El encuentro se realizó en la sede del Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño (CAMPO AC) y tejió charlas, talleres, cantos, bailes, ceremonias, compartir y aprender sobre semillas, hierbas, formas de cuidar los cultivos.
Pese a los muchos ataques que sufren las comunidades y sus defensores, a los territorios y sus elementos vitales como ríos, semillas, bosques, a sus formas comunitarias de vivir y construir futuros, las y los participantes provenientes de todos los rincones de Oaxaca y algunos otros estados reflejaban alegría, serenidad y decisión. Desde la diversidad de culturas vivas de valles, sierras, Istmo y costas compartieron semillas e historias. Mucho más que un trueque, cada persona que traía para compartir semillas de maíz, frijol, legumbres, chiles, hierbas, relató su historia, sus usos, las mejores condiciones para que crezcan y se adapten también en otras comunidades. Así es como la Red en Defensa del Maíz acordó desde hace un par de décadas proteger al maíz de la contaminación transgénica: compartiendo semillas de las que se conoce su historia.
El foro discutió también cómo el gobierno de México, por medio de varias de sus dependencias, ha colocado nuevas amenazas de ingeniería genética a la biodiversidad y a los pueblos. En el pronunciamiento que compartieron el 29 de septiembre, Día Nacional del Maíz, denunciaron que la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) y la Secretaria de Economía “están promoviendo el uso de diferentes formas de manipulación genética de cultivos, insectos y otros organismos, que representan nuevos peligros ambientales, de bioseguridad, salud y para las comunidades y pueblos de México, como la edición genética de cultivos, los plaguicidas con ARN y moscas transgénicas” (https://tinyurl.com/diamaiz26).
Señalaron como “lamentable el anuncio de Marcelo Ebrard de promover la fabricación de un supuesto biofungicida de ARN”. Aldo González, de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca (Unosjo), manifestó “Si es fungicida no es bio; su nombre lo dice: atenta contra la vida de los hongos. Los hongos son el motor del suelo y la agroecología; este mal llamado biofungicida puede provocar un desastre en la microbiodiversidad de los suelos campesinos de México”. Es una forma de allanar el camino a las trasnacionales de transgénicos y agrotóxicos (https://tinyurl.com/yhysyu6k).
En el foro se exigió que no se produzcan ni se utilicen en México los plaguicidas de ARN y que no se permitan los organismos con edición genética. Denunciaron y responsabilizan al gobierno de México por no aplicar el principio de precaución e intentar engañar a la población mexicana diciendo que estas nuevas tecnologías son benéficas. También exigen que “la Secihti deje de subordinar la investigación a las trasnacionales biotecnológicas”.
Para las y los participantes, los programas gubernamentales hacia la población rural no se han basado en lo que las comunidades necesitan; son mayormente programas decididos desde fuera y desde arriba, que han dividido comunidades y favorecido la migración. “Sembrando Vida y Producción para el Bienestar se han enfocado en la destrucción de las formas de organización comunitaria y de nuestros sistemas tradicionales de cultivo, y aunque en algunos lugares promueven técnicas de producción orgánicas, esto es marginal. Nos impusieron a ejidos y comunidades un modelo de gestión de la tierra que ha provocado que las mujeres y los jóvenes no puedan acceder a ella” (https://tinyurl.com/forooaxaca).
Rechazan la invasión de agrotóxicos y la promoción de agricultura industrial, con sus secuelas de contaminación de agua, suelos y alimentos, así como daños a la salud. Denuncian que las catástrofes climáticas son parte de ese modelo y que las y los campesinos son quienes alimentan y enfrían el planeta. Reclaman que la organización comunitaria milpa es la verdadera alternativa de vida y sustento.
En el mismo sentido se pronunció días antes la Declaración de Lachivixá, en la sede de Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), a partir de las conclusiones de la segunda Asamblea Nacional Agroecológica, que contó con más de 220 participantes de 18 organizaciones campesinas y redes de comunidades de pueblos originarios y campesinas y campesinos de 12 regiones, 45 municipios y 150 comunidades de 14 estados del país, convocados por el Instituto Agroecológico Latinoamericano (IALA) y la Vía Campesina México. “Afirmamos que la disputa por nuestros sistemas agroalimentarios comienza en nuestras propias comunidades y territorios. Recuperar nuestras semillas, cultivos, alimentos y sistemas productivos campesinos e indígenas es también recuperar nuestra autonomía y nuestra soberanía alimentaria” (https://tinyurl.com/IALA-Uciri).
Ambos encuentros dieron cumplida muestra de que las comunidades campesinas están vivas, en lucha, que son caminos verdaderos que día a día construyen respuestas reales y viables a las crisis alimentarias, climáticas y de derechos.