mpr21 Redacción 19/10/26

El sabotaje al gasoducto NordStream es el atentado terrorista más importante cometido en Alemania en la posguerra y es sorprendente la cautela con la que los medios de comunicación informan del juicio iniciado el miércoles en Hamburgo. Ni siquiera proporciona el nombre del acusado, Serguey Kuznetsov, al que identifican por sus iniciales.
Es lógico porque los medios hacen causa común con el gobierno de Merz, que es el mayor apoyo con el que cuenta el gobierno ucraniano, lo cual es tanto como decir que, en definitiva, es Berlín quien ha financiado un atentado contra su propia infraestructura. Por lo tanto, el juicio de Hamburgo se dirige contra la propia línea política seguida por los gobiernos alemanes desde 2022.
Por lo demás, el miércoles el acusado se negó a declarar porque sus superiores en Kiev no le autorizan a levantar el secreto de sus actividades, lo que significa -por si cabían dudas- que Kuznetsov ha estado y sigue estando bajo las ordenes del ejército ucraniano.
Como excepción al silencio mediático, el mismo miércoles por la noche, la cadena ARD entrevistó a Joachim Weber, profesor de seguridad en la Universidad de Bonn. “Fingimos que no ha pasado nada”, dijo. Alemania no espera una disculpa de Zelensky y durante cuatro años el gobierno alemán apenas ha comentado sobre el sabotaje, a pesar de que la fiscalía lo califica como un crimen de guerra.
Legalmente, el caso es “relativamente claro”, dijo Weber. Es un ataque a la infraestructura civil de un país que no está en guerra y no tiene dudas sobre la responsabilidad del atentado: es obra de Ucrania. “Ya no tengo ninguna duda de ello”, concluyó.
El grupo de saboteadores estaba compuesto por siete personas: un patrón, un coordinador, un experto en explosivos, cuatro buzos, entre ellos una mujer. Sus identidades no han sido reveladas oficialmente, pero han trascendido a través de expedientes de investigación y documentos de la fiscalía alemana que se han filtrado a la prensa. En los documentos alemanes, aparecen identificados por sus nombres de pila y la inicial de sus apellidos.
El acusado en Hamburgo es un veterano del SBU, el servicio de inteligencia ucraniano. Parece ser el jefe del comando. Desempeñó un papel clave en la toma de decisiones y la coordinación durante la operación de sabotaje contra los gasoductos.
Uno de los buzos es Valeria T., una ciudadana ucraniana de 40 años que, antes de la guerra, impartía clases en una escuela de buceo en Kiev junto con Zhuravlov y Yevhen U., otra de las personas que figuran en el comando.
Yevhen U. formaba parte de un segundo grupo que había planeado hacer estallar el gasoducto TurkStream, el cual transporta gas ruso a Europa a través de Turquía. Dicha operación fue abortada y, posteriormente, Yevhen U. se unió al grupo que se dirigió al Mar Báltico. El diario Die Zeit ha señalado que actualmente se encuentra en Ucrania.
Entre los demás autores identificados en la investigación figura Vsevolod K., un militar ucraniano que, según diversas pesquisas periodísticas, recibió formación en Alemania y, al parecer, falleció en combate en Ucrania en diciembre de 2024. Por último, está el patrón del yate, un marinero de Odesa cuya identidad real sigue siendo desconocida; solo se le conoce por los alias que utilizó en los pasaportes falsos obtenidos para la operación.