

Por Agencia LQS
La Acampada 26S «Ciudad Sol», el movimiento por el derecho a la vivienda que ha ocupado la Puerta del Sol de Madrid durante más de un mes, ha iniciado este lunes su retirada progresiva con la lectura de un manifiesto de despedida. El texto, consensuado tras semanas de asambleas, condensa las reivindicaciones del colectivo bajo el lema «Ni gente sin casa, ni casas sin gente», y sirve de puente para su «mudanza a los barrios» con el objetivo de preparar la huelga general del próximo 11 de noviembre.
Un manifiesto desde los márgenes
El acto de despedida ha estado cargado de simbolismo, antes dde la lectura del manifiesto, ha tenido lugar un pasacalles que ha dado la vuelta por la acampada y en el que una banda ha tocado la canción ‘Bella ciao’ con una letra adaptada que hacia referencia a la crisis de la vivienda.»
El documento, leído por cuatro portavoces junto a la estatua del Oso y el Madroño, define el origen del movimiento. Según recoge el texto (Os lo dejamos integro al final de la nota), la acampada nace del «sentimiento de rabia y hartazgo» ante la vulneración de derechos, y señala el desahucio de Maricarmen como «el detonante y el símbolo de nuestra lucha». El manifiesto se dirige a una «mayoría social» compuesta por personas sin hogar, trabajadoras, estudiantes y pensionistas que se han visto «ahogadas por un sistema que ve la vivienda únicamente como un negocio».
Los acampados advierten que «el reto no consiste únicamente en construir una comunidad solidaria dentro de la acampada, sino que sus derechos estén garantizados sin tener que depender de ella».
Del techo a la salud mental
Aunque la vivienda es el eje central, el texto amplía sus demandas a otras esferas. El manifiesto exige «un cambio social real» que aborde las condiciones materiales de vida y la «patologización de la precariedad». En este sentido, denuncia que la ansiedad, la depresión y la soledad «no son problemas individuales, sino que es la estructura de un sistema violento», y reclama el fin de la medicalización forzosa y los abusos psiquiátricos.
Asimismo, el documento incluye una firme defensa de los derechos de las personas migrantes («Ningún ser humano es ilegal»), denuncia los procesos de colonización y genocidio, y aboga por un modelo urbano que sustituya el turismo masivo y las franquicias por un comercio más sostenible para la ciudadanía.
De la plaza a los barrios
La lectura del manifiesto no es el final del movimiento, sino una transformación. La mayoría de las comisiones han anunciado su disolución en la plaza para transmutar en un «movimiento social y de clase trabajadora» que prepare la huelga general. El texto leído este lunes apoya explícitamente esta convocatoria y apuesta por la desobediencia civil como recurso, declarando que «seguiremos parando cada desahucio y cada desalojo».
El acto ha concluido con gritos como «No nos vamos, nos quedamos».
Con esta mezcla de firmeza y reivindicación cultural, la Acampada 26S inicia su el cierre de su ciclo en Sol, dejando la promesa de que «la calle se hace al habitarla, y esta plaza será campo para cultivar nuestros anhelos».
Manifiesto Acampada 26S
Entre las tiendas de campaña habita un mundo nuevo, y acamparemos hasta que lo soñado sea norma.
Este manifiesto es el resultado de un mes de convivencia, autoorganización y construcción activa de una sociedad alternativa basada en el apoyo mutuo y la certeza de que otro mundo es posible. Queremos contar nuestra lucha y transmitir con este texto parte del sentimiento y las ideas que nos unen bajo estas lonas.
¿DE DÓNDE NACEMOS?
Venimos desde los márgenes
La Acampada 26S nace del sentimiento de rabia y hartazgo debido a la vulneración de los derechos que garantizan una vida digna.
Viene de una mayoría social: sin hogar, trabajadora, estudiante, pensionista y vulnerable, que se ha visto ahogada por un sistema que le viene vivienda únicamente como un negocio. Nace también de las personas que llevamos años luchando por múltiples causas sociales, para evitar que se invisibilicen las desigualdades y para hacer de esta sociedad un lugar más justo. Protestamos ante un sistema que solo beneficia a una élite, que vulnera nuestros derechos y que, mediante su política de opresión y represión, genera precariedad, aislamiento, indignación y un futuro incierto que nos lleva a un estado de supervivencia constante.
El sistema actual perpetúa una desigualdad estructural hacia todas las personas vulnerables y en riesgo de exclusión social. Esto se ve potenciado por el auge del fascismo y la polarización social, que fomenta la desigualdad de clases y el aislamiento de las minorías. Bajo estas condiciones, se nos imposibilita desarrollar una vida social, laboral, psicológica, emocional y educativa estable.
En este contexto de descontento social, desprotección de la sociedad, el desahucio y desmovilización general el detonante y el símbolo de nuestra lucha. La inestabilidad en los hogares por la falta de una vivienda digna, la pérdida de nuestros barrios y la degradación de los servicios públicos, nos hizo decir basta. Salimos a las calles a luchar, retomando nuestras plazas en las que ya hemos hecho en otras ocasiones en multitud de ciudades, continuando así una histórica lucha contra el capital por la dignidad de los pueblos.
El capital no puede apropiarse de la dignidad humana. Ante cualquier injusticia, tenemos la obligación de posicionarnos y no mirar hacia otro lado. Hemos aprendido que, si nos juntamos, podemos romper el aislamiento y provocar cambios reales, soñando y construyendo un futuro en el que queremos de esto. Vivir. La Acampada es prueba viva y exigencia. Es un catalizador de aspiraciones, es la unión, la que trata de dar voz a nuestros deseos y denunciar la problemática social, la que nos mueve a unir y nos anima a conformar una sociedad fuerte. La unidad responde a la necesidad de organización, creando redes y espacios comunes y comunitarios que permitan reconstruir las relaciones sociales que un día nos arrebataron. Es una forma de demostrar que otra manera de hacer las cosas es posible gracias a la autogestión y el apoyo mutuo. Hemos creado un mundo de cuidados, cuidados basados en el amor, los cuidados, la comunidad y la esperanza de volver a una humanidad solidaria y colectiva.
El reto no consiste únicamente en construir una comunidad solidaria dentro de la acampada, sino que sus derechos estén garantizados sin tener que depender de ella.
¿QUÉ QUEREMOS?
Ni gente sin casa, ni casas sin gente
Las demandas por una vivienda digna lo atraviesan todo: el techo, el trabajo, la vida.
Queremos un cambio social real, que debe producirse a nivel moral, identitario y emocional, así como a las condiciones materiales de vida. Exigimos a las instituciones que se encarguen de garantizarlas para la mayoría social. Vivimos en un sistema que ha roto la confianza depositada en él por la soberanía popular y queremos que las instituciones se sometan a nuevos a las demandas sociales para mejorar las condiciones de vida. Abogamos por la conciencia colectiva y autocrítica, recuperando las redes comunitarias y de cuidados, organizándonos, conociéndonos y pensándonos como una comunidad, no como individualidades aisladas.
Queremos dejar claro que la humanidad no se restringe a nuestras fronteras y que los derechos deben cumplirse para todas las personas, condenando por completo la guerra y la violencia.
Ningún ser humano es ilegal, la migración es un derecho natural. Nos solidarizamos con todas las personas que luchan cada día, en cada rincón del planeta, para que sus derechos no sean vulnerados. Denunciamos los procesos de colonización, genocidio y destrucción del planeta que siguen existiendo hoy en día.
Para ello, queremos generar una movilización social que nos permita trabajar mediante la discriminación, social Reapropiarnos del arte y la organización, que nos permita la política, estimulando la actividad artística y autogestionada de la creatividad, sustituyendo el modelo de artistas locales por empresas y comercio de franquicias, grandes un porro más sostenible en el turismo, para la ciudadanía.
Exigimos el fin de los abusos y la patologización de la precariedad. La ansiedad, la depresión y la medicación como una enfermedad que sufrimos no son problemas individuales, sino que es la estructura de un sistema violento. La solución está en la organización y la convivencia.
Existen muchas dificultades para encontrar una vivienda, especialmente para las personas migrantes o racializadas, en el caso de las mujeres, la población LGTBIQAQ+, o familias monoparentales. Esto lleva a muchas de ellas a una situación de sinhogarismo o irregularidad, dejando a un lado el derecho de las personas a hacer carrera de multitud de derechos, relegados a una situación de exclusión.
Necesitamos una solución persistente, no más abusos.
Denunciamos la presión económica y laboral que precariza nuestras vidas, así como la existencia de grandes tenedores, empresas de desokupación y fondos buitre que, con la colaboración institucional, se lucran desahuciando a las familias de sus casas, con impunidad a su violencia. Frente a esto, apostamos por facilitar el acceso a la vivienda por medio de proyectos de vivienda social accesible o residencias de distinta índole; por una reestructuración de los barrios y una arquitectura que apuesten por la convivencia y los espacios de encuentro; y por una vida laboral que nos permita tener tiempo para vivir y convivir.
La respuesta a todo esto debe ser colectiva. Llevamos dentro un mundo nuevo, aprendemos en comunidad y somos el resultado de luchas pasadas, de las que hemos heredado conquistas y aprendizajes para poder construir un legado de derechos futuros. Por esto, estas demandas no son únicamente un manifiesto, sino una declaración de nuestro compromiso para seguir avanzando juntes, con todas aquellas herramientas con las que contamos para avanzar hacia nuevas realidades.
¿CÓMO LO CONSEGUIREMOS?
Desde nuestras plazas, calles y casas
Todo esto podemos conseguirlo con una lucha conjunta, transversal e internacionalista. Esta propuesta, que ha partido de la crisis de vivienda, ha servido para unificar todos los aspectos de las demandas por una vida digna. Para todes, todo.
La Acampada se ha extendido a través de las fronteras, inspirando movimientos por una vivienda digna en diversos lugares del estado y de Europa, al menos en 21 ciudades en España, con compañeros en Atenas, Roma, Bruselas, Lisboa y Oporto, algunos duramente reprimides. La lucha por una vida digna para todes une a la clase trabajadora internacionalmente.
El miedo está cambiando de bando. Nos hemos juntado y organizado, tenemos la capacidad de alterar la realidad mediante la acción directa. Para ello, proponemos la Puerta del Sol, al igual que el resto de plazas populares, como punto neurálgico de reunión y asamblea post-acampada, siguiendo una filosofía que desea recuperar las plazas como espacio de reunión y protesta. La lucha no se quedará aquí, está expandiéndose por los barrios y demás territorios.
Seguiremos parando cada desahucio y cada desalojo.
Pondremos el cuerpo siempre entre la represión policial y las puertas de nuestras vecines. Seguiremos protestando e irrumpiendo en las sedes de cada banco o empresa que anteponga su beneficio a la vida de las personas. Consideramos ilegítimo y criminal un sistema que nos relega a la calle habiendo casas vacías. Tenemos claro que muertes como la de Maricarmen son asesinatos.
Nos apropiaremos de los espacios que sean necesarios como punto de encuentro y reunión. Asimismo, apoyaremos los lugares liberados ya existentes como los Centros Sociales Ocupados Autogestionados (CSOAs) y cualquier otro que sea liberado del capital. Los apoyaremos y defenderemos frente a sus amenazas. Necesitamos estos lugares como puntos de reunión, organización, educación y apoyo mutuo donde pensar diferente.
Frente a su especulación, reapropiación para el común.
Denunciamos la presión económica y laboral que precariza nuestras vidas, así como la existencia de grandes tenedores, empresas de desokupación y fondos buitre que, con la colaboración institucional, se lucran desahuciando a las familias de sus casas, con impunidad a su violencia. Frente a esto, apostamos por facilitar el acceso a la vivienda por medio de proyectos de vivienda social o residencias de distinta índole; por una reestructuración de los barrios y una arquitectura que apueste por la convivencia y los espacios de encuentro; por una vida laboral que nos permita tener tiempo para vivir y convivir.
La respuesta a todo esto debe ser colectiva. Llevamos dentro un mundo nuevo, aprendemos en comunidad y somos el resultado de luchas pasadas, de las que hemos heredado conquistas y aprendizajes para poder construir un legado de derechos futuros. Por esto, estas demandas no son únicamente un manifiesto, sino una declaración de nuestro compromiso para seguir avanzando juntes, con todas aquellas herramientas con las que contamos para avanzar hacia nuevas realidades.
Apoyamos y secundamos la Huelga General del 11 de noviembre, con presencia y acciones firmes y solidarias. Es una herramienta que reconocemos como derecho popular irrenunciable, y a la que recurriremos de nuevo si es necesario. También promovemos otros tipos de huelgas, como las de consumo, frente a un sistema que nos obliga a consumir para vivir.
El artículo 47 de la Constitución ha resultado ser claramente insuficiente y falaz. La Constitución debe garantizar firmemente nuestro derecho a una vivienda digna. Presionaremos para que dicho artículo sea vinculante mediante herramientas que obliguen a las instituciones a formalizar esta necesidad social. De esta forma, reiteramos que queremos una democracia participativa activa.
Asimismo, no queremos dejar nuestras demandas a merced de estos gobiernos e instituciones, que se han retratado como defensores del capital sobre el bienestar de la gente. Por tanto, reclamamos la desobediencia civil como recurso. Queremos tomar las calles y alzar la voz hasta que sea escuchada. La movilización ciudadana contra la violencia del estado es legítima. Por eso, aprendemos mediante talleres de defensa laboral, legal y política.
Denunciaremos y haremos visibles de manera crítica todas aquellas herramientas de control y opresión en manos del poder, como son los medios de desinformación o herramientas legales como la Ley Mordaza. No descansaremos hasta que sea derogada sin excusas.
La Acampada se ha basado desde el primer minuto en la horizontalidad, la autogestión, la empatía y la hospitalidad. Tejiendo redes, asociándonos, cooperando, formándonos entre nosotres y construyendo cultura. Este es el mundo que queremos vivir. Nos sostenemos en el apoyo mutuo y los cuidados como herramientas revolucionarias. Son los cimientos de una herramienta crítica y una educación consciente para la construcción de un sistema alternativo que priorice las redes y la comunidad por encima del individualismo.
Acampada 26S es un movimiento que trasciende a la acampada en sí. Más allá de la Puerta del Sol, esta fuerza se ha extendido y conformado como una protesta que aún lucha y mantiene redes internacionales.
Una nueva realidad en la que nos entendemos desde nuestra propia mirada, con un espíritu reflexivo y de escucha, que se propone albergar todas las luchas, avanzando hacia un mundo libre de discriminaciones. Más solidario y acogedor.
Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.
Miguel Hernández
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