La maquinaria climática de los Rockefeller

MPR21                                                                                                                          Redacción                                                                                                                            24/08/26

 

El dinero de los Rockefeller es el hilo conductor de la subcultura ambiental moderna, desde Maurice Strong y la Cumbre de Estocolmo de 1972 hasta el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y las primeras redes de política climática, pasando por las ONG y las campañas en los medios.

La historia comienza mucho antes del “cambio climático”. En los años sesenta del siglo pasado la Fundación Rockefeller intensamente en las políticas demográficas. En su informe anual de 1967, describió el rápido crecimiento de la población como una amenaza para el capitalismo, y declaró que durante mucho tiempo habían estado buscando la “estabilización de la población” mediante la financiación de la investigación demográfica, los programas de planificación familiar y la educación de la población.

Entonces Maurice Strong entró en escena. En 1971, mientras Strong preparaba la primera conferencia de la ONU sobre medio ambiente en Estocolmo, la Fundación Rockefeller lo eligió como miembro de la junta directiva. Strong presidió posteriormente la Conferencia de Estocolmo de 1972, y luego se convirtió en el primer director del recién creado PNUMA.

El medio ambiente ya no era principalmente un tema de conservación de la naturaleza. La conferencia de Estocolmo ayudó a establecerla como un área permanente de la política económica internacional. En un discurso de 1971, argumentó que los países occidentales tendrían que aceptar “un nivel mucho más alto de intervención pública” en las decisiones económicas. La política económica debía ser un instrumento para lograr objetivos sociales más amplios.

Mientras tanto, la propia Fundación Rockefeller se involucró directamente en la protección del clima. En su informe anual de 1974, el crecimiento de la población, la escasez de energía, la contaminación, el suministro de alimentos y el cambio climático se fijaron como los temas que podrían determinar el futuro de la política económica internacional.

La Fundación financió la CRU (Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido) con 120.000 dólares para investigar el cambio climático histórico y sus impactos sociales. En 2009 la CRU se convirtió en el epicentro de un escándalo de corrupción y manipulación de los registros climáticos. Los correos electrónicos de Phil Jones, Michael Mann y Keith Briffa dejaron constancia de las tergiversaciones y trucos utilizados en las investigaciones científicas.

El Rockefeller Archive Center confirma que las primeras subvenciones directas a los tinglados climáticos comenzaron en 1974.

De la investigación climática a la política climática

En 1986, el Fondo Hermanos Rockefeller (RBF) comenzó a financiar al Instituto Sueco Beijer (*). En la propia historia del RBF, estas subvenciones se consideran como las primeras sobre el cambio climático. Su propósito fue mucho más allá de la investigación climática: el Instituto Beijer recibió el encargo de elaborar un plan de acción quinquenal con opciones de política económica, organizar reuniones internacionales de científicos y responsables políticos y participar en el establecimiento del Grupo de Consultoría de Gases de Efecto Invernadero.

En 1987, los talleres se llevaron a cabo en las ciudades de Villach (Austria) y Bellagio (Italia), financiados tanto por el RBF como por la Fundación Rockefeller. La última reunión tuvo lugar en los locales que la Fundación Rockefeller tiene en la localidad italiana.

La reunión de Bellagio, en particular, estaba explícitamente orientado a la política. La red en torno a este evento incluyó a Bert Bolin, Gordon Goodman, Michael Oppenheimer y otros que trabajan para liderar el calentamiento global a través de gases de efecto invernadero, desde la evaluación científica hasta las medidas políticas. El “Grupo Asesor sobre Gases de Efecto Invernadero” fue un precursor directo del IPCC, el panel de la ONU que establece la doctrina oficial sobre el cambio climátíco.

Aparentemente los Rockefeller no crearon directamente el IPCC; oficialmente fue obra del PNUMA y la OMM. Sin embargo, financiaron los trabajos de política climática y las reuniones previas a su fundación. Un trabajo de investigación del Rockefeller Archive Center incluso llega a describir los talleres de 1987 financiados por los Rockefeller como pioneros en la fundación del IPCC.

Los informes oficiales del IPCC muestran que en 1990 la Fundación Rockefeller financió directamente el Fondo Fiduciario del IPCC. A principios de los años noventa, las alternativas climáticas de los Rockefeller iban ya mucho más allá del campo científico.

El RBF afirma haber financiado organizaciones que participaron en las negociaciones climáticas de la ONU, incluido el Fondo de Defensa Ambiental, el NRDC (Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales), el Instituto del Clima y las Redes de Acción Climática.

Después de la conferencia sobre el clima en Berlín en 1995, la organización convocó una reunión en la finca de los Rockefeller en Pocantico, cerca de Nueva York, para planificar las relaciones públicas en el período previo a la firma del Protocolo de Kyoto. Los fondos posteriormente fluyeron al National Environmental Trust, el Centro de Información Ambiental de Estados Unidos, el Climate Action Network, la Unión de Científicos Conscientes y los Servicios de Medios Ambientales.

Según el propio RBF, la campaña recurrió a periódicos locales, televisión, radio y viajes de “expertos” para llegar hasta los responsables políticos, los dirigentes empresariales y la población, en general, para aumentar el número de “partidarios estadounidenses de la protección del clima”.

No se trataba de científicos que publicaban artículos especializados. Fue una persuasión política organizada. El RBF se jacta de haber sido fundamental en la creación de más de 40 ONG ambientalistas, con una red que abarca casi 1.000 organizaciones relacionadas con los Rockefeller en los campos de la política, las empresas, la ciencia, la beneficencia y la protección del medio ambiente.

El control de la política económica internacional

Aunque los Rockefeller hicieron una inmensa fortuna con los llamados “combustibles fósiles”, su campaña tenía poco que ver con la política energética, con la sustitución de unas fuentes de energía por otras. Su objetivo es el control de la política económica por las instituciones internacionales. Antes de la Cumbre de la Tierra de Río de 1992, Strong escribió que el propósito era poner las preocupaciones ambientales “en el centro de la toma de decisiones económicas”. En Río, describió el Programa 21 como un marco para la acción sistemática y cooperativa necesaria para transformar el desarrollo económico.

En 2000 Strong describió el desarrollo sostenible como un “proceso fundamental de cambio de civilización” que requiere cambios en la producción y el consumo, la educación y las instituciones públicas. La Carta de la Tierra, que impulsó, tenía a Steven Rockefeller como presidente del consejo editorial.

El RBF lanzó un programa que específicamente recibió el nombre de “Práctica Democrática – Gobernanza Global” y donde el cambio climático estaba entre las preocupaciones centrales. Sus publicaciones actuales son sobre las reglas de la economía internacional.

El cambio climático resultó extremadamente útil para el proyecto, porque la energía es la columna vertebral de las políticas económicas actuales.

⟶https://electroverse.substack.com/p/south-pole-back-below-70c-modern

(*) El Instituto Beijer se creó en 1975 gracias a una donación de la Fundación Beijer y se reorganizó en 1991, cuando la ecología y la sostenibilidad se convirtieron en los principios rectores de la teoría economía. Forma parte de la Real Academia de Ciencias de Suecia.