
El Festival de San Sebastián acogió este 21 de septiembre la jornada «¿Quién tiene derecho a imaginar? Por un audiovisual feminista, antirracista y decolonial», organizada por el Grupo de Trabajo Interterritorial por la Igualdad de Género en el Audiovisual (GTI). Cineastas, productoras, investigadoras y profesionales del sector se reunieron en la Sala 1 de Tabakalera para poner nombre a algo que muchas espectadoras racializadas llevan años señalando: en la industria audiovisual española no solo falta representación delante de las cámaras, falta poder de decisión detrás.

La jornada se abrió con una presentación institucional en la que Jazmín Beirak, directora general de Derechos Culturales del Ministerio de Cultura, lanzó una frase que marcó el tono del día: «el futuro es un acto cultural».
La primera mesa, protagonizada por Dagmary Olívar y Wendy Espinal y moderada por Beatriz Mbula, puso sobre la mesa una pregunta que va más allá del diagnóstico, quién tiene capacidad real de impulsar el cambio y qué mecanismos existen para lograrlo. Se mencionaron experiencias de Brasil, Colombia y Perú como referencias de políticas de diversidad étnico-racial que sí han dado resultados. También se habló del desgaste que supone, para las creadoras racializadas, tener que justificar constantemente la legitimidad de sus propios proyectos. «Queremos tener acceso a construir ese relato y la militancia también nos pasa factura», se compartió durante el encuentro.
La segunda mesa llevó la conversación al terreno de la representación. Xisi Sofía Ye Chen, Herminia Loh, Eva Montoya y Daisy Cruz reflexionaron junto a Lucía G. Romero sobre la falta de referentes con los que crecieron en España. Romero contó que de niña, en Barcelona, se dibujaba a sí misma como blanca, y que solo empezó a representarse con su propio color de piel al compartir aula con otros niños racializados en Brasil. De ahí surgió una de las frases más citadas de la jornada, «la falta de espejos hace que no podamos vernos con claridad».



El debate también tocó el peso de los estereotipos que arrastra la ficción española, desde la criminalización de personajes gitanos y latinoamericanos hasta el estereotipo del «buen migrante» asiático, pasando por el recordado apodo racista del personaje de Osvaldo en Aída. Las participantes distinguieron entre incluir un personaje racializado para cumplir una cuota y construir uno con complejidad real, y nombraron el riesgo de la tokenización, «nuestra inseguridad viene también de preguntarnos si interesa lo que tenemos que decir o si somos un cupo y ya».
Por la tarde, en el Club de Prensa del Kursaal, se presentaron dos investigaciones con datos que respaldan lo hablado en las mesas. Jenifer de la Rosa presentó el informe de CIMA sobre mujeres migrantes y racializadas en el audiovisual español, basado en 47 entrevistas, que documenta personajes secundarios, poco desarrollados y atados a tópicos de origen. Sofia Esteve y Fátima Kamaso presentaron el estudio de Dones Visuals, con 52 entrevistas a mujeres e identidades disidentes con discapacidad, LGTBI o racializadas, que identifica violencia verbal, encasillamiento, acoso laboral y barreras burocráticas como parte de una dinámica estructural, no de casos aislados.
Los primeros datos del Informe CIMA 2025, sobre más de 120 largometrajes inscritos a los Goya, dan la medida exacta del problema. Solo el 9,66% de los intérpretes son personas racializadas. Detrás de cámaras la cifra cae más, el 4,13% de quienes dirigen son racializadas y apenas el 1,65% son directoras racializadas, dos mujeres en total. En guion, las personas no blancas son el 6,25% y las guionistas racializadas apenas el 2,88%, seis profesionales.
La jornada cerró con la lectura colectiva del Manifiesto del GTI, que exige medir y hacer pública la representación étnico-racial, incorporar criterios de diversidad verificables en las ayudas públicas, garantizar comités y jurados plurales, y crear vías de acceso para profesionales racializadas y migrantes del Sur Global a puestos de responsabilidad. La frase que resume el espíritu de la jornada quedó clara desde el manifiesto, «no queremos ser invitadas para hablar de diversidad mientras seguimos fuera de los espacios donde se decide».
Redacción Afroféminas

