Legado expoliado de Marivent: sueño artístico que acabó en okupación borbónica

LoQueSomos

El legado expoliado de Marivent: un sueño artístico que acabó en okupación borbónica

Por Iñaki Alrui*

El palacio que Ioannes Saridakis regaló al pueblo de Mallorca para que fuera un museo gratuito cumple medio siglo como morada estival de la monarquía. Una okupación ilegal que no se denuncia en los mass media…

En la bahía de Palma, sobre un acantilado que domina el Mediterráneo, se alza una finca de ensueño. Sus jardines evocan el Edén, y desde sus terrazas la vista se pierde en un horizonte que va desde Cap Blanc hasta Illetes. Este escenario idílico, sin embargo, es también el epicentro de una historia de despojo que ya cumple medio siglo.

Marivent no siempre fue sinónimo de monarquía borbonica. Antes de que los Borbones convirtieran sus estancias en su refugio veraniego, fue el sueño hecho realidad de un hombre apasionado por el arte. Y hoy, mientras la familia real disfruta de sus jardines bajo la atenta mirada de las fuerzas de seguridad, miles de mallorquines se preguntan: ¿cómo es posible que un regalo al pueblo haya terminado siendo un bien privado de la Corona?

El sueño de Saridakis

Ioannes Saridakis nació en Alejandría en 1877, hijo de una familia griega asentada en Egipto. Ingeniero de minas de profesión, amasó una considerable fortuna trabajando en las minas de cobre de Chile, pero su verdadera pasión siempre fue el arte. Fue pintor, coleccionista y mecenas, un hombre que prefería empuñar los pinceles que calcular distancias.

Su llegada a Mallorca en 1920 fue producto del azar y la fascinación. Había visto en una exposición los paisajes impresionistas del pintor mallorquín Antoni Ribas y quedó cautivado. Cuando por fin conoció la isla, sintió un flechazo instantáneo. En 1923, él y su esposa chilena, Anunciación Marconi Taffani, adquirieron un solar en Cala Major y encargaron al arquitecto Guillem Forteza el proyecto de su residencia.

Marivent —nombre que evoca su privilegiada ubicación frente al mar— se construyó entre 1923 y 1925. De estilo regionalista con toques modernistas, el edificio destacaba por su imponente torreón y sus amplios ventanales con vistas a la bahía. Pero lo más valioso estaba en su interior.

Una colección digna de museo

Saridakis atesoró durante décadas una colección de arte que cualquier institución envidiaría. Su biblioteca albergaba unos 2.000 volúmenes, con raros ejemplares sobre arte e historia. Las paredes de Marivent estaban adornadas con obras de Goya, Picasso, Delacroix, Sorolla, Zuloaga y Pinazo, entre otros muchos. Pero el tesoro más preciado era su colección de cerámica, considerada una de las mejores de España, con más de 300 mancerinas y cerca de mil piezas en total.

Cuando Saridakis falleció en 1963, su viuda cumplió su voluntad: donó el edificio, los terrenos y la colección a la Diputación Provincial de Baleares para que se convirtiera en un museo gratuito y abierto al público. El Museo de Arte Saridakis abrió sus puertas brevemente en la segunda mitad de los años 60. Los estatutos establecían que los bienes se destinarían «a perpetuidad» a fines culturales y educativos.

Pero el régimen franquista tenía otros planes.

Fotomontaje del grupo Més per Palma en la que declara Marivent como «palacio okupado« desde 1973.

La usurpación

La escritura de donación incluía una cláusula: el palacio «podrá utilizarse para residencia del jefe de Estado español» en sus visitas a la provincia. En 1965, el jefe de Estado era Francisco Franco. Pero diez años después, en 1973, la Diputación —todavía bajo dictadura— añadió a los estatutos la coletilla «y sucesores». Acto seguido, cedió el uso del palacio a los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía.

No había pasado ni un lustro desde la muerte de Saridakis, y su sueño ya se había desvanecido.

Los herederos del pintor, encabezados por el hijo de su mujer, José Carlos Herrmann Marconi, denunciaron el incumplimiento de la donación. Tras un largo proceso judicial que llegó hasta el Tribunal Supremo, recuperaron en 1988 las 1.300 obras de arte, los 2.000 volúmenes de la biblioteca y el centenar de valiosos muebles. Pero el palacio quedó en manos de la Corona.

Una residencia a costa del erario

Hoy, Marivent sigue siendo la residencia oficial de verano de la familia real. Cada año, sus Majestades del reino de Borbonia se conceden un mes de retiro forzoso para reponer fuerzas tras la agotadora tarea anual de sonreír, estrechar manos y leer en voz alta lo que otros escriben. El agosto madrileño, ese horno urbano, resulta insoportable incluso con el aire acondicionado a todo trapo y la factura de la luz pagada por todos. Durante ese período, el palacio se blinda y los jardines —que en 2017 se abrieron parcialmente al público fuera de la temporada real— vuelven a ser inaccesibles.

El mantenimiento del recinto cuesta al Govern balear 750.000 euros anuales. Un gasto que muchos ciudadanos consideramos excesivo para una instalación que solo disfruta una familia.

Preguntas incómodas

La historia de Marivent plantea preguntas incómodas. ¿Puede un regalo hecho al pueblo ser desviado para uso privado? ¿Es ético que una familia ocupe un inmueble público durante medio siglo ignorando la voluntad de su donante?

El caso de Marivent es un ejemplo de cómo las transiciones —incluso las que se proclaman modélicas— arrastran sombras del pasado. La cesión del palacio a los entonces príncipes se produjo en pleno franquismo, sin que el pueblo tuviera voz ni voto. Cuando llegó la democracia, la familia real ya estaba instalada, pero bien se podía haber deshecho el acuerdo franquista como se deshicieron tantas cosas, o al menos haber consultado a la población de Mallorca. Pero el pueblo para una monarquía siguen siendo súbditos medievales.

Saridakis no era un activista ni un político. Era un artista que quería compartir su pasión con la isla que lo había acogido. Un siglo después de que comenzara a construir su sueño, ese sueño sigue encerrado entre muros que la mayoría de los ciudadanos nunca podrán traspasar.

La posición de la familia Borbón en el Estado español es fruto de una tradición dinástica que escapa al control democrático. Este estatus especial les concede un margen de privilegio difícilmente justificable desde la igualdad democrática. El sistema funciona, en los hechos, como una jerarquía naturalizada: el monarca arriba, los ciudadanos abajo, financiando con sus impuestos un modelo que no eligieron.
Pero los monarcas y las élites que los sostienen no son los únicos responsables de esta situación: parte de la culpa corresponde también a una sociedad que no cuestiona su legitimidad, ni reclama —de una vez por todas— un referéndum Monarquía o República.

* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
Más artículos del autor
@InakiAlo

Si este artículo te ha parecido importante, compártelo para que llegue a más gente y ayúdanos a mantener viva esta línea…  
Mastodon: @LQSomos@;  Friendica: Loquesomos;
UpScrolled: @LQSomos;  Telegram: LoQueSomosWeb;
Bluesky: LQSomosFacebook: LoQueSomos;
Instagram:
 LoQueSomosWhatsApp: LoQueSomos;
Youtube: @LoquesomosAudiovisual