MPR21 Redacción 09/07/26

El fiscal general de Alemania, Jens Rommel, acusa a uno de los autores de la voladura del NordStream, Serhij K., de cometer un crimen de guerra. Fue un ataque dirigido contra un objetivo civil protegido por el derecho internacional, cometido por un comando ucraniano bajo el mando de oficiales activos y, según los tribunales, “con una alta probabilidad controlada por el estado”.
Los intoxicadores presentan el atentado contra el NordStream como si fuera una acción de guerra de Ucrania contra Rusia, pero en Alemania lo tienen claro: el sabotaje estaba dirigido contra Alemania y no es una acción de guerra sino un crimen de guerra, que es todo lo contrario. En otras palabras, es un atentado terrorista de Ucrania contra Alemania.
A la vista de la calificación jurídica de los hechos, al portavoz del gobierno, Stefan Kornelius, le preguntan en una conferencia de prensa: ¿qué consecuencias políticas y diplomáticas extrae el gobierno de esta evaluación en sus relaciones con Ucrania?
La respuesta no pudo ser más vacía. Kornelius dijo que los fiscales han hecho su trabajo y “el estado de derecho sigue su curso”.
Cuando le preguntan si el gobierno alemán, independientemente del proceso penal en curso, evalúa el atentado contra la infraestructura energética alemana por parte de representantes de un estado socio como un proceso que debería tener consecuencias políticas en las relaciones bilaterales, el portavoz del gobierno volvió a esquivar la respuesta: “No lo comentaré políticamente”.
Los fiscales alemanes han quemado los dedos a su gobierno, a pesar de que no les pudo pillar por sorpresa. La evaluación política del atentado la hicieron hace mucho tiempo y se resume muy rápido: el sabotaje no ha tenido y no va a tener consecuencias diplomáticas en las relaciones entre Alemania y Ucrania.
Los más altos órganos políticos alemanes hacen como si nada hubiera ocurrido. Se van a comer el sapo, y quien se come uno, se come muchos más. El sapo se convierte en un ingrediente habitual de las comidas.
El jefe de los terroristas vive en Kiev
Los fiscales han enviado sus conclusiones a Serhij K., que está encarcelado en Italia desde el verano del año pasado, después de que fuera detenido. Dentro de la organización terrorista le atribuyen el papel de comandante del yate de vela “Andrómeda”. El jefe de operaciones es el comandante de las Fuerzas Especiales de Ucrania, Roman Chervinsky, quien confirmó a varios medios de comunicación que había sido el superior de K. en el comando de las fuerzas especiales en el momento del atentado.
A los alemanes no les gusta pagar los platos rotos del fracaso de la industria del “fracking” estadounidense que, a principios de la década de 2020, cuando se produjo el atentado contra el NordStream, estaba al borde del colapso. El precio de mercado al contado había caído por debajo de cinco euros por megavatio hora. La industria predominantemente financiada por la deuda se enfrentaba a la bancarrota.
Solo la Guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia permitieron a las empresas energéticas estadounidenses operar de manera rentable con el “fracking”. El gas de Estados Unidos sustituyó al gas ruso en Europa a unos precios estratosféricos.
Alrededor de 20 buques de Estados Unidos viajan actualmente a Europa con gas cada semana, a un precio de venta de 40 a 50 euros por megavatio hora (MWh). Es el doble del precio del gras ruso.
La industria del gas estadounidense genera alrededor de mil millones de euros por semana. Europa financia esa industria con su bancarrota económica.
En septiembre de 2022, el secretario de Estado, Antony Blinken, describió la destrucción del gasoducto como una “enorme oportunidad estratégica” y señaló que Estados Unidos es ahora el proveedor más importnte de gas a Europa.
“Ahora somos el proveedor más importante de gas para Europa […] Es una gran oportunidad, una tremenda oportunidad para eliminar la dependencia de la energía rusa de una vez por todas. Esto es muy significativo y ofrece una tremenda oportunidad estratégica para los próximos años”.
Polonia también quería controlar el negocio del gas en Europa
Varsovia siempre se opuso al proyecto NordStream desde que en 2005 se anunció. Los hermanos Kaczynski lo compararon con el pacto Molotov-Von Ribbentrop de 1939.
Pero detrás de la charlatanería política había intereses económicos. Polonia había adquirido campos de producción de gas en Noruega, construido la tubería del Báltico y terminales para el gas estadounidense en la costa del Báltico, inversiones que solo se podrían rentabilizar si el gas ruso salía del mercado europeo.
La tubería del Báltico abrió el 27 de septiembre de 2022, solo un día después de que los oleoductos Nord Stream explotaran. Con motivo de la inauguración, el primer ministro Morawiecki habló del “fin de la era de la dependencia del gas ruso”.
A principios de febrero de 2022, el periódico alemán Tageszeitung, bajo el título “Polonia espera hacer un negocio con el gas”, un artículo reconocía que Varsovia quería acabar con el gas ruso y, de rebote, con el alemán. La inversión polaca de mil millones de dólares en infraestructura, conncluía el periódico, solo valdría la pena “si el NordStream no entrega gas barato a toda Europa”.
Polonia funcionaba por encargo de Estados Unidos. El plan era desalojar a los rusos y los alemanes para controlar el negocio del gas en Europa. Con ese fin, el gobierno de Varsovia compró extensos campos de producción de gas en Noruega, construyó una tubería a través del Mar Báltico y gigantescas cisternas en la costa.