Josefina Manresa renace alrededor de un puchero

lamarea.com

Natalia Zamora y Oriol Pàmies recuerdan a la viuda de Miguel Hernández en una obra de teatro que apela a la memoria histórica, política y sentimental de todo un país.

La actriz Natalia Zamora, sobre las tablas, en la piel de Josefina Manresa, la viuda de Miguel Hernández. PRISMA IDEAS

Miguel, el pelao, Miguelico, el hijo del cabrero, Miguel Hernández, el poeta del pueblo. Los nombres son diversos, la persona, solo una, y detrás de ella y su eterno legado, un nombre más: Josefina Manresa Marhuenda. La mujer que fue el gran amor de Miguel Hernández (fallecido en 1942 preso en Alicante por sus ideas republicanas, con un sufrimiento atroz y sin asistencia médica) siempre ha pasado demasiado desapercibida para el papel que jugó hasta el día de su fallecimiento, en febrero de 1987.

Josefina, a quien la muerte acompañó toda su vida, supo sobreponerse a la represión de un régimen que nunca olvidó quién era, a quién había amado. Ahora, el escenario también es testigo de su tesón y carisma con la obra Josefina –actualmente en el Teatro Lara de Madrid y que después girará por otras regiones de España–, donde la actriz Natalia Zamora consigue, después de algo más de una hora de pura emoción y desgarro, dejar unas tablas tras de sí henchidas de memoria y reivindicación.

Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo,
nacida ya para el marero oficio;
ser graciosa y morena tu ejercicio
y tu virtud más ejemplar ser cielo.

Mucho se ha escrito sobre Miguel Hernández, sus actividades políticas a favor de la Segunda República y el inmisericorde régimen franquista que lo dejó morir en prisión. Sin embargo, los curiosos apenas pueden encontrar unas pocas líneas sobre Josefina, fiel valedora de un legado inconmensurable. Todo surgió hace un par de años, cuando el padre de Oriol Pàmies le dio a conocer el vasto epistolario que Josefina, de quien era amiga, conservaba con el poeta: 400 cartas.

«Al principio pensamos crear la historia de la pareja, pero pronto nos dimos cuenta de que el foco tendría que estar en ella, en tantas viudas de grandes autores que no pasaron a la posteridad y que se quedaron en la oscuridad», comenta el mismo Pàmies, director de la obra. La creación está enmarcada en los años ochenta del siglo pasado, cuando ya era sexagenaria. Desde esa vejez retrocede hasta su juventud, y el cortejo, y luego el noviazgo de tres años y medio que vivió junto a Miguel Hernández.

Un relato a través del puchero

En medio de la escena, como si de un personaje impertérrito más se tratara, un puchero. «Una cosa que hacían y siguen haciendo tantas mujeres es cocinar para su familia. Ponerla ahí, preparando un caldo que nunca llega a tomar, porque al final se le queda frío de tanto esperar, es reivindicar los cuidados de las mujeres», señala el director. Y al lado, sobre la mesa, una cebolla, la hortaliza que alimentó algunos de los versos más bellos del poeta de Orihuela en sus nanas, ejemplo también de la radical pobreza que asoló a tantas familias en aquellos años.

Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Ni Pàmies ni Zamora entienden la memoria histórica únicamente como un papel en el que aparece escrito cómo sucedieron los hechos. «Es una memoria corporal también», asegura él. Ella, por su parte, lleva a cabo un gran trabajo de transformación. En un solo cuerpo, la también bailarina y coreógrafa logra pasar de Josefina a Miguel Hernández en una trama en la que el pelo recogido o suelto funciona como interruptor. Incluso se atreve a hablar en primera persona. «Cómo me puedo poner en la piel de Josefina…», dice la voz en off de Zamora.

Zamora procede del teatro físico, y se nota. Su construcción del personaje es un noble homenaje a la figura de Josefina, a su forma de habitar el cuerpo. La actriz, a sus 29 años, logra metamorfosearse para pasar de la ancianidad a la vitalidad de aquella joven que explota en medio del escenario llevada por una pulsión irrefrenable para recorrerlo mientras danza. Todo ello, resultado de las conversaciones con los allegados de Josefina que el equipo tuvo en Orihuela, su autobiografía, Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, y las entrevistas que hay colgadas en Internet, de las que han podido aprender sus gestos y manera de reírse. También el acento tan característico de la Vega Baja alicantina, de la zona de Orihuela y Cox, donde resalta un seseo pronunciado y un marcado diminutivo en con el sufijo «ico». Por eso, Miguel Hernández, al principio de todo, era para Josefina un «zagalico bien apañao».

El último canto desde prisión

No ha sido fácil la selección de los poemas que aparecen en el guion, coescrito entre Pàmies y Zamora. Según el momento de la biografía en que Josefina se encuentre, así son los versos que la misma actriz recita. «Las cartas son un ejercicio de traslación. En lugar de poner la carta original, ponemos a Josefina hablando a través de las cartas», explica el director.

La tensión se endurece cuando llega el momento de leer las últimas palabras del poeta desde la cárcel, donde ve que se apagan sus días y el sufrimiento causado por una terrible tuberculosis va a más. Ni siquiera ahí pierde su gracejo: «Ojalá fueras un diente en mi boca para tenerte siempre debajo de mis labios», le escribe.

Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

En este sentido, Zamora es consciente de que el momento de leer las misivas enviadas desde prisión es especialmente emocionante: «Simplemente se trata de leer, con la verdad de conectar con lo que dicen, de transmitirlas con esa crudeza, sin trampa ni artificio».

Para entonces, el luto ya había llegado a la vida de Josefina… para nunca irse. Un mantón negro cubrirá su cuerpo desde 1936, cuando unos anarquistas mataron a su padre, guardia civil. Después llegará el fallecimiento de su madre, en 1937. El destino aún le aguardaba un dolor mayor: su hijo pequeño, Manuel Ramón, quien fallecería al año de nacer, en 1938. El asesinato indirecto de su Miguelico, en 1942, hizo que el luto no desapareciera de Josefina durante las más cuatro décadas de vida que le quedaban por delante, en las que todavía tendría que enfrentar la muerte de su segundo hijo, Manuel Miguel, en 1984.

Pàmies recalca que Josefina se vio obligada a envejecer en «un franquismo cada vez más duro con ella por haber sido la mujer de un rojo». Las penurias económicas no tardaron en llegar. Se terminó eso de coser para las mejores familias de la zona. Casi nadie quería que la relacionaran con una persona como ella. «Amigos como Vicente Aleixandre le ayudaron a salir adelante, pero siempre en un estado muy humilde, y se tuvo que contentar con arreglar la ropa de la gente más pobre por menos dinero», añade el director. Mientras tanto, sobre el escenario, Josefina se sincera: «Leo y releo tus cartas para entender el mundo que nos rodea, las repaso, te repaso».

Teatro que plantea preguntas

Estamos en 2026. Hace algo más de medio siglo que Franco murió y apenas quedan unos meses para celebrar el centenario de la Generación del 27, a la que Miguel Hernández estuvo estrechamente vinculado. «Es importante esta obra como un ejercicio de mediación con la memoria histórica de este país. A veces escasea eso de recordar de dónde venimos y cuál fue nuestro pasado», apunta Pàmies en el sentido más político de su creación. Le sigue Zamora, quien considera que este tipo de arte es necesario frente a la cantidad de mensajes de odio que la extrema derecha propaga cada vez más y con total impunidad. «Este es el teatro que yo quiero hacer, que sea social, que hable del mundo en el que vivimos y que nos plantee preguntas y no verdades absolutas, como pretenden hacer los fascismos», finaliza.

¿Sabes qué es La Marea?

La Marea es un medio independiente editado por una cooperativa sin ánimo de lucro. Desde 2012, apostamos por el periodismo de investigación, el análisis en profundidad y la cultura, siempre con una mirada crítica y comprometida.

Si crees que es necesario contar con información libre y rigurosa, suscríbete a nuestra revista, en papel o versión digital, desde solo 17 euros. Tu colaboración nos ayuda a seguir informando, cada día y en abierto.