La visita del presidente Xi Jinping a Washington los próximos días 24 y 25 tampoco ha generado mayores expectativas. Por el momento se han destacado temáticamente a la inteligencia artificial, la tregua comercial que vence en noviembre (y que seguramente será ampliada), así como aspectos de tierras raras y fentanilo, con la posibilidad de discutir sobre inversiones chinas en la cadena global de valor autopartes-automotriz, siempre y cuando cumplan con las exigencias de la seguridad nacional estadunidense. Las recientes medidas estadunidenses en contra de Rusia y los principales compradores de petróleo ruso pudieran también estar en la mesa de negociación, aunque no se espera que se integren a la discusión comercial bilateral. Trump no querrá abrir otro frente internacional con China antes de las elecciones de noviembre y China buscará mantener sin exabruptos su relación con Trump. No se esperan importantes decisiones de ningún tipo, más las de mantener el diálogo sin escalar tensiones.
Todo lo anterior en un contexto de “confrontación sistémica” entre Estados Unidos y China y significativos avances socioeconómicos y en el ámbito global por parte de China. Las cuatro iniciativas globales de China compiten directamente con el orden global estadunidense ( Pax Americana) y se fundamentan en el Sistema de Naciones Unidas.
La propuesta china se concentra en el respeto soberano de los países y sus civilizaciones, en la solidaridad con el Sur global y en una profunda reforma de la representación, el financiamiento y la ejecución de los proyectos de las instituciones que bajo la hegemonía estadunidense han subrepresentado al Sur global. La actividad de China en África, Asia, América Latina y el Caribe, así como en el bloque de los BRICS y notablemente con Rusia, reflejan su preparación ante el G-2 (con Estados Unidos).
¿Qué significa todo lo anterior para América Latina y el Caribe (ALC), incluido México? ¿Existen expectativas realistas de efectos del encuentro de Xi Jinping en Washington?
El impacto del próximo encuentro no será significativo para ALC y México. China buscará mantener su relación balanceada con Estados Unidos después de noviembre de 2026, seguramente ya con un Legislativo mayoritario demócrata (pero igualmente antichino). Con una mayoría demócrata en el Legislativo, Trump seguramente tendrá mucho menor libertad de continuar con sus erráticas medidas y China buscará sentar las bases para no escalar las relaciones bilaterales en el corto y mediano plazos.
Para ALC y México, sin embargo, las “nuevas relaciones triangulares” y las erráticas medidas por parte de EU continuarán, más allá de los cambios en el Legislativo estadunidense. El consenso demócrata y republicano mayoritario, explícito o implícito, considera a ALC y a México parte de su “ámbito de influencia” y al cual exige, con poco éxito, limitar la presencia China. Las presiones hacia cada uno de los países de ALC, particularmente México, continuará in crescendo en el mediano y largo plazos. En pleno declive de la Pax Americana en ALC y México nos veremos enfrentados a los coletazos políticos y económicos estadunidenses: buscar la culpa en el otro (los inmigrantes), los políticos, la corrupción y los narcos, además de la violencia y la ingobernabilidad y sus efectos en Estados Unidos.
El siglo XXI es asiático y particularmente chino; seguir insistiendo en que el único futuro de México es con Estados Unidos refleja la ignorancia de las élites (políticas, de partidos políticos, organismos empresariales e instituciones académicas) en México. China es la primera economía global desde 2016 y el centro de la innovación y la tecnología en la actualidad; bien lo saben las empresas importadoras mexicanas y latinoamericanas. Seguir insistiendo en que Washington es la única opción para México, así como el TLCAN/T-MEC, no refleja conocimiento socioeconómico sobre el siglo XXI.
El segundo encuentro entre Xi Jinping y Trump en 2026 también refleja que es perfectamente posible entablar un diálogo, estrategias concretas y una agenda bilateral con China. Así lo demuestran el propio encuentro y el interés de Trump con China, visitas de Carney a Pekín y de otros líderes latinoamericanos. Es significativo que las élites mexicanas sobrelleven el planteamiento de que una visita de alto nivel a China refleje necesariamente una afrenta para con Estados Unidos.
¿Será?
* Profesor del Posgrado en Economía y Coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM