Las relaciones de Donald Trump con Benyamin Netanyahu

Durante la elección presidencial estadounidense robada de 2020, Donald Trump entendió quién es Benyamin Netanyahu. Desde aquella época, Trump y Netanyahu no están absolutamente nada en sintonía, a pesar de las apariencias. El presidente Trump dice querer implantar la paz en todos los lugares donde hay guerra, mientras que el primer ministro Netanyahu sigue adelante con su proyecto sionista revisionista (sin relación con el sionismo a secas de Theodor Hertzl) de conquista del Medio Oriente. La tenacidad iraní ha sacado a la luz las agendas de estos dos personajesha dado al traste con sus compromisos.

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Es muy difícil entender la deterioración de las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Para interpretarla y percibir su intensidad hay que analizar primero los lazos históricos entre esos dos países y estudiar después cómo ha evolucionado la política del presidente Donald Trump durante sus dos mandatos.

Estados Unidos e Israel

La mítica fundación de Estados Unidos por los Padres Peregrinos, en 1620, se presenta tradicionalmente con el éxodo de los “puritanos” disidentes de la Iglesia anglicana inglesa. Supuestamente estos huyeron del “Faraón” –en realidad, el rey Jacobo I de Inglaterra–, redactaron un “Pacto” mientras cruzaban el mar Rojo –en realidad el océano Atlántico– y fundaron la colonia de Plymouth. Es por eso que los estadounidenses se consideran un “Pueblo Elegido”, como los judíos.

Todos los presidentes estadounidenses han defendido esa narración, todos sin excepción, desde George Washington hasta Donald Trump [1]. Ese mito se celebra cada año, durante el Día de Acción de Gracias (el Thanksgiving Day), el cuarto jueves de noviembre.

El apoyo de Estados Unidos al Estado de Israel es, por consiguiente, una evidencia nunca discutida públicamente.

El verdadero fundador del sionismo contemporáneo no fue un judío sino un cristiano dispensacionalista, el reverendo William Eugene Blackstone (1841-1935), un predicador estadounidense que consideraba que los verdaderos cristianos no tendrían que pasar por las vicisitudes del “Fin de los Tiempos”. Según este predicador, los verdaderos cristianos serían elevados al cielo durante la batalla final (lo que se suele denominar como el “arrebatamiento” o el “rapto de la Iglesia”, en inglés the Rapture), mientras que los judíos librarían aquella batalla, de la que saldrían victoriosos y convertidos a la fe de Cristo [2].

William Blackstone convenció a Theodor Herzl de unir las preocupaciones de los dispensionalistas a las de los colonialistas. Para eso sólo habría que planear la creación de Israel en Palestina y multiplicar las referencias bíblicas. Gracias a esa idea, bastante simple, Blackstone y Herzl lograron que la mayoría de los judíos europeos abrazaran su proyecto. Hoy, Herzl está enterrado en Israel, en la cima del monte que lleva su nombre, y el Estado de Israel depositó en su ataúd La Biblia anotada que Blackstone le había regalado.

William Blackstone y Theodor Herzl fabricaron artificialmente la idea según la cual todos los judíos del mundo serían descendientes de los judíos de la Palestina de la Antigüedad. A partir de la fabricación de ese mito, el término “judío” se aplica no sólo a la religión israelita sino también a una etnia. Basándose en una lectura literal de La Biblia, quienes se consideran “judíos” se proclaman hoy dueños de una tierra, Palestina, “prometida” por Dios mismo a su pueblo.

La decisión de crear un Estado judío en Palestina fue tomada en conjunto por los gobiernos de Reino Unido y de Estados Unidos. La negoció el primer juez judío del Tribunal Supremo estadounidense, Louis Brandeis, bajo la dirección del reverendo Blackstone, y recibió la aprobación del presidente estadounidense Woodrow Wilson y del primer ministro británico David Llyod George, en la estela de los acuerdos franco-británicos Sykes-Picot, en los que Francia y Reino Unido se repartían el Medio Oriente. Aquella decisión se hizo pública de manera gradual.

En 1918, el presidente estadounidense Woodrow Wilson incluyó la creación del Estado de Israel entre sus objetivos de guerra oficiales (fue el número 12 de los 14 puntos presentados al Congreso, el 8 de enero de 1918). Aquella decisión llegaba 2 meses después de la Declaración Balfour de los británicos [3].

El 14 de mayo de 1948, último día del mandato británico sobre Palestina, el presidente de la Agencia Judía, David Ben-Gurion, proclamaba unilateralmente el Estado de Israel. Al día siguiente, el 15 de mayo, Estados Unidos reconocía el Estado de Israel –también lo reconocía el Irán del shah Mohamed Reza Pahlevi. Las Naciones Unidas, que estaba preparando el plan de partición de Palestina, se vio abruptamente ante el fait acompli. Reino Unido esperó 8 meses antes de otorgar su reconocimiento oficial al Estado de Israel.

En 1951, se crea el American Zionist Committee for Public Affairs (Comité Sionista Estadounidense para Asuntos Públicos), que se convierte, en 1963, en el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) para evitar tener que registrarse como agente de influencia extranjero.

El 22 de julio de 2002, el embajador estadounidense John Negroponte, en aquel entonces Representante Permanente de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas, declara en una reunión del Consejo de Seguridad, a puertas cerradas, que Washington vetará sistemáticamente toda resolución que condene a Israel si no condena también a los palestinos. [4]. Esa doctrina estadounidense se mantiene en vigor actualmente. Pero el hecho es que no se puede dirigir los mismos reproches a las dos partes, ya que su nivel de responsabilidad es muy diferente: Israel es un Estado y Palestina no. Esa argucia garantiza a Israel no ser objeto de sanciones de parte de las Naciones Unidas, sin importar lo que haga.

En 2006, los profesores Stephen Walt (de Harvard) y John Mearsheimer (de la Universidad de Chicago) publican The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (“El lobby proisraelí y la política exterior de Estados Unidos”) [5]. Estos autores demuestran que, como principal donante en las elecciones legislativas estadounidenses, el AIPAC se ha convertido en el verdadero amo del Congreso de Estados Unidos.

Donald Trump e Israel

Cuando Donald Trump llega a la Casa Blanca por primera vez, el 20 de enero de 2017, no sabe prácticamente nada de política. Es un hombre de negocios populista que pretende «limpiar los establos de Augías», o sea todo lo sucio y corrupto en Washington. Trump no es demócrata ni republicano sino un jacksoniano que ha logrado hacerse con el control del Partido Republicano.

Trump enfrenta entonces el Medio Oriente a través de la visión de su consejero de seguridad nacional, el general Michael Flynn. Para Trump, Israel no es recomendable e Irán es un peligro. Pero pronto tiene que enfrentarse al “Estado Profundo”, que en sólo 3 semanas lo obliga a separarse del general Flynn. Es entonces cuando Donald Trump descubre la personalidad de Benyamin Netanyahu, con quien tiene algo en común: los dos enfrentan en sus países respectivos una maquinaria administrativa omnipotente. Los caminos de Trump y Netanyahu se cruzaron en algún momento cuando Netanyahu era embajador de Israel en la ONU, pero no llegaron a conocerse.

En 2015, Donald Trump decide dar apoyo militar a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos, entonces en guerra contra Yemen. A cambio exige que todos los países árabes retiren su apoyo a los grupos terroristas que la CIA y el MI6 han creado en la región [6]. En el viaje de regreso de Riad, Trump hace escala en Israel, donde declara: «Estamos regresando del Medio Oriente.»

Trump estima entonces que cuando ningún Estado se atreva a defender a Al-Qaeda y Daesh debe ser posible lograr la paz en Medio Oriente. Como seguidor y sucesor del presidente Andrew Jackson (1767-1845), Trump piensa que es posible resolver los problemas construyendo un Estado para los israelíes, como Jackson lo hizo para los estadounidenses… creando “reservas” para los pueblos originarios (los llamados “pieles rojas”).

Así que Trump acepta reconocer el oeste de Jerusalén como capital de Israel [7] –y la posibilidad de que el este de Jerusalén llegue a ser la capital de un futuro Estado palestino– y además reconoce la anexión del Golán sirio por parte de Israel [8], así como la anexión de todas las tierras palestinas ya ocupadas por colonias israelíes. También expulsa de Washington la embajada de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) [9].

Pero descubre con estupor que, para las Naciones Unidas, Jerusalén no es israelí sino un territorio internacional, y que él no puede hacer lo que quiere sin suscitar una fuerte oposición. Extrañamente, las anexiones del Golán y de las tierras palestinas donde existen asentamientos israelíes suscitan menos protestas.

El 3 de enero de 2020, Trump ordena el asesinato del general iraní Qassem Soleimani [10] –quizás con la anuencia de algunas personalidades iraníes–, creyendo liquidar así el apoyo militar que Irán aporta a quienes resisten frente al proyecto de expansión de Israel «del Nilo hasta el Éufrates» [11].

Trump se ve finalmente obligado a reconocer que de esa manera no logrará nada y pasa a un nuevo enfoque: garantizar a los palestinos medios financieros mediante los Acuerdos de Abraham. Esa será la tarea de su yerno, el judío ortodoxo Jared Kushner [12]. Y logra convencer al reino de Bahréin y a Emiratos Árabes Unidos, el 15 de septiembre de 2020. A esos países se unirán después Sudán, Marruecos y Kazajstán.

Sin importar el grado de buena voluntad que Donald Trump pueda abrigar, en definitiva no lograr desatar el nudo gordiano, cuya larguísima historia sigue descubriendo día a día. Los pueblos del Medio Oriente no son como los pueblos originarios de Norteamérica, cuentan con una larga historia y no renuncian a su tierra. Esperan, en primer lugar, obtener compensaciones por todo el daño que han sufrido… aunque eso implique renunciar a ventajas económicas inmediatas.

Donald Trump y Benyamin Netanyahu

Cuando Donald Trump regresa a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2025, la situación en el Medio Oriente es completamente diferente. Benyamin Netanyahu ya no es el politiquero que Trump conoció en su primer mandato. Ahora encabeza una coalición de sionistas revisionistas y ya no esconde su ambición de construir un “Imperio judío”, según la expresión de Vladimir Zeev Jabotinsky [13].

El 7 de octubre de 2023, el Hamas lanza la operación “Diluvio de Al-Aqsa”. A partir de ese momento, la administración Biden da su pleno apoyo a Israel. Pero los crímenes del ejército israelí suscitan rechazo de parte de la opinión pública internacional, incluso en Occidente.

Trump, cuya reelección fue financiada principalmente por sionistas revisionistas vinculados a Netanyahu –como la multimillonaria israelo-estadounidense Miriam Adelson [14]– sigue siendo todo sonrisas ante su “amigo” Netanyahu, pero no olvida que el israelí le dio la espalda en 2021, cuando reconoció la elección de Joe Biden. Peor aún, Netanyahu estuvo después a punto de apoyar la candidatura presidencial de Kamala Harris, aunque finalmente no lo hizo porque esta denunció su política criminal contra la población de Gaza, en julio de 2025, cuando Netanyahu estuvo en la sede del Congreso estadounidense.

A su regreso a la Casa Blanca, Trump comienza por destruir todo lo que había hecho la administración Biden: elimina la prohibición de suministrar a Israel bombas de una tonelada [15], anula las sanciones que Biden había adoptado contra los colonos israelíes violentos en Cisjordania –pasando por alto que Netanyahu había amenazado a Estados Unidos con reanudar los actos de terrorismo de los tiempos de la “banda Stern” [16]– e impone “sanciones” contra los jueces de la Corte Penal Internacional (CPI) [17] que se habían atrevido a poner en el mismo plano los criminales israelíes –incluyendo a Netanyahu– y los palestinos.

Trump apoya además el “Proyecto Esther”, que reprime las opiniones favorables a la causa palestina en las universidades de tendencia demócrata [18]. Como colofón, saca a Estados Unidos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), después de que esta aceptara la adhesión del Estado de Palestina.

Pero, después de haber hecho todo eso, Donald Trump empieza a reflexionar. Se pone en contacto con el Hamas palestino, sin informarlo a su aliado israelí, y obtiene la liberación de un rehén estadounidense, Edan Alexander. Adam Boehler, un amigo de Jared Kushner, completa esa operación.

El 4 de febrero de 2025, cuando Netanyahu viaja a Washington para anunciarle que va a anexar Gaza, Trump le dice que no, que Estados Unidos se ocupará de convertir ese territorio palestino en una “Riviera” [19].

El 6 de mayo de 2025, Washington firma un acuerdo de paz con el movimiento yemenita Ansar Allah (denominado en Occidente como “los hutis”), otra vez sin informar a su aliado israelí [20].

Enterado de que Israel se plantea utilizar un artefacto nuclear contra Irán –supuestamente para impedir que Irán fabrique uno–, Trump toma la iniciativa y bombardea las instalaciones nucleares civiles iraníes con armas convencionales, en una operación que denomina “Midnight Hammer”, el 21 de junio de 2025 [21]. Inmediatamente después, sin esperar a que la CIA haya tenido tiempo de analizar las imágenes satelitales de los daños causados, Trump proclama haber “arrasado” todas las instalaciones nucleares iraníes.

Y luego, habiendo comprobado los fracasos del abandono del terrorismo (en 2017) y de los Acuerdos de Abraham (en 2020), Trump anuncia un tercer método. El 19 de febrero de 2026, funda un “Consejo de la Paz”, encargado de lograr acuerdos allí donde las Naciones Unidas han fracasado antes [22]. Para Donald Trump, se trata de aliarse a personalidades capaces de pasar por encima de administraciones o burocracias inmovilistas. Ese consejo presenta un plan (en Gaza) cuya primera etapa parece exitosa, pero luego resulta incapaz de iniciar la segunda etapa… porque Israel, después de haber aceptado el plan y de haberse unido al consejo de Trump, en realidad se opone a él con todas sus fuerzas.

El 7 de mayo de 2026, la radio militar israelí anuncia que Trump ha decidido no ponerse más en contacto directo con Netanyahu porque piensa que el primer ministro de Israel lo manipula [23].

Al día siguiente, 8 de mayo, Ron Dermer, ministro israelí de Asuntos Estratégicos y hombre de confianza de Netanyahu, se arriesga a presentarse en la Casa Blanca. Allí defiende la idea de que Israel debe atacar Líbano y que Estados Unidos debe atacar Irán. El presidente Trump le responde que Israel tiene que respetar el compromiso que ya aceptó.

El 14 de mayo, se inicia en Washington una negociación directa entre Israel y Líbano, en presencia del subsecretario de la Guerra de Estados Unidos, Elbridge Colby. La administración Trump comprueba entonces que Israel se niega de detener su guerra contra Líbano. Sin más espera, Irán, que había incluido el cese de los ataques israelíes contra Líbano en el alto al fuego pactado en el golfo Pérsico, declara que ya no confía en Estados Unidos y abandona las conversaciones con Washington.

El 1º de junio, Donald Trump finalmente acepta una conversación telefónica con su “amigo” Netanyahu, quien amenaza con bombardear nuevamente la capital libanesa, pero el tono no es precisamente amigable. «¡Estás jodidamente loco! ¡Sin mí estarías en la cárcel! ¡Te estoy salvando el culo! ¡Todo el mundo te detesta ahora! ¡Todo el mundo odia a Israel por tu culpa!» [24]

Después, Trump escribe en Truth Social: «Hoy tuve una conversación con Bibi Netanyahu. Le pedí que no lanzara un importante ataque contra Beirut, en Líbano. Él ordeno a sus tropas que se retiren. ¡Gracias, Bibi! También tuve una conversación con representantes de los dirigentes del Hezbollah, y aceptaron parar de disparar hacia Israel y sobre sus soldados. Al igual, Israel aceptó dejar de dispararles a ellos. Veremos cuánto tiempo durará eso. ¡Espero que sea para la ETERNIDAD!» [25]

Mike Huckabee, el embajador de Estados Unidos en Jerusalén/Al-Quds , escribe después en la red social X: «Joe Kent no es muy inteligente o es simplemente deshonesto. Israel recibe 3 800 millones de dólares, pero gasta mucho más que eso en la compra de equipamiento militar estadounidense. Estados Unidos se beneficia además con innovaciones tecnológicas, así que la recuperación de la inversión es mucho más. El nuevo protocolo de entendimiento con Israel pone fin a la ayuda y se basará en el comercio.» [26]

El primer ministro de Israel responde entonces, también en X: «Hablé esta noche con el presidente Trump y le dije que si el Hezbollah sigue atacando nuestras ciudades y a nuestros ciudadanos, Israel atacará blancos terroristas en Beirut.
Esa es nuestra posición firme.
Al mismo tiempo, las FDI
[Fuerzas de Defensa de Israel] seguirán operando como previsto en el sur del país.» [27]

La ruptura es evidente y asumida.

[1God’s New Israel. Conrad Cherry, Pentice Hall, 1971.

[2Jesus is coming, William E. Blackstone, 1878.

[3The Politics of Christian Zionism (1891-1948), Paul Merkley, Frack Cass, 1998.

[4“’The Negroponte Doctrine’ concerning UN Security Council Resolutions on the Middle East”. United States Mission to the United Nations, 6 de octubre de 2003.

[5Israel Lobby and U.S. Foreign Policy, Stephen Walt y John Mearsheimer, Farrar, Straus and Giroux, 2007.

[6Donald Trump’s Speech to the Arab Islamic American Summit”, por Donald Trump, Voltaire Network, 21 de mayo de 2017.

[9Closure of the PLO Office in Washington”, Departamento de Estado, 10 de septiembre de 2018.

[10Remarks by President Trump on the Killing of Qasem Soleimani”, The White House, 3 de enero de 2020.

[12Abraham Accords Peace Institute Annual Strategy, AAPI, 27 de agosto de 2021.

[13«El golpe de Estado de los straussianos en Israel», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de marzo de 2023.

[14«Telúrica entrevista de Tucker Carlson a Joe Kent que expone a Trump como rehén de Netanyahu», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada (México), Red Voltaire, 23 de marzo de2026.

[15US Puts 2,000 Troops on Higher Alert as Israel Readies Assault”, Anthony Capaccio, Bloomberg, 17 de octubre de 2023.

[17Imposing sanctions on the International criminal court”, The White House, 6 de febrero de 2025.

[18The Group Behind Project 2025 Has a Plan to Crush the Pro-Palestinian Movement”, Katie J.M. Baker, The New York Times, 18 de mayo de 2025.

[19In shock announcement, Trump says U.S. wants to take over Gaza Strip”, Steve Holland, Matt Spetalnick y Jeff Mason, Reuters, 5 de febrero de 2025.

[20«Washington conclut un accord séparé avec Ansar Allah», Voltaire, Actualidad Internacional, N° 132, información 3446, 9 de mayo de 2025.

[21«Detrás de la “Guerra de los 12 días”», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 1º de julio de 2025.

[22«¿Podrá el “Consejo de la Paz” salvar la influencia de Estados Unidos?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de febrero de 2026.

[23Trump cuts ties with Netanyahu over manipulation concerns: Report”, Faruk Hanedar y Gizem Nisa Cebi, Anadolu, 9 de mayo de 2025.

[24«You’re fucking crazy»: Trump fumes at Netanyahu in call on Lebanon”, Barak Ravid y Marc Caputo, Axios, 1º de junio de 2026.

[25@realDonaldTrump”, Truth Social, 1º de junio de 2026.

[26@GovMikeHuckabee”, Ambassador Mike Huckabee, X, 1º de junio de 2026.

[27@IsraeliPM_heb”, ראש ממשלת ישראל, June 1, 2026.

Thierry Meyssan

Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestros ojos la gran farsa de las «primaveras árabes» (2017).

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