En forma paralela, en una represalia calibrada a los ataques del Comando Central de Estados Unidos (CentCom) contra las instalaciones de radar y mando iraníes en Goruk y la isla de Qeshm, el CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de la nación persa) lanzó un ataque selectivo contra una base militar de Estados Unidos en Kuwait, desde la que se habían lanzado las agresiones y objetivos hostiles terrestres en otros cuatro países aliados de Washington en el golfo Pérsico. Rápida, contundente, esa respuesta significó un reajuste operativo fundamental de la doctrina de asimetría cualitativa iraní, que ampliaba el grado y el alcance geográfico de sus acciones de retaliación. El mensaje fue inequívoco: los puertos, la infraestructura energética, las rutas marítimas y los corredores financieros de la petrodictaduras del golfo, aliadas de Estados Unidos e Israel, son ahora variables en la represalia iraní. Ya no podrán disfrutar de las garantías de seguridad estadunidense; Irán las obliga a asumir una disyuntiva cruda e implacable: verdadera neutralidad o vulnerabilidad compartida. No hay tercera opción ni término medio.
Pero la expansión geográfica de la doctrina de disuasión iraní tiene otra dimensión derivada de ambos hechos. El Eje de la Resistencia (Irán, Hezbollah, Hamas, Ansarolá en Yemen, las milicias iraquíes) determinó que el tiempo de las advertencias graduales ha terminado. Más allá del colaboracionismo del presidente del Líbano con las tropas de ocupación israelíes, el apoyo de Irán al país de los cedros no es un gesto simbólico, sino una alianza militar funcional con la resistencia. Si la agresión sionista continúa en Gaza y Líbano, la expansión del teatro de operaciones de Irán activará nuevas opciones, incluido el control yemení del estrecho de Bab El-Mandeb que, como el de Ormuz, es otro de los puntos estratégicos más críticos del mundo. Un ataque a Beirut puede ahora desencadenar un bloqueo en el mar Rojo. El repliegue teatral de Trump es prueba de que las nuevas reglas del enfrentamiento establecidas por Irán y Hezbollah están funcionando con él, por ahora; pero Israel no cesa sus bombardeos selectivos.
Al aceptar el alto al fuego temporal del 8 de abril, Irán dejó claro que cualquier acuerdo debía incluir también el cese total de hostilidades en Líbano; dijo que el alto el fuego era indivisible. Una tregua armada tiene sentido cuando todas las partes la respetan al pie de la letra. De lo contrario, se reduce a poco más que un interludio táctico, un respiro para que el agresor se reagrupe mientras continúa persiguiendo sus objetivos por otros medios hostiles. Fue lo que hicieron Trump y Netanyahu. Creyeron que podían redefinir de manera unilateral la geografía del alto el fuego, estableciendo zonas donde la agresión seguía siendo permisible. Trataron de fragmentar la unidad de los frentes de resistencia y cometieron un error. Teherán dejó claro a Washington y Tel Aviv que no existe una paz posible que excluya a Hezbollah. Mientras tanto, Irán no dejará de responder las provocaciones y la guerra híbrida, sicológica y de baja intensidad de Estados Unidos, sin escalar el conflicto hacia una conflagración total.
Además, Estados Unidos e Israel descubrieron que Hezbollah no había sido destruida y que está lejos de ser derrotada. Al contrario, resurgió con una fuerza más formidable que antes, con un nuevo arsenal de pequeños drones de fibra óptica teledirigidos, invisibles para el radar, inmunes a las interferencias electrónicas y cargados de explosivos, que están diezmando diariamente a las tropas de ocupación israelíes y sus blindados. El alto mando del enemigo admite que por ahora no tienen solución para los drones y 286 tanques Merkava han quedado reducidos a acero carbonizado. Mientras crecen las bajas y los heridos en sus filas, el régimen de Israel quedó atrapado en una picadora de carne de su propia creación. A su vez, en un país como Líbano, donde el ejército estatal es incapaz o no está dispuesto a enfrentar la ocupación del agresor –y donde el propio presidente, el general Joseph Khalil Aoun, colabora con el enemigo–, la resistencia armada de Hezbollah es legítima según el derecho internacional; su legitimidad no se deriva de un decreto extranjero, sino del simple e innegable hecho de la presencia de tropas y tanques de ocupación israelíes en territorio libanés y de los bombardeos indiscriminados de la aviación sionista.
El frente unido ha transformado el equilibrio de poder regional, desplazando el centro de gravedad de Washington hacia el Eje de la Resistencia. En vísperas del Mundial de Futbol, las circunstancias políticas, militares y estratégicas se han vuelto cada vez más desfavorables para Trump, quien, al igual que Netanyahu, ha perdido, también, la batalla de la narrativa. Ayer, domingo, el ataque de Israel a Dahiva fue respondido por Irán y volvió a poner el conflicto al borde de una escalada.