mpr21 Redacción 06/10/26

Kaliningrado es al Mar Báltico lo que Crimea al Mar Negro. Es el cuartel general de la Flota rusa del Báltico y la base de los misiles rusos Iskander, capaces de transportar ojivas nucleares. Desde la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN, la ciudad se encuentra rodeada por la Alianza, tanto por tierra como por mar.
El estatuto del enclave se estableció en la Conferencia de Potsdam de 1945, que lo incorporó a la URSS. Cualquier acción contra Kaliningrado es un ataque a un territorio cuya pertenencia a Rusia nunca se ha cuestionado desde entonces. La estrategia nuclear rusa contempla una respuesta nuclear ante cualquier agresión convencional que suponga una amenaza crítica para su integridad territorial.
Como hemos denunciado en numerosas ocasiones, en el derecho internacional un bloqueo es una declaración de guerra y las potencias occidentales no sólo están imponiendo un bloqueo a Rusia, sino que cada día estrechan el cerco un poco más, tanto en el Báltico, como en el Mar del Norte, en el Ártico y, por cierto, en el Mediterráneo.
La crisis de Ceuta forma parte de ese intento por cerrar el Mediterráneo a Rusia en el Estrecho de Gibraltar.
Para que no quepan dudas al respecto, en 1974 la Asamblea General de la ONU incluyó “el bloqueo de los puertos o de las costas de un Estado por las fuerzas armadas de otro Estado” como una forma de agresión.
A mediados de agosto, decenas de aviones de la OTAN llevaron a cabo una operación militar en Kaliningrado. La operación demostró su capacidad para interrumpir las comunicaciones por radio y radar, así como para neutralizar las defensas aéreas de la zona.
El 11 de septiembre, el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radoslaw Sikorski, declaró sobre Kaliningrado: “No debemos considerar que nuestro enfrentamiento con Rusia se limita a Ucrania”. Propuso que la OTAN realizara de ejercicios militares en Kaliningrado para que Moscú no albergara dudas sobre nuestras intenciones.
Los cabecillas europeos no esconden sus intenciones. El objetivo del cerco a Kaliningrado es obvio: “Putin debe sentir que la guerra amenaza a la propia Rusia”, declaró la semana pasada el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius.
Esta estrategia delirante no sólo explica el cerco a Kaliningrado, sino también los ataques en profundidad contra el territorio ruso.