mpr21 Redacción 01/10/26

Se ha escrito mucho sobre la cobertura de la guerra genocida de Israel contra Gaza en los medios de comunicación occidentales tradicionales, y la mayor parte de lo publicado señala un claro sesgo a favor de Israel. Académicos y periodistas han puesto de relieve el sesgo lingüístico en los principales periódicos estadounidenses, la falta de precisión y contexto, así como las presiones internas en redacciones como las de la BBC y la CNN, destinadas a limitar la información crítica sobre Israel.
Sin embargo, se ha prestado menos atención a la evolución de esta cobertura a medida que avanzaba la Guerra de Gaza. Examinar esta evolución permite identificar algunas de las fuerzas que moldean el discurso de los medios convencionales sobre Palestina e Israel, y considerar si es probable que perduren los cambios observados durante el punto álgido de la guerra.
Para determinar si el discurso de los medios estadounidenses de élite evolucionó —y de qué manera— en paralelo al discurso público de Estados Unidos sobre el apoyo a Israel, llevé a cabo un análisis cualitativo de contenido de la sección de opinión del New York Times a lo largo de dos años de intensas hostilidades. La muestra principal constaba de 40 artículos (conjunto de datos disponible aquí) distribuidos equitativamente en cinco períodos temporales: ocho artículos cada seis meses, comenzando el 7 de octubre de 2023 y finalizando el 14 de octubre de 2025.
Me centro en los artículos de opinión en lugar de en la cobertura informativa porque los articulistas están menos sujetos a las convenciones periodísticas de objetividad y, por tanto, ofrecen una perspectiva más clara sobre los cambios en el discurso de las élites.
El análisis revela que, si bien la simpatía hacia los palestinos y las críticas a la conducta de Israel aumentaron con el tiempo, los artículos de opinión del New York Times tardaron considerablemente en reconocer la magnitud de la devastación en Gaza. Palestina permaneció prácticamente ausente y, aunque el discurso evolucionó para permitir ciertas críticas al sistema político y a la sociedad israelíes, las voces influyentes de la sección de opinión del diario se mantuvieron fieles a una visión idealizada de Israel. Además, el análisis examina diversos factores que podrían explicar este cambio —por limitado y lento que fuera—, lo que nos permite reflexionar sobre qué aspectos de dicha transformación podrían perdurar y cuáles podrían resultar meramente transitorios.
Octubre de 2023: ausencia total de contexto palestino
Los artículos publicados inmediatamente después de los ataques del 7 de octubre estuvieron marcados por la conmoción. Cuando se ofrecía una interpretación del ataque, esta se centraba ante todo en que Hamas es una organización terrorista decidida a destruir a Israel. El consejo editorial del New York Times describió el ataque como algo ocurrido “sin previo aviso ni provocación inmediata” y señaló “lo vulnerable que siempre ha sido Israel, y sigue siéndolo, en un momento de creciente antisemitismo mundial”.
Resultaba llamativa la ausencia de debates sobre las quejas palestinas que formaban parte del contexto más amplio en el que se produjo el ataque. La ocupación, el bloqueo de Gaza, los prisioneros palestinos y la violencia de los colonos estuvieron prácticamente ausentes de la muestra analizada.
La mayoría de los articulistas aceptaba que una respuesta militar israelí era inevitable. Las diferencias surgían principalmente en torno a la estrategia. Bret Stephens rechazó los llamamientos a un alto el fuego inmediato, argumentando que servirían para “proteger a los asesinos de las consecuencias y negar a sus víctimas el derecho a una defensa propia eficaz”. Voces más cautelosas, como la de David Harden, advirtieron contra una invasión terrestre, pero principalmente porque esta beneficiaría a Hamas y resultaría costosa para Israel.
Solo Nicholas Kristof planteó un argumento moral sostenido sobre las bajas civiles palestinas que probablemente se derivarían de una ofensiva israelí a gran escala.
Abril de 2024: el sufrimiento palestino queda relegado a un segundo plano
Para abril de 2024 las críticas al gobierno israelí empiezan a surgir como tema en los artículos de opinión del New York Times; sin embargo, en la mayoría de los casos, dichas críticas no se plantean en función de las consecuencias para los palestinos. Por el contrario, se critica al gobierno por no lograr el retorno de los rehenes israelíes, por mostrar una dirección deficiente, por seguir una estrategia militar inútil y por su gestión de las relaciones con Estados Unidos.
La aparición de críticas hacia el gobierno de Netanyahu debe entenderse en su contexto político. Para abril de 2024, la oposición al primer ministro israelí crecía no solo entre sectores de la opinión pública de Israel, sino también dentro del gobierno de Biden, que enfrentaba una creciente presión interna. Como señaló Bret Stephens: “Desear que Netanyahu se vaya es la postura más generalizada posible”.
Sin embargo, la mayoría de los artículos no logran reflejar la magnitud de la indignación mundial ante la guerra. Para entonces, el Tribunal Internacional de Justicia había determinado la existencia de un caso plausible de genocidio, la ONU advertía sobre una hambruna inminente en el norte de Gaza y se habían producido miles de protestas en todo el mundo. Poco después, éstas alcanzarían su punto álgido en Estados Unidos con la ola de campamentos de protesta en los campus universitarios.
Más de 33.000 palestinos habían muerto ya y gran parte de Gaza había sido destruida; no obstante, en la mayoría de los artículos, el sufrimiento palestino se menciona apenas de pasada. Stephens lamentaba el desplazamiento de israelíes en el norte mientras omitía por completo las bajas palestinas. David French se refería al costo humano en Gaza como “una tragedia humana”, pero empleaba un lenguaje mucho más directo al hablar de las muertes de israelíes, describiendo “la masacre de civiles israelíes perpetrada por Hamas”. Benny Morris sostenía que Israel debía seguir adelante con la invasión prevista de Rafah, aun cuando expresaba preocupación por las bajas civiles que conllevaría.
Sin embargo, este conjunto de artículos incluye dos textos que planteaban argumentos contundentes sobre los fallos morales y jurídicos de Israel. Spencer Ackerman argumentaba que “el derecho internacional se opone inequívocamente a lo que Israel está haciendo en Gaza” y destacaba la conclusión del Tribunal Internacional de Justicia de que las acusaciones de genocidio eran plausibles. David Wallace-Wells, al escribir sobre el uso de inteligencia artificial por parte del ejército israelí, sostenía que la devastación en Gaza no debía entenderse como un proceso automatizado, sino como el resultado de decisiones humanas: “un hombre tras una cortina manipulando los interruptores”.
Octubre de 2024: balance del primer aniversario
Entre los artículos que conmemoraban el primer aniversario del 7 de octubre figuraba un conmovedor testimonio personal de Yaffa Adar, una residente de 86 años del kibutz Nir Oz que fue secuestrada por Hamas y permaneció cautiva durante 49 días. Asimismo, se incluyó otro relato personal de Mohammed Aghaalkurdi, un trabajador humanitario palestino desplazado en Jan Yunis. Sostenía que no se debía permitir que el reciente consentimiento de Israel a una campaña de vacunación contra la polio en Gaza sirviera para blanquear su conducta en la guerra.
Había comenzado a surgir un cambio notable. Tras un año de bombardeos continuos y muertes masivas en Gaza, algunos artículos prestaban mayor atención al sufrimiento palestino y ofrecían críticas más contundentes hacia Israel. De hecho, por primera vez en la muestra, las críticas trascendían al gobierno israelí para abarcar aspectos más amplios de la sociedad de Israel. Peter Beinart describió el sistema político israelí como uno “basado explícitamente en la religión y la etnia”. Mairav Zonszein lamentó la indiferencia generalizada en Israel ante el sufrimiento palestino, señalando que “apenas existe indignación por la destrucción indiscriminada de Gaza y la muerte de más de 40.000 personas”.
No obstante, no conviene exagerar la magnitud de estos cambios. En la muestra seguían presentes perspectivas firmemente favorables a Israel. Bret Stephens argumentó que “más le vale al mundo esperar que Israel gane sus guerras contra Hamas, Hezbollah, los huthíes y sus amos de Teherán”. Si bien desaprobaba el uso excesivo de la fuerza por parte del gobierno israelí, Thomas Friedman reafirmó su compromiso con el sionismo, describiendo a Israel como un refugio democrático único.
Primavera de 2025: el descontento con Israel alcanza su punto álgido
Transcurridos dieciocho meses de guerra, las críticas a Israel alcanzaron su nivel más alto en la muestra: siete de los ocho artículos señalaban como responsables a Israel, a Netanyahu o a ambos. Para entonces, Israel había puesto fin a un alto el fuego de seis semanas, bloqueado la entrega de ayuda humanitaria y registrado una cifra de muertos palestinos superior a los 50.000. Gran parte de las críticas se centraban en la catástrofe humanitaria y en la hambruna que sufría la población palestina. Sean Carroll sostuvo que “Israel está utilizando ahora abiertamente la ayuda como herramienta de guerra”.
También persistió la tendencia a formular críticas más amplias a la política israelí, más allá de la guerra en Gaza. Nicholas Kristof puso de relieve la opresión histórica que sufren los cristianos palestinos en Cisjordania, mientras que Mohsen Mahdawi describió cómo creció bajo lo que denominó el “sistema de apartheid de Israel”, relatando la muerte de familiares y amigos a manos de las fuerzas israelíes.
Sin embargo, incluso en medio de críticas más severas, algunos autores siguieron distinguiendo entre la oposición a Netanyahu y la oposición a Israel como Estado. Thomas Friedman criticó duramente al primer ministro, al tiempo que reafirmaba su convicción sobre la “identidad fundamental” de Israel: la de una democracia regida por el Estado de Derecho —proclamada con orgullo— en una región dominada por dirigentes autoritarios.
Otro factor importante que moldeó el discurso fue el regreso de Trump a la Casa Blanca. Seis de los ocho artículos vincularon las críticas a Israel con la inquietud que despertaba Trump. Mahdawi, quien fue detenido por el ICE durante su proceso de obtención de la ciudadanía estadounidense, estableció paralelismos entre la represión que sufrió en Estados Unidos con Trump y la que padeció su familia en Israel. Friedman sostuvo que Trump y Netanyahu compartían una trayectoria política similar: “Ambos aspiran a ser autócratas”.
Asimismo, criticó que ambos gobiernos utilizaran el antisemitismo como “arma para silenciar o deslegitimar a los críticos”. Este tema apareció por primera vez en la muestra analizada, coincidiendo con la intensificación de los ataques del gobierno de Trump contra las universidades bajo el pretexto de combatir el antisemitismo. Peter Beinart arremetió contra la represión de las voces judías propalestinas en los campus, y Michelle Goldberg denunció “la forma en que los defensores de Israel equiparan con el antisemitismo cualquier crítica al país, salvo las más leves”.
Octubre de 2025: ¿quién ganó? ¿qué sigue?
La última parte de la muestra, publicada tras el acuerdo de alto el fuego, estuvo marcada por una celebración cautelosa. En general, los autores acogieron con satisfacción el fin de las hostilidades, aunque advirtieron que persistían obstáculos importantes, como el futuro de Hamas, la retirada israelí y los mecanismos de gobierno de Gaza.
Algunas de las soluciones propuestas seguían negando la plena capacidad de los palestinos para decidir sobre su propio destino. Friedman, por ejemplo, imaginaba un nuevo mandato sobre Palestina “que combinara la tutela palestina, árabe e internacional sobre el futuro de Gaza. Si funcionara, el acuerdo podría extenderse algún día a Cisjordania”.
No hubo consenso sobre quién había “ganado”. Bret Stephens sostuvo que “los israelíes se unieron y ganaron”, elogiando la negativa de Israel a “ceder ante la incesante presión internacional”. Otros autores argumentaron que Netanyahu había desperdiciado los logros militares al rechazar reiteradamente las soluciones políticas.
La autora israelí Shira Efron sostuvo que el alto el fuego representaba el colapso de la promesa central del gobierno. “Esta ‘victoria’ es en realidad una derrota, una derrota necesaria y bendita”, escribió, ya que el acuerdo contradecía, en última instancia, el objetivo de “victoria total” que el primer ministro había prometido durante dos años.
Los autores: ¿quién marca la pauta?
Además del análisis cualitativo de la muestra principal, se realizó una revisión cuantitativa de los autores de 816 artículos publicados a lo largo de los dos años en la sección de opinión del New York Times. Los colaboradores más prolíficos de estos artículos son los columnistas del New York Times Thomas Friedman (75 artículos), seguido de Nicholas Kristof (66 artículos) y Bret Stephens (64 artículos).
Si bien Friedman critica al gobierno de extrema derecha de Netanyahu y su gestión de la guerra, es un firme defensor del sionismo liberal. Kristof critica tanto a Hamas como al Likud y se le percibe como alguien comprensivo con las reivindicaciones palestinas, aunque sigue comprometido con la legitimidad de Israel. Stephens, exjefe de redacción del Jerusalem Post y defensor de los asentamientos israelíes en Cisjordania, se describe a sí mismo como “un defensor acérrimo” de Israel.
Tan solo por el volumen de sus contribuciones, estos escritores desempeñaron un papel significativo en la configuración del discurso de la sección de opinión del New York Times. A pesar de sus diferencias, se trata de un discurso que permite criticar las políticas de Netanyahu, pero que, por lo general, mantiene un compromiso con Israel.
El corpus también incluye 339 contribuciones de autores invitados; de ellas, 45 provienen de escritores identificados explícitamente como israelíes o residentes en Israel (excluyendo a un autor identificado como ciudadano palestino de Israel), y 19 de escritores identificados como palestinos o residentes en Gaza, Cisjordania o Jerusalén Este.
Si bien la nacionalidad no es un indicador fiable de la postura política, la disparidad sugiere que las perspectivas israelíes gozaron de una visibilidad sustancialmente mayor que las palestinas.
¿Qué impulsa el cambio en el discurso?
Aunque el análisis muestra que el tono de los artículos de opinión del New York Times evolucionó con el tiempo para volverse —dentro de ciertos límites— más comprensivo con los palestinos y más crítico con Israel, persiste una pregunta importante: ¿qué motivó este cambio y cabe esperar que perdure?
Un factor posible es el grado de apoyo interno con el que contaba la dirección israelí. Las crecientes críticas a Netanyahu y a su gobierno en los artículos de la primavera de 2024 coincidieron con un descenso de su popularidad dentro de Israel, lo que sugiere que la legitimidad interna de un gobierno israelí puede influir en la disposición de los articulistas estadounidenses a criticarlo.
Las relaciones entre los gobiernos de Israel y Estados Unidos también parecen influir en el tono de la cobertura. Las tensiones entre Netanyahu y el gobierno de Biden coincidieron con críticas más severas al gobierno israelí durante ese mismo periodo. Esto no resulta sorprendente, dada la orientación política generalmente liberal del New York Times y su postura, por lo general, más favorable hacia el gobierno de Biden. Por el contrario, su postura crítica hacia Trump parece haberse trasladado a la cobertura sobre Netanyahu en la primavera de 2025, a medida que ambos dirigentes se alineaban cada vez más en el plano político.
Asimismo, las tácticas empleadas por Israel también pudieron contribuir a este cambio en el discurso. Las críticas más duras hacia Israel se centraron en el uso deliberado del hambre como arma, algo especialmente evidente a partir de marzo de 2025, cuando el país bloqueó totalmente la entrega de ayuda humanitaria a Gaza. Si bien los escritores afines a Israel intentaron justificar la muerte de decenas de miles de palestinos en ataques militares calificándola de daño colateral, lamentable pero necesario, someter a la población de Gaza a la hambruna resultó, tal vez, demasiado cruel para tolerarlo.
Sin embargo, subyacente a todos estos factores se encontraba la magnitud misma de la destrucción de vidas y propiedades palestinas. Resulta difícil imaginar que el discurso de apoyo incondicional a Israel, predominante inmediatamente después del 7 de octubre, pudiera haberse mantenido inalterado a medida que se desarrollaba el genocidio subsiguiente.
Aunque los factores anteriores están vinculados a acontecimientos concretos ocurridos a lo largo de los dos años de guerra, un factor adicional que podría resultar más duradero es el marcado descenso del apoyo a Israel entre el público estadounidense. El análisis anterior no examina la correlación entre el discurso del New York Times y las encuestas de opinión; no obstante, cabe señalar que, si bien el discurso del Times fue más lento en su evolución y se mantuvo mucho más contenido que el de muchas voces críticas con Israel en Estados Unidos, su trayectoria general siguió la misma dirección: hacia una creciente simpatía por los palestinos y una disminución de la simpatía por Israel. Las encuestas indican que este cambio en el sentimiento público ha persistido —y en algunos casos se ha acelerado— más allá del periodo objeto de estudio (2023-2025). Esto sugiere que al menos algunos de los cambios en el discurso de los medios de comunicación de élite aquí documentados podrían resultar más duraderos que pasajeros.
⟶ Khaled Ezzelarab https://mondoweiss.net/2026/09/the-evolution-of-new-york-times-opinion-on-gaza-from-unconditional-support-to-bounded-criticism/