La tele aragonesa vuelve a poner rostro africano al miedo

El informativo de las dos de la tarde de Aragón Noticias del pasado 23 de julio de ofreció una lección de cómo se construye el racismo sin necesidad de pronunciarlo. Primero la peste porcina africana, presentada sin ningún matiz sobre el origen del nombre. Después, sin transición ni distancia temporal, la denuncia de una agresión atribuida a un menor migrante en un centro de acogida de Zaragoza, acompañada de imágenes de un grupo de chicos negros entrando en las instalaciones, probablemente sin saber que estaban siendo grabados para ilustrar esa pieza concreta.

Merece la pena detenerse en el nombre de esa enfermedad porcina, porque ahí está la trampa completa. El virus se aisló por primera vez en 1921 en Kenia, entonces colonia británica, y los veterinarios coloniales lo bautizaron según la costumbre de la época, que consistía en atar el nombre de cada enfermedad al lugar donde un científico occidental la había «descubierto», casi nunca al lugar donde realmente se originó ni mucho menos a quien la sufría. Esa costumbre tiene una larga lista de precedentes, la gripe de 1918 se llamó «española» sin haber nacido en España, solo porque la prensa española, al no estar sometida a la censura de guerra que silenciaba a otros países, fue la primera en informar de ella con libertad. El nombre castiga al mensajero, o al que queda más a mano, casi nunca describe el origen real.

Con la peste porcina pasó lo mismo, un nombre puesto en 1921 por administradores coloniales quedó fijado en cientos de idiomas durante más de un siglo, y hoy, cuando el virus lleva décadas circulando de forma autónoma por granjas y jabalíes europeos sin ninguna conexión actual con el continente africano, la palabra sigue ahí, disponible, suelta, lista para activarse en cualquier informativo sin que nadie tenga que explicar su origen ni su fecha. Es tan fácil pegarle la etiqueta de africano a lo que da miedo o repugnancia que la propia Organización Mundial de la Salud cambió en 2015 sus directrices para nombrar enfermedades nuevas, pidiendo expresamente evitar países, regiones, animales o grupos de personas en los nombres, precisamente porque ese tipo de etiquetas generan estigma real contra comunidades reales mucho después de que la ciencia haya dejado de tener nada que decir sobre origen alguno. La directriz llegó tarde para la peste porcina, que ya estaba bautizada desde hacía casi un siglo, y ese vacío es el que la televisión aragonesa ha aprovechado hoy sin ningún esfuerzo, dejando que una palabra vieja siga hombro con hombro, en la misma escaleta, con una foto de niños africanos entrando en un centro de menores.

Nadie ha dicho en antena que los africanos traigan enfermedades ni que los chicos negros de esas imágenes sean agresores. No hacía falta decirlo. La yuxtaposición hace el trabajo solo. Este mecanismo tiene nombre en el análisis de medios, se llama framing por contigüidad, y consiste en colocar dos piezas informativas sin relación causal real de forma que el espectador construya él mismo la asociación que la redacción nunca firmó.

Conviene separar los hechos de su uso. Este mes se han denunciado dos agresiones distintas en centros de menores extranjeros no acompañados de Zaragoza. La primera, en el centro de Movera, donde una educadora social de 27 años relató semanas de acoso y amenazas por parte de un interno de origen magrebí cuya edad real está en cuestión. La segunda, en el centro Casa Río Huerva, llevada a Fiscalía por Vox, referida a un incidente ocurrido el 23 de junio. Ambos casos están judicializados y merecen investigación seria. Ninguno de los dos justifica mostrar en pantalla a un grupo entero de menores como si fueran sospechosos colectivos de lo que uno solo de sus compañeros habría hecho.

El vicepresidente del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco, de Vox, ha capitalizado ambos casos para hablar de un sistema que blindaría con impunidad a la inmigración ilegal. IU Aragón ya ha respondido acusándole de alimentar un relato de criminalización. Ese es el terreno político en el que cae la pieza de la peste porcina, un terreno ya abonado, donde la palabra africana no necesita explicación etimológica alguna porque el clima informativo se encarga de rellenar el hueco con lo que el espectador ya está predispuesto a pensar.

Documentamos esto porque el racismo televisivo raras veces se presenta como insulto. Se presenta como orden de escaleta, como minutaje, como la decisión editorial de qué imagen sigue a qué titular. Esa decisión también es una forma de hablar.

Redacción Afroféminas