 Fernando Martínez Heredia: El corrimiento hacia el rojo. Letras cubanas / Instituto del Libro. La Habana. 2001, p. 201
95 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, Cuba, 2010, pp. 104-105, (énfasis propio)
96 Fernando Martínez Heredia: Socialismo. Ocean Press-Ocean Sur. México. 2008, p. 20
97 Fernando Martínez Heredia: A la mitad del camino. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015, p. 211
98 Fernando Martínez Heredia: “Marx y el origen del marxismo” en Pensamiento Crítico, N° 41, junio. Cuba. La Habana, pp. 25-26
99 Cfr. Karl Marx: (1852) O 18 de brumário de Luís Bonaparte. Boitempo. San Pablo. 2011, pp. 142-143
100 Fidel Castro: La historia me absolverá. 1953
101 Un estudio a detalle de este texto se encuentra en Martínez “La noción de pueblo en La Historia me absolverá” en Verde Olivo. Cuba, 18 de noviembre. 1973, pp. 26-29
102 Fernando Martínez Heredia: Cuba en la encrucijada. Editora Política / Ruth Casa editorial. La Habana. 2017
103 Fernando Martínez Heredia: “El proceso revolucionario cubano de 1953-1958 y su significado” en Massón, C. (comp.) Comunismo, socialismo y nacionalismo en Cuba (1920-1958). Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana J. Marinello. La Habana. 2013, p. 34
104 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 59
105 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, Cuba, 2010, p. 123
106 Fernando Martínez Heredia: A viva voz. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, p. 149
107 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 15 de enero. 2017, Mimeo
108 “La revolución convirtió el presente en cambios y el futuro en proyectos. Esta alteración tan profunda de los sentidos del tiempo […] transformó la cotidianeidad de tal modo que hasta ahora solo las formas artísticas han podido transmitir eficazmente la gesta a los que no la vieron”. Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 185
109 Nicolás Guillén: Obra poética. Letras cubanas. La Habana, 2002, pp. 129-130
110 “Lo usual en la historia es que solo algunas generaciones viven cambios sociales e individuales tan profundos y abarcadores que luego quedan registrados en las crónicas y en la Historia como revoluciones; las demás generaciones viven sus vidas, tan llenas de sentido como las de aquellas, pero marcadas solamente por evoluciones, modas y sucesos” Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 183
111 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, Cuba, 2010, p. 66
112 Fernando Martínez Heredia: Andando en la Historia. Instituto Cubano de Investigación Cultural J. Marinello / Ruth Casa editorial. La Habana. 2009, p. 63
113 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, Cuba, 2010, p. 69
114 Fernando Martínez Heredia: La revolución cubana del 30. Ensayos. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa Editorial. La Habana. 2012, p. 112
115 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 97
116 Ibídem
117 Fernando Martínez Heredia: Andando en la Historia. Instituto Cubano de Investigación Cultural J. Marinello / Ruth Casa editorial. La Habana. 2009, p. 6
118 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 233
119 Ibídem, p. 229
120 Ibídem, p. 40
121 Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor”. Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 20 de enero. 2017, Mimeo.
122 Fernando Martínez Heredia: Socialismo, liberación y democracia. En el horno de los noventa. Ocean Sur. Melbourne. 2006, p. 40
123 Ibídem, p. 237
124 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, pp. 78-190
125 FMH usa la referencia en cursivas para hablar de variadas posiciones y no sólo de la dogmática soviética que parten de que el ser social es determinado por la estructura económica. Una vertiente del marxismo crítico “erudito” que apela a un estudio de Marx desde la crítica de la economía política, pero evade el problema central de lo político, debe sentirse también aludido, Fernando Martínez Heredia: “Entrevista para investigación sobre el pensamiento del autor” [Entrevistador: R. M. Sánchez Quiroz. La Habana, Cuba, 15 de enero. Mimeo. En contraposición a esto FMH dice: “la acción consciente y organizada de masas puede ser el motor del desarrollo de las fuerzas productivas”, Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, 2010, p. 142.
126 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, 2010, pp. 79, 81, 189
127 Fernando Martínez Heredia: Desafíos del socialismo en Cuba. Centro de Estudios sobre América. La Habana. 1988, p. 100
128 Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa editorial. La Habana, 2010, pp. 89 y ss.
129 Ibídem, p. 201
130 Fernando Martínez Heredia: Cuba en la encrucijada. Editora Política / Ruth Casa editorial. La Habana. 2017
131 José Martí: (1886) Obras Completas-Edición Crítica. Tomo 3. Centro de Estudios Martianos. Cuba. 2016, p. 94