Mientras Trump/Netanyahu amenazan al mundo en ONU, lucha de clases crece en todas partes

Tom Hall

Manifestantes antigubernamentales protestan en Plaza de Mayo, sosteniendo letras que forman la palabra “Bronca”, en Buenos Aires, Argentina, el sábado 19 de septiembre de 2026. [AP Photo/Rodrigo Abd] [AP Photo/Rodrigo Abd]

Mientras los representantes de los Estados nacionales capitalistas se reunían esta semana en las Naciones Unidas para preparar una escalada de la guerra, otra fuerza se hacía sentir en un creciente movimiento de la clase trabajadora en todos los continentes.

La 81.ª Asamblea General fue un festival de militarismo y reacción. Donald Trump amenazó con “aniquilar” a Irán, reafirmó el control del petróleo de Venezuela —“al vencedor pertenecen los despojos”— y el “control permanente” sobre Groenlandia, y declaró que “el comunismo nunca llegará a Estados Unidos”. Zelensky exigió una escalada de la guerra contra Rusia, que posee armas nucleares. Dos días después, Netanyahu celebró las guerras y los asesinatos de Israel en todo el Oriente Próximo, denunció a las delegaciones que se retiraron como “cobardes morales” y pidió el derrocamiento del Gobierno iraní.

Al mismo tiempo, la clase trabajadora —unida internacionalmente por la producción mundial— está comenzando a hacerse valer. Dentro de este movimiento, crece el impulso hacia la unidad más allá de las fronteras nacionales.

A comienzos de este mes, unos 300 camioneros mexicanos cerraron el cruce comercial entre Mexicali y Calexico en protesta contra la revocación por parte de la administración Trump de más de 25.000 visas de camioneros binacionales, aproximadamente una quinta parte de la fuerza laboral. El bloqueo se extendió al cruce entre San Luis Río Colorado y Yuma, Arizona. La acción fue organizada a través de un grupo de WhatsApp con más de 1.000 conductores. Del otro lado de la frontera, circulan llamados entre los camioneros estadounidenses a realizar un paro laboral el 1 de octubre, principalmente debido al costo del diésel, que ahora supera los 6,50 dólares por galón.

En otras partes de Norteamérica, los trabajadores de National Steel Car en Hamilton, Ontario, Canadá, entran en la séptima semana de una huelga centrada en los salarios, la seguridad y un sistema de trabajo a destajo que se cobró la vida de tres trabajadores. Los miembros de una unidad de trabajadores de la salud de Saskatchewan, de 14.000 integrantes, votaron 99 por ciento a favor de medidas de fuerza después de años sin aumento salarial.

En United Airlines, los técnicos de mantenimiento en Estados Unidos rechazaron la semana pasada por un 53,5 por ciento un contrato respaldado por los Teamsters, con más de 9.000 trabajadores emitiendo su voto; fue el segundo rechazo en dos años. Los músicos de la Orquesta de Cleveland se declararon en huelga el viernes por segunda vez en la historia de la orquesta debido a salarios que han quedado rezagados frente a la inflación. En el Brigham and Women’s Hospital de Boston, 2.986 enfermeras votaron el jueves a favor de autorizar una huelga por tiempo indefinido, mientras que solo 215 votaron en contra.

En Argentina, más de 350 organizaciones convocaron la “Marcha de la Bronca” del 19 de septiembre contra el programa de austeridad del Gobierno de Milei, llevando a decenas de miles de personas a la Plaza de Mayo mientras una misión del FMI llegaba a Buenos Aires. Entre sus demandas figuraban aumentos salariales y de las pensiones, una prohibición de los despidos, la derogación de la reforma laboral, el no pago de la deuda externa y una ruptura con el Fondo Monetario Internacional. Los organizadores llamaron a la coordinación “desde abajo” en los lugares de trabajo, escuelas, universidades y hospitales y exigieron una huelga general a las centrales sindicales CGT y CTA, que se negaron a respaldar la marcha.

Esta semana, los trabajadores del transporte de Kenia se declararon en huelga por los precios del combustible; los trabajadores de Hyundai en Corea del Sur se prepararon para una huelga de un día; 15.000 docentes estonios abandonaron sus puestos el 22 de septiembre. Las protestas por los precios del combustible se han extendido por Siria, donde las mayores manifestaciones desde la caída de Assad siguieron a un aumento del 40 por ciento en el precio del diésel, así como por Guatemala, Filipinas y Francia.

La guerra concentra todas las condiciones que alimentan las protestas sociales y la lucha de clases. Hace repercutir los costos energéticos en toda la economía mundial, eleva las tasas de interés, acelera los ataques contra el gasto público y exige la reorganización de la industria para la producción militar. Plantea en su forma más aguda la imposibilidad de resolver las condiciones que enfrentan los trabajadores dentro de las fronteras nacionales.

Alemania está preparando casi 152.000 millones de euros en gasto militar y relacionado con la guerra para 2027 —un aumento del 57 por ciento en un solo año— incluso cuando su industria automotriz ha eliminado 142.500 empleos desde 2018, más de 42.000 de ellos en los doce meses hasta junio, y el Gobierno impone amplios recortes sociales. En Estados Unidos, Trump exige un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares, mientras la administración ha cancelado la cobertura de la Ley de Atención Médica Asequible para 760.000 personas y más de 5 millones han perdido los cupones de alimentos.

Las propias guerras están impulsadas por la lucha por los mercados, las materias primas y las cadenas de suministro, y por el intento de superar una situación económica insostenible y montañas de deuda impagable mediante la apropiación y el saqueo. Las mismas clases dominantes que libran esta lucha en el exterior imponen despidos, austeridad y una explotación intensificada a los trabajadores en el interior.

En estos procesos paralelos de guerra imperialista y lucha de clases, la burocracia sindical se alinea con la guerra. Después de décadas de imponer acuerdos entreguistas e integrarse con la gerencia y los partidos capitalistas, el aparato está siendo arrastrado directamente a la movilización económica y política para la guerra y busca integrarse al Estado capitalista nacional y a su estrategia militar.

En la conferencia del Programa de Acción Comunitaria de Michigan de la UAW de la semana pasada, Shawn Fain y Abdul El-Sayed, candidato al Senado respaldado por el DSA, criticaron a Trump por la derecha por decir que los fabricantes de automóviles chinos podrían construir plantas en Estados Unidos, invocando los “empleos estadounidenses” y la “seguridad nacional”. En Alemania, IG Metall respalda la conversión de plantas automotrices amenazadas de cierre a la producción de armamento; su vicepresidente, Jürgen Kerner, ha dicho que la preocupación del sindicato es participar “desde el principio” en la transición.

La mentira fundamental promovida por la burocracia es que los capitalistas y los trabajadores de cada país están unidos por un interés “nacional”. En realidad, la producción ha integrado internacionalmente a los trabajadores de una manera sin precedentes, mientras que las organizaciones que afirman representarlos ayudan a enfrentar a los trabajadores de un país contra los de otro. A los trabajadores mexicanos se les dice que los trabajadores estadounidenses son sus competidores; a los trabajadores estadounidenses se les dice que sus empleos dependen de los aranceles contra los trabajadores del extranjero.

Las organizaciones de la pseudoizquierda trabajan deliberadamente para desorientar este giro a la izquierda, defendiendo el nacionalismo y el Estado capitalista en un rumbo que las lleva cada vez más a una alianza con la extrema derecha. Bernie Sanders apareció en el mismo escenario que Steve Bannon, exasesor de Trump, el 15 de septiembre en la “Pro-Human Assembly” sobre inteligencia artificial. Mamdani recibió a Trump en Gracie Mansion el día antes de que Trump amenazara con “aniquilar” a Irán en la ONU, negó haber “alentado” las protestas contra Netanyahu y presidió el arresto de 103 manifestantes por parte de la policía neoyorquina mientras Netanyahu hablaba.

Pero mientras estas fuerzas trabajan para contener a la clase trabajadora, el poder objetivo de los trabajadores ha sido transformado por décadas de producción globalizada y nunca ha sido mayor.

El creciente reconocimiento de la necesidad de la unidad más allá de las fronteras nacionales y de una organización independiente encontró una expresión consciente el 20 de septiembre, cuando trabajadores de Estados Unidos, Canadá, México y Noruega participaron en una reunión en línea con el trabajador de Mack Trucks y candidato a la presidencia del UAW, Will Lehman.

La reunión, “Por el poder de las bases y la unidad internacional de la clase trabajadora”, fue copatrocinada por la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) y reunió a oradores de comités de base de Norteamérica y Europa para discutir una estrategia global contra los despidos, la guerra comercial, el militarismo y la dictadura. Entre los participantes había un trabajador en huelga de National Steel Car, un trabajador de la filial de Volkswagen MAN en Noruega, un trabajador de General Motors de Silao, México, y trabajadores de la industria automotriz y del servicio postal de Estados Unidos.

Una reunión de este tipo es la forma inicial y todavía limitada de un movimiento cuyos fundamentos objetivos son inmensos. En su informe de apertura al Noveno Congreso del Partido Socialista por la Igualdad, David North escribió que la producción mundial ha extendido “la fábrica … por todo el planeta”, mientras que “la fuerza laboral mundial asciende actualmente a unos tres mil quinientos millones de personas, la mayor fuerza social jamás reunida en la historia”.

Concluyó:

Una fuerza social de tres mil quinientos millones de personas, concentrada en las ciudades, unida por el aparato productivo más integrado jamás creado y enfrentada simultáneamente a la guerra mundial, la dictadura y la miseria social, no está siendo convocada por la historia para una protesta. Está siendo convocada para la transformación social más profunda jamás emprendida: la revolución socialista mundial.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional lucha por dar a este movimiento una forma organizativa consciente a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base, fundada en 2021 para transferir el poder de las burocracias a los propios trabajadores vinculando comités de base entre lugares de trabajo, industrias y fronteras nacionales, liberando a la clase trabajadora de las cadenas del aparato sindical y de los partidos capitalistas. La máxima expresión de esta lucha es el reclutamiento y la formación de los trabajadores con mayor conciencia de clase como marxistas en las secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25/09/2026)