Entrevista a Greg Levy, candidato independiente al Senado por Ohio, dirigente del PSL.

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Dirigente del PSL, Gregory Levy

El próximo 3 de noviembre, Estados Unidos irá a las urnas para las elecciones de mitad de mandato, en una jornada en la que se renovarán toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, además de definirse gobernadores, legislaturas estatales y otros cargos a nivel estatal y local en todo el país.

Tras su reciente visita a Cuba, los periodistas Belén de los Santos y Gabriel Lopes conversaron con Gregory Levy, candidato independiente al Senado por Ohio y dirigente del Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL). Levy nació en Akron, una ciudad del noreste de Ohio con una historia característica del llamado Cinturón del Óxido: fue un importante centro de la industria del caucho y los neumáticos antes de atravesar una fuerte desindustrialización que aún golpea a su población. Este año, Levy participa por primera vez en una elección y busca disputar un espacio por fuera de los dos grandes partidos, en un escenario de creciente interés por las ideas de izquierda y de cuestionamiento al sistema bipartidista.

 

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Gregory Levy, frente al teatro Karl Marx en la Habana Cuba . Foto Belén de los Santos

—Recientemente has estado aquí, en Cuba, y quisiéramos conocer tus impresiones generales. ¿Cuál es tu lectura de lo que está ocurriendo actualmente en la isla, en este momento tan complejo?

—Realmente, ha sido una experiencia que me ha causado un profundo impacto. En primer lugar, están las condiciones materiales que se viven en Cuba como resultado del bloqueo y de su actual intensificación. El daño que se está causando al pueblo cubano es muy real. Es algo palpable: la falta de electricidad, la imposibilidad de mantener el suministro eléctrico, el hecho de que hospitales, redes eléctricas y pueblos enteros queden sin electricidad, algunos durante largos períodos.

Esta es una situación material muy grave que se está imponiendo al pueblo cubano. Y es algo de lo que, como ciudadano estadounidense, tengo que asumir la responsabilidad: el hecho de que este gobierno estadounidense esté imponiendo estas condiciones al pueblo cubano. No quiero dejar pasar eso.

El pueblo estadounidense debe ser consciente de esta situación, asumir una responsabilidad y actuar en consecuencia: del empobrecimiento que están provocando directamente las acciones del gobierno estadounidense y del imperialismo estadounidense en un sentido más amplio.

Pero, en el plano personal, me alentó muchísimo poder ver y conversar con el pueblo cubano. Me impresionaron mucho su resiliencia, su espíritu y su determinación, así como su altísimo nivel de organización para hacer todo lo posible por satisfacer las necesidades de su pueblo. Eso es algo muy diferente de lo que ocurre en Estados Unidos: ver a personas que ponen una lógica verdaderamente humana en el centro de la toma de decisiones, ver la movilización que existe para proteger al pueblo cubano y comprobar que mantiene una enorme lealtad hacia esta revolución y cree en su liderazgo.

El viaje dejó una impresión imborrable en mí: ver un gobierno que, en todos los sentidos, realmente trabaja directamente para su pueblo. Eso fue lo que vi en Cuba.

—A pesar de las promesas de campaña de Trump de acabar con las guerras, desde su llegada al gobierno hemos visto una intensificación de las agresiones contra otros países, al tiempo que dentro de Estados Unidos se ha desatado una verdadera cacería contra las comunidades migrantes. ¿Cómo percibes la reacción de la sociedad estadounidense ante este escenario?

—Creo que, en este momento, el pueblo estadounidense está muy atento a la relación entre la guerra y la situación política. Las agresiones contra Irán están siendo muy impopulares entre la población.

Los estadounidenses pueden ver que estas agresiones tienen un efecto directo sobre la economía del país y que, en realidad, no benefician a la población. Eso sin mencionar los efectos devastadores y genocidas que tienen sobre los pueblos de Cuba y Venezuela, al igual que sobre el pueblo iraní.

Creo que este es un momento particular en el que los estadounidenses están saliendo de una especie de letargo que ha durado demasiado tiempo. Es nuestra responsabilidad gritarlo a los cuatro vientos: estas agresiones y estos crímenes de guerra cometidos contra la soberanía de otros pueblos del Sur Global, nuestros vecinos, tienen efectos muy directos y negativos sobre todos nosotros.

—Hay mucho debate entre analistas políticos, tanto de derecha como de izquierda, sobre el crecimiento de las ideas de izquierda, principalmente entre la gente joven. Este fenómeno se expresa en una mayor cantidad de candidatos de izquierda, o incluso socialistas, como vos, que se presentan por fuera de los partidos tradicionales. Pero también, dentro del Partido Demócrata, aparecen sectores más corridos a la izquierda que el establishment partidario.

¿Por qué creés que está ocurriendo esto? ¿Cuál es tu experiencia en Ohio hablando con los trabajadores?

—En Estados Unidos, el ascenso del fascismo es algo muy real. Estamos viendo diferentes formas de violencia a nuestro alrededor. Un ejemplo son los trabajadores secuestrados por el ICE. Vemos cómo el ICE se convierte, en este mismo momento, en una enorme fuerza de policía secreta en Estados Unidos. Frente a estos problemas, vemos la falta de propuestas y de resultados concretos por parte del establishment corporativo, lo que deja un vacío de respuestas.

La gente está acercándose a la izquierda porque nosotros sí hablamos de por qué está ocurriendo todo esto. Estamos creciendo porque tenemos las respuestas que la gente necesita y la solidaridad que las personas están buscando, a la que quieren sumarse de una manera genuina, y no simplemente como una frase retórica utilizada para enriquecernos personalmente, como la gente está acostumbrada a ver debido al carácter cínico de la política estadounidense.

En nuestra campaña, hablando con trabajadores comunes de distintas partes del estado, hemos tenido una recepción favorable. Hay desafíos, claro, porque no tenemos acceso al tipo de micrófono corporativo que existe en otros casos. Pero cuando logramos hacer llegar nuestro mensaje, la gente está preparada, dispuesta y muy motivada. Hemos tenido buenos actos, con mucha gente, y las personas han mostrado mucho entusiasmo por nuestro mensaje.

—Más allá de una banca concreta en el Congreso o en el Senado, ¿qué creés que está en juego en estas elecciones de mitad de mandato?

—Creo que la contienda en la que estoy participando forma parte de lo que está ocurriendo en todo el país. Tenemos un candidato de derecha que apoya el fascismo. No hace falta decir mucho más.

Sabemos cuál es su posición como figura trumpista. También tenemos a una figura liberal que se presenta como defensora de los trabajadores, pero que, al mismo tiempo, está muy vinculada al sionismo, es muy favorable a las corporaciones y resulta completamente inofensiva cuando se trata de formar parte de la maquinaria política de Washington.

Y, en medio de eso, aparece un candidato independiente que realmente está hablando de soluciones para problemas de la magnitud de esas dificultades. Un candidato que puede decir abiertamente que necesitamos recortar el presupuesto militar en un 90% y que, por supuesto, necesitamos aumentar el salario mínimo para que los trabajadores puedan llegar a fin de mes.

Para ello, tenemos que mantenernos firmes en nuestros principios y nunca retroceder. Necesitamos un espíritu de lucha, una disposición a luchar por la clase trabajadora y llevar todo eso al imaginario de los habitantes de Ohio en todo el estado. Esto es muy necesario porque ayuda a recuperar una historia socialista que ya existe en Ohio.

Necesitamos esto porque cambia la manera en que las personas conciben lo que la política puede hacer. Podemos transformar a los votantes pasivos en personas realmente comprometidas, que asuman la responsabilidad por nuestra sociedad, que sean verdaderos protagonistas de nuestra democracia y de su construcción. Se trata de transformar por completo nuestro sistema: pasar de un sistema que funciona para el capital a uno que realmente responda a las necesidades de la población.

—¿Cómo ves el papel de los movimientos de masas y de los movimientos sociales dentro de Estados Unidos en relación con el Sur Global?

—Esto es algo que necesitamos construir, y creo que, desde Estados Unidos, realmente tenemos que asumir la responsabilidad de hacer crecer un movimiento que tenga una perspectiva internacionalista, porque eso es algo que el establishment ha eliminado de manera muy sistemática de lo que se suele llamar los movimientos de izquierda en Estados Unidos.

Los movimientos que existen están muy ensimismados y tienen muchas limitaciones a la hora de adoptar un enfoque internacionalista, que se preocupe por los trabajadores de todo el mundo y por el Sur Global.

Por eso, me tomo esto muy en serio: hacer crecer un movimiento de masas en Estados Unidos que esté conectado con los intereses de los trabajadores, tanto aquí como en el extranjero, y que asuma la necesidad de ser internacionalista, en lugar de refugiarse en el excepcionalismo estadounidense y en esas formas tan perniciosas de aislamiento que, en realidad, castigan al resto del mundo y permiten que atrocidades y genocidios lentos, como el que ha ocurrido en Cuba, persistan durante 70 años.

Tenemos que construir una conciencia en la izquierda que establezca un estándar que haga que eso sea imposible. Y tenemos que construir movimientos de masas con una conciencia que esté en línea con estos valores y principios. Ese es nuestro deber con la izquierda y con el movimiento socialista global, y eso es lo que estamos haciendo.

—Estuviste en Cuba, hablando con personas de distintos sectores. Y a su vez vienes recorriendo el estado de Ohio conversando con la clase trabajadora. Cuando hablas con un trabajador de tu ciudad, ¿cómo le transmites el vínculo entre su situación y lo que está sucediendo en Cuba?

En Estados Unidos, los medios de comunicación del establishment hablan mucho sobre la responsabilidad fiscal. El problema es que muchos ciudadanos estadounidenses no son conscientes de cómo se distribuyen los recursos públicos. No saben cuál es el presupuesto de guerra de Estados Unidos, no saben que ese es el destino de la mayor parte de sus impuestos. Si sumamos todo lo que se denomina “defensa”, que en verdad son agresiones imperialistas, estamos hablando de más de un billón, un billón y medio de dólares —esa es una estimación conservadora. Si además añadimos a las fuerzas de seguridad locales, estamos hablando de una porción enorme de los recursos totales.

Cuando las personas tienen la posibilidad de conocer estos datos, comprender realmente qué tipo de sistema reproducen con su trabajo, qué se les ha quitado a ellos y en qué se está gastando, descubren que, reduciendo el presupuesto militar en un 90 por ciento, podemos hacer todo tipo de cosas.

Podemos avanzar hacia una conversación mucho más productiva sobre cómo satisfacer las necesidades del pueblo estadounidense; discutir qué podemos hacer por el planeta y por la construcción de vidas dignas para las personas en Estados Unidos mientras apoyamos a los pueblos de todo el mundo.

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