
El lunes, el buque Ro-Ro Nadezhda, propiedad de una empresa turca, y otro buque mercante civil turco, el Yaşar, fueron atacados frente al puerto ruso de Novorossiysk.
El Nadezhda, que según se informó transportaba frutas y verduras frescas de Rusia a Turquía, contaba con una tripulación de 22 personas, 13 de ellas ciudadanos turcos. La tripulación fue evacuada al puerto de Novorossiysk. Varios marineros resultaron heridos, tres de ellos de gravedad. El capitán del barco, Yalçın Şahin, afirmó que el ataque había sido perpetrado por Ucrania y que se habían utilizado seis o siete drones.
El 22 de julio, el Reyhan Sarı, que había zarpado del puerto ruso de Taman con un cargamento de carbón, fue alcanzado en aguas internacionales. Dos de los 22 tripulantes turcos a bordo resultaron heridos, y Savaş Çakar, quien trabajaba en la sala de máquinas, perdió la vida.
Llevados a cabo con el respaldo y la información de inteligencia de la OTAN, los ataques de Ucrania —tanto en el interior de Rusia como en aguas internacionales— están dirigidos contra infraestructura civil y económica, como puertos, buques y refinerías. El comercio marítimo en el Mar Negro se ha convertido en uno de los objetivos centrales de la última escalada, lo que ha involucrado a terceros, sobre todo a Turquía.
Rusia, por su parte, está respondiendo a los ataques ucranianos con ataques contra los puertos de Odesa y Nikoláiev (Mykolaiv) y contra buques ucranianos en el Mar Negro. El 3 de agosto, el Ministerio de Defensa ruso anunció que había alcanzado a dos buques de carga seca en el Mar Negro, que, según afirmó, transportaban suministros para el ejército ucraniano, así como a otros dos buques que estaban descargando mercadería en el puerto de Nikoláiev. Estos ataques están afectando gravemente al comercio marítimo.
Según Sputnik, el gobernador del Banco Nacional de Ucrania, Andriy Pyshnyi, escribió en Facebook: «Las restricciones a la logística marítima se están sintiendo de manera muy aguda, sobre todo por parte de las empresas de la economía real. Como resultado, las exportaciones de mercancías se están retrasando considerablemente o se están suspendiendo temporalmente».
Tras la intensificación de los ataques en el Mar Negro, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía emitió un comunicado en el que expresaba su «profunda preocupación» por el hecho de que la guerra entre Rusia y Ucrania «se esté extendiendo aún más hacia el Mar Negro, afectando también a embarcaciones civiles, a pesar de todas nuestras advertencias».
El ministerio agregó: «Por lo tanto, reiteramos nuestro llamado a todos los actores relevantes, en particular a las partes beligerantes, para que implementen urgentemente medidas concretas que garanticen la seguridad de la navegación en el Mar Negro».
La respuesta del régimen del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan ante los ataques ucranianos contra buques y marineros turcos ha sido hacer la vista gorda. Este silencio forma parte de la integración cada vez más profunda de Ankara en la guerra de la OTAN contra Rusia.
Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022, Ankara aplicó una política de equilibrio, manteniendo sus vínculos comerciales y políticos con ambos países. Esta política garantizó el flujo de petróleo y gas natural, de vital importancia, desde Rusia hacia Turquía y protegió la actividad económica turca —sobre todo, las exportaciones y el turismo— de daños graves. Sumarse a las sanciones contra Rusia habría asestado un duro golpe a una economía turca ya de por sí inestable y azotada por la crisis. Al mismo tiempo, Ankara desarrolló su cooperación militar y de defensa con Ucrania. Sin embargo, la renovada escalada de la guerra contra Rusia, impulsada sobre todo por las potencias europeas de la OTAN, está socavando los cimientos de esta política y obligando a Turquía a tomar partido abiertamente.
Ucrania y Rusia son los vecinos de Turquía al norte en el Mar Negro, mientras que Irán, que está bajo ataque de Estados Unidos e Israel, se encuentra en la frontera oriental del país. Como demostró el ataque de Ucrania contra un buque iraní en el Mar Caspio, estos frentes tienen el potencial de fusionarse, y Turquía se encuentra en el punto donde se cruzan.
La respuesta del gobierno de Erdoğan ante esto es estrechar sus lazos con sus aliados imperialistas de Estados Unidos y Europa y buscar un papel más activo para sí mismo. En la cumbre de la OTAN celebrada el mes pasado en Ankara, Erdoğan se presentó no solo como anfitrión, sino como líder del ejército de tierra más grande de la OTAN europea y de una industria armamentística en rápida expansión. Subrayó el papel indispensable de las fuerzas armadas turcas en la agenda bélica de Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea. Desde la cumbre, Ankara ha comenzado a demostrar su determinación de asumir este papel mediante su disposición a formar parte del creciente despliegue militar que se extiende desde el Mar Rojo hasta el Báltico.
Como parte de la escalada de la guerra de la OTAN contra Rusia, se ha formado una «Coalición de los Dispuestos» bajo el liderazgo de Gran Bretaña y Francia, mientras que las potencias europeas se preparan para una guerra directa mediante el rearmamento y la reintroducción del servicio militar obligatorio. Ankara ha permitido que la «Coalición de los Dispuestos» establezca un cuartel general naval en Estambul dirigido contra Rusia.
De agosto a noviembre, Turquía ha desplegado cinco aviones de combate F-16 y 76 efectivos en la base aérea de Ämari, en Estonia. La unidad, procedente del Escuadrón 181 del 8.º Comando de la Base Principal de Aviones a Reacción en Diyarbakır, llevará a cabo la misión de vigilancia aérea del Báltico de la OTAN. Al comentar sobre este despliegue, dirigido contra Rusia, el Ministerio de Defensa declaró el X: «La Fuerza Aérea turca continúa su poderosa contribución a la protección del espacio aéreo de la OTAN y a la determinación de la defensa común».
Mientras tanto, la guerra de agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán se encuentra en su sexto mes y se está convirtiendo en una conflagración que está arrastrando a toda la región. La semana pasada, Estados Unidos y Arabia Saudita llevaron a cabo ataques aéreos conjuntos en Irak contra las Fuerzas de Movilización Popular (Hashd al-Shaabi), que se han integrado formalmente en las fuerzas de seguridad del Estado.
En Yemen, por su parte, los hutíes, que controlan la capital y las principales ciudades portuarias del país, declararon un bloqueo del Mar Rojo contra Arabia Saudita, tras los ataques al Aeropuerto Internacional de Saná el 20 de julio. Tras haber desviado sus exportaciones de petróleo hacia el Mar Rojo tras el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, Riad propuso una «Alianza Multinacional de Defensa Marítima» el 28 de julio, en una reunión a la que asistieron 43 de los 51 Estados invitados. Catorce Estados, entre ellos Turquía, Pakistán, Egipto, Sudán y Yibuti, anunciaron su apoyo a esta coalición propuesta, cuya sede estará en Riad.
A pesar de sus inquietudes por las posibles consecuencias de la expansión de la guerra contra su vecino del este, Turquía también está mostrando su disposición a desempeñar un papel activo en la guerra de Estados Unidos contra Irán y sus aliados. Al describir el ataque contra Irán como una «guerra israelí», Erdoğan se ha abstenido deliberadamente de condenar a su «amigo» Trump y a Estados Unidos. En cambio, Ankara ha condenado a Irán por ejercer su derecho a la autodefensa. El ministro de Relaciones Exteriores, Hakan Fidan, afirmó que la primera oleada de ataques, que aniquiló a parte de los líderes iraníes, incluido el líder supremo Ali Jamenei, había creado una «oportunidad», y aconsejó al régimen iraní que se rindiera sin resistencia.
El gobierno de Erdoğan ya ha intervenido anteriormente en Siria, Libia y en la guerra entre Azerbaiyán y Armenia, y ha extendido su alcance militar a África. Ahora Turquía se prepara para unirse a una coalición naval en el Mar Rojo, al tiempo que establece su presencia en el Mar Báltico y el Mar Negro como parte de la OTAN. Estas son las respuestas reaccionarias de una potencia regional ante la guerra imperialista que se agrava. El único camino a seguir consiste en construir un movimiento internacional y socialista contra la guerra en la clase trabajadora, dirigido contra el imperialismo y todos sus defensores