De la guerra contra Irán, los árabes del golfo Pérsico han aprendido que Israel siempre está en busca de una nueva presa y que Estados Unidos no es el gendarme del mundo. Pero los estadounidenses todavía no saben qué pensar de Netanyahu y su coalición. Los sionistas revisionistas están tratando de introducir candidatos favorables a Israel en el Partido Republicano y en el Partido Demócrata pero los electores estadounidenses ya no quieren seguir apoyando un Estado genocida.

El Memorándum de Islamabad o Memorándum de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán [1] no sólo pone en el orden del día el restablecimiento de la paz en el golfo Pérsico. También plantea que Irán va a recibir 300 000 millones de dólares, no como “reparaciones de guerra” sino como “inversiones”. Sin decirlo, eso significa que la victoria pertenece a la República Islámica.
Esa victoria de Irán es sobre todo una derrota política para una facción estadounidense en particular. Los perdedores son los que, habiendo apoyado tradicionalmente a Israel, hoy se niegan a reconocer las masacres de civiles que el llamado “Estado hebreo” está perpetrando en Palestina y en Líbano.
La derrota de los sionistas revisionistas
La ceguera de los cómplices del Estado de Israel viene de su incapacidad para juzgarlo a partir de sus acciones y no de lo que dice ser. Confunden la imagen soñada de una patria que serviría de refugio a las víctimas de los pogromos europeos y la cruda realidad, que es la de un Estado gobernado por fascistas, en el sentido histórico de la palabra.
Esta confusión parece sorprendente sobre todo cuando se piensa que, en el momento de la operación “Diluvio de Al-Aqsa”, una parte de esos elementos habían diferenciado a los civiles de los combatientes. Algunos de ellos no negaban entonces el derecho inalienable de los palestinos a la resistencia frente a la ocupación israelí, pero denunciaban las muertes de civiles. Incluso, recordaban que Izz al-Din al-Qassam (1882-1935), cuyo nombre llevan las brigadas armadas del Hamas, no era un combatiente de la resistencia sino sobre todo un antisemita que se jactaba de haber matado civiles judíos.
Pero hoy, los sionistas revisionistas, o sea los discípulos de Vladimir Jabotinsky, se reagrupan alrededor de Benyamin Netanyahu (cuyo verdadero apellido es Mileikowsky), con intenciones de derrocar al presidente Donald Trump, y apoyan a los que viven en la confusión anteriormente descrita.
Hay que recordar que los “sionistas revisionistas”, discípulos de Jabotinsky, han sido siempre violentamente opuestos a los “sionistas” a secas de Theodor Herzl. Una verdadera guerra ha existido entre esos dos grupos desde que Jabotinsky, el gurú de los sionistas revisionistas, se alió a los nacionalistas integristas ucranianos en la matanza de judíos soviéticos, apoyó al líder del fascismo italiano Benito Mussolini [2] y negoció con los nazis para apoderarse de los bienes de los judíos húngaros [3]. En el momento de la creación del Estado de Israel, el primer primer ministro israelí, David Ben-Gurion (cuyo verdadero apellido era Grun), puso en pausa el conflicto entre los sionistas y los sionistas revisionistas, aunque imponiendo como condición que los restos de Jabotinsky no fuesen inhumados en Israel.
Aquel conflicto resurge ahora, con el “golpe de Estado legislativo” de los sionistas revisionistas, que han enmendado las Leyes Fundamentales de Israel preparando así el camino hacia la dictadura. Durante los 3 últimos años, la mayoría de los israelíes ha salido a las calles en manifestaciones contra esas “reformas”. Esos manifestantes han obtenido el apoyo de la inmensa mayoría de los ex responsables del ejército y ex dirigentes de los servicios de seguridad.
Las masacres que hemos visto no han salido de la nada. Son la aplicación concreta de una política que ya se aplicaba en los años 1920, o sea antes del nazismo, una política que fue universalmente condenada al final de la Segunda Guerra Mundial.
La sucesión de Donald Trump
En Estados Unidos, los partidarios de esa política se han reagrupado alrededor de la Fundación Adelson, que lleva el apellido del fallecido Sheldon Adelson, importante propietario de casinos en Las Vegas. En 2016, financiaron a Marco Rubio como candidato a la nominación del Partido Republicano a la elección presidencial. Después, en 2023, financiaron la candidatura de Donald Trump. Hoy, con vista a la futura elección presidencial, apoyan nuevamente a Marco Rubio, en el Partido Republicano y, en el Partido Demócrata, a Rahm Emanuel [4].
Rahm Emanuel, cuyo nombre completo es Rahm Israel Emanuel, es hijo del sionista revisionista Benjamin Auerbach, quien fue miembro de la organización terrorista Irgun y huyó de Israel después del asesinato del enviado especial de las Naciones Unidas, el conde Folke Bernadotte, en 1948. Durante la presidencia de George Bush padre, Rahm Emanuel se enroló como voluntario en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) para participar en la guerra contra Irak [5].
Posteriormente, Rahm Emanuel estuvo entre los consejeros del presidente Bill Clinton.
Durante la presidencia de George Bush hijo, fue miembro de la Cámara de Representantes por el Estado de Illinois.
Durante el primer mandato presidencial de Barack Obama, Rahm Emanuel fue jefe de la oficina presidencial, o sea jefe del personal de la Casa Blanca.
Durante el segundo mandato de Barack Obama y el primero de Donald Trump, fue alcalde de Chicago. Desde ese cargo, Rahm Emanuel cerró alrededor de 50 escuelas públicas en los barrios negros y latinos –fue la mayor cantidad de escuelas públicas cerradas en toda la historia de Estados Unidos–, aumentó sustancialmente los precios del transporte público y las tarifas de estacionamiento y privatizó la Chicago Transit Authority (Operadora de la red de transporte público de Chicago). Pero lo más importante es que trató de hacer desaparecer los videos que mostraban el asesinato del adolescente Laquan McDonald, de 17 años, abatido por la policía en 2014 [6].
Bajo la presidencia de Joe Biden, Rahm Emanuel fue nombrado embajador en Japón, donde supervisó la “compra” de diputados del Partido Liberal Demócrata (PLD) a los que la Iglesia de la Reunificación (la llamada “Secta Moon”) distribuyó millones de dólares, actuando por cuenta de la CIA.
Muy belicoso, algunos lo llaman “Rambo”, Rahm Emanuel no vacila en utilizar un lenguaje grosero y en llegar al enfrentamiento físico. Este personaje tiene 2 hermanos. Uno de ellos, el Dr. Ezequiel Emanuel, fue consejero especial para la política de salud de la administración Obama. El otro, Ali Emanuel, fundó y dirigió la agencia de empresario Endeavor. Cuando Israel trató tomar el control de Twitter, Ali Emanuel propuso a su “amigo” Elon Musk modificar la imagen de la red social… a cambio de 100 millones de dólares, lo cual marcó el fin de aquella “amistad”.
Dado el rechazo que las masacres perpetradas por el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu han suscitado entre los electores del Partido Demócrata, los sionistas revisionistas también tienen en reserva un segundo candidato demócrata menos polémico que Rahm Emanuel: el actual gobernador de Pensilvania Josh Shapiro.
En el Partido Republicano, el candidato de los sionistas revisionistas es el actual secretario de Estado, Marco Rubio, quien ya gozó del apoyo del fallecido Sheldon Adelson en 2015. El entonces ya anciano propietario de casinos, estadounidense de origen ucraniano que también ostentaba la nacionalidad israelí, veía en Marco Rubio el hijo de inmigrante que él mismo había sido y le tomado afecto.
Salvar los Acuerdos de Abraham
Una consecuencia del Memorándum de Islamabad es el nuevo cambio de posición de Emiratos Árabes Unidos. En el pasado, Emiratos Árabes Unidos fue un importante pilar de la causa palestina, llegando incluso a financiarla generosamente a través del príncipe Ahmed, uno de los hijos del jeque al-Zayed, hermano menor del actual soberano de Abu Dabi y presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohamed ben Zayed. Pero el príncipe Ahmed fue asesinado por la CIA en Marruecos, en 2010, y el presidente de los Emiratos cambió nuevamente de posición en 2020, decidió aliarse con Israel en contra de Irán, a pesar de que los emiratíes debían a Teherán gran parte de su riqueza nacional –el puerto de Dubái era utilizado para burlar el asedio estadounidense contra Irán. Emiratos Árabes Unidos firmó entonces los Acuerdos de Abraham, junto a Bahréin.
Pero cuando Israel y Estados Unidos iniciaron su agresión contra la República Islámica de Irán, las autoridades emiratíes afirmaron no entender por qué Irán respondía bombardeando su territorio y trataron por todos los medios de obtener una votación contra la República Islámica en el Consejo de Seguridad de la ONU [7] y en la Organización Marítima Internacional [8], antes de entender –y de admitir– que, ante un ataque exterior, ellas habrían actuado igual que Irán, o sea atacando el territorio de todo país que sirviese de trampolín a la agresión [9]. Finalmente, los emiratíes aceptaron, la semana pasada, sentarse a la mesa de negociación con los iraníes.
De la misma manera, Arabia Saudita, que en 2023 había restablecido sus relaciones diplomáticas con Irán gracias a la mediación de China, hizo saber al presidente Trump, antes de la agresión, que no pondría reparo a que Estados Unidos derrocara la República Islámica de Irán. Pero luego protestó, ante la respuesta militar iraní contra su territorio. Hoy, las autoridades sauditas también parecen haber aprendido las enseñanzas más evidentes de este conflicto: Israel está empeñado en convertirse en un imperio y Estados Unidos no protege a sus vasallos del golfo Pérsico sino que más bien los convierte en blanco de la respuesta militar de Irán. Como resultado de esa reflexión, el Reino de Arabia Saudita está preparando una “Cumbre de la Reconciliación” entre los Estados árabes del golfo Pérsico y la República Islámica de Irán.
Es en ese contexto que el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio visitó consecutivamente, del 23 al 25 de junio, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y finalmente Bahréin, donde se reunió con todos los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), en un esfuerzo por revivir los Acuerdos de Abraham [10], sobre todo porque la persona a cargo de ese dosier, el yerno judío del presidente Trump, Jared Kushner, ya no esconde que considera al primer ministro israelí Benyamin Netanyahu un enfermo mental.
En todo caso, los esfuerzos de Marco Rubio fueron inútiles.
La cuestión libanesa
A su regreso a Washington, el secretario de Estado impuso a la embajadora libanesa, Nada Hamadé Mouawad, la firma, el 27 de junio, de un “acuerdo marco” con Estados Unidos e Israel. Ese documento es una especie de “revisión” del Memorándum de Entendimiento de Islamabad negociado por Jared Kushner y el vicepresidente J.D. Vance y ya firmado entre Estados Unidos e Irán.
Por ejemplo, el Memorándum de Islamabad firmado entre Estados Unidos e Irán estipula en su artículo 1 «“El fin permanente de la guerra en todos los frentes,, incluyendo Líbano». Pero en el artículo 5 del “marco” de Marco Rubio se afirma que «“El Gobierno israelí subraya que sus acciones militares en Líbano son únicamente consecuencia de los ataques, de la amenaza que representan y de la intención hostil de grupos armados no estatales, en particular el Hezbollah» [11].
De esa manera se trata de avalar la retórica israelí, según la cual el Estado hebreo nunca quiso anexar Líbano sino que se ha limitado a responder a los ataques de un grupo “terrorista”. Pero esa narrativa pasa por alto el intento del político francés León Blum (1872-1950) de fundar el Estado de Israel en Líbano, en 1936; la guerra arabo-israelí de 1948 y las invasiones israelíes contra Líbano, en 1982 y 2006.
Ese “marco” niega el hecho que el Hezbollah es el núcleo de la resistencia libanesa frente a la invasión israelí. Trata de hacernos creer, contra toda lógica, que la ocupación israelí es consecuencia de la resistencia, cuando en realidad es al revés: la resistencia es la respuesta a la ocupación.
Por cierto, el texto del “acuerdo marco” firmado en Washington ni siquiera se ha publicado en el sitio web de la Presidencia de la República Libanesa. El presidente del parlamento libanés, Nabih Berri, anunció inmediatamente que ese texto no será ratificado y numerosos líderes libaneses ya lo han rechazado. No es una cuestión comunitaria sino de “libanidad”.
Después de la firma del Memorándum de Entendimiento de Islamabad entre Estados Unidos e Irán, el Hezbollah instaló, a lo largo de la autopista que atraviesa Líbano, grandes carteles en los que podía verse a los dos Khamenei, el asesinado Alí y su hijo Mojtaba, con la inscripción “Gracias Irán”. El sábado los retiró, reemplazándolos por carteles del ministerio de Turismo. Pero el domingo, esos carteles fueron a su vez reemplazados por otros en los que aparecía la bandera libanesa con la inscripción “Líbano primero”. Muchos de esos posters amanecieron quemados.
[1] «Memorándum de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán», Red Voltaire, 17 de junio de 2026.
[2] «Cuando el velo se desgarra: las verdades ocultas, de Jabotinsky a Netanyahu», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 23 de enero de 2024.
[3] מדוע חוסל קסטנר (¿Por qué fue asesinado Kastner?). Nadav Kaplan, Steimatzky, 2024.
[4] «J.D. Vance supera a Marco Rubio y a Gavin Newsom, y el Financial Times destapa a Rahm Israel Emanuel», por Alfredo Jalife-Rahme, (La Jornada) (México), (Red Voltaire), 28 de junio de 2026.
[5] Israel nunca envió tropas a ese conflicto. Nota de Red Voltaire.
[6] “Laquan McDonald shooting puts Rahm Emanuel in battle over the truth”, Ed Pilkington, The Guardian, 3 de diciembre de 2015.
[7] «Resolución 2817 del Consejo de Seguridad que condena la respuesta iraní a la agresión», Red Voltaire, 11 de marzo de 2026.
[8] «Déclaration du Conseil de l’OMI sur le détroit d’Ormuz», Réseau Voltaire, 19 de marzo de 2026.
[9] «Resolución 3314 (XXIX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Definición de la agresión», Red Voltaire, 14 de diciembre de 1974.
[10] Abraham Accords Peace Institute Annual Strategy, AAPI, 27 de agosto de 2021.
[11] «Cadre trilatéral entre les États-Unis d’Amérique, l’État d’Israël et la République du Liban, et son annexe secrète», Réseau Voltaire, 27 de junio de 2026.

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