Israel ha destruido ciudades del sur de Líbano después de la firma del alto el fuego

mpr21                                                                                                                              Redacción                                                                                                                    13/10/26

Cuando en abril Israel y Líbano firmaron un alto el fuego, se suponía que debía cesar la destrucción sistemática de aldeas del sur de Líbano por parte del ejército israelí. Sin embargo, aquello no había hecho más que empezar.

El ejército israelí ha arrasado en gran medida 48 de las aproximadamente 60 aldeas y localidades del sur de Líbano, asegura el New York Times, lo que aviva el temor de que Israel pretenda impedir permanentemente el regreso de los vecinos.

No se trata de daños colaterales derivados de ataques militares. La destrucción de aldeas libanesas desde abril se ha llevado a cabo principalmente mediante demoliciones controladas ejecutadas por las tropas israelíes.

Casi todas las aldeas destruidas tenían una población mayoritariamente chiíta, mientras que aquellas habitadas por cristianos, drusos y suníes se han librado en gran medida de la destrucción.

En julio, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, reconoció que el país había destruido al menos 24 aldeas libanesas históricas, reconociendo que se trata un castigo para sus habitantes. “Veinticuatro aldeas libanesas que tenían siglos de antigüedad —con residentes chiítas que actuaron como enemigos [de Israel] en nombre de Hezbollah y amenazaron nuestras fronteras y a nuestros residentes—; destruimos todos los edificios”.

“No casa por casa”, enfatizó. “La totalidad de esas aldeas… su demolición se ha completado”.

Desde marzo, la ofensiva militar de Israel ha desplazado al menos a 1,1 millones de civiles libaneses, mientras sus fuerzas se han atrincherado en una franja ocupada del sur de Líbano que se extiende hasta 13 kilómetros desde la frontera.

Unas 270.000 personas siguen sin poder regresar a sus hogares. Muchas ni siquiera tienen casa a la que volver. En numerosas aldeas, las viviendas, las carreteras, los servicios básicos y las instalaciones públicas han dejado de funcionar.

El Times ha constatado que las tropas israelíes también han quemado el 11 por cien de la superficie ocupada desde el alto el fuego de abril, incluyendo tierras de cultivo y olivares. Paralelamente, miles de árboles han sido arrasados ​​con excavadoras. A medida que las infraestructuras han quedado inutilizadas, Israel ha erigido lo que parecen ser instalaciones propias de una ocupación militar a largo plazo. Las imágenes satelitales muestran que, desde el inicio del alto el fuego, se han construido —al menos parcialmente— tres nuevos puestos militares israelíes, junto con nuevas carreteras que los conectan con territorio israelí.

El alto el fuego negociado por Estados Unidos prohibía expresamente las “operaciones militares ofensivas contra objetivos libaneses —incluidos objetivos civiles, militares y otros objetivos estatales— en territorio de Líbano”, salvo en casos en que fuera necesario adoptar medidas defensivas frente a ataques planificados, inminentes o en curso.

El ejército israelí ha sugerido que la ocupación del sur de Líbano continuará indefinidamente. El mes pasado, Katz afirmó que Israel “no se retirará de la zona de seguridad” hasta que Hezbollah se desarme. Netanyahu ha insinuado que algunas de las aldeas cristianas desean ser anexionadas al territorio israelí. Por su parte, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, reiteró el mes pasado su petición de que Israel extienda sus fronteras hacia el norte hasta el río Litani, lo que abarcaría la mayor parte del territorio libanés que ocupa actualmente.

Israel ha declarado que ha arrasado aldeas enteras para destruir la infraestructura militar de Hezbolá e impedir que los combatientes regresen a la zona próxima a la frontera israelí. Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, señaló en julio que Israel estaba llevando a cabo una “destrucción generalizada” de viviendas civiles, y añadió que “demoliciones de este tipo plantean serias dudas sobre el cumplimiento del derecho internacional humanitario“.

“En amplias zonas del sur de Líbano, a las órdenes de Israel de ‘que todo el mundo se marche’ les siguieron órdenes de ‘no volver’”, declaró en junio Kristine Beckerle, directora de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el norte de África. “El desplazamiento forzoso y la imposibilidad de retorno de decenas de miles de civiles del sur de Líbano por parte de Israel equivalen a un traslado ilegal, lo que constituye una violación grave del Cuarto Convenio de Ginebra y, por tanto, un crimen de guerra“.

Pero Israel ya ha demostrado muchas veces que no son las acusaciones de cometer crímenes de guerra las que van a detener a sus hordas.