21/09/26

Empezó con un anuncio de que el 17 de septiembre de 2011 se realizaría una ocupación de Wall Street, la calle simbólica del poder financiero y donde está ubicada la Bolsa de Nueva York. De inmediato provocó alarma entre autoridades y se desplegó un ejército de policías que establecieron un perímetro de seguridad de varias cuadras alrededor de la bolsa, frenando la circulación por toda la zona porque se preparaban para sitiarla. Más maravilloso aún fue que las autoridades también decidieron “defender” el famoso toro de Wall Street, una escultura de bronce, símbolo de la bolsa, y hasta asignaron una patrulla para protegerla las 24 horas. No lograron evitar una toreada semanas después (https://theyesmen.org/project/ occupybullfight/video).
Al no poder ocupar físicamente Wall Street ese día, cientos de activistas marcharon hasta llegar al parque Zuccotti, a pocas cuadras, rebautizándolo como Plaza Libertad. Poco a poco establecieron una zona para dormir en tiendas de campaña, una cafetería, una clínica médica, una cocina popular, una biblioteca y una zona para tocar música, sobre todo tambores. Al inicio, los participantes eran en su mayoría estudiantes universitarios y jóvenes blancos, pero esa demografía empezó a cambiar con la llegada de sindicalistas primero y después jóvenes latinos, afroestadunidenses e inmigrantes. El círculo de tambores empezó a tomar nuevos ritmos (https://www.jornada.com.mx/2011/ 10/01/economia/023n1eco). Se convirtió en un eje de marchas, movilizaciones, acciones de desobediencia civil en la que participaban miles.
No había lideres, prevalecían los principios de horizontalismo y democracia asambleísta. Las autoridades de Nueva York prohibieron el uso de micrófonos y amplificadores de sonido de todo tipo, entonces se inventó el “micrófono humano”, donde cada círculo alrededor de un orador escuchaba, se daba la vuelta y en coro repetía el mensaje, y así, como olas las palabras llegaban hasta atrás de la asamblea. Obligaba a todos a escucharse entre sí.
También, como comentó la crítica social Rebecca Solnit, fue el primer momento desenchufado de una generación que había nacido con la era digital –se enamoraron y pelearon en tres dimensiones–. Hasta se publicó un periódico impreso, el Occupied Wall Street Journal, excelente por cierto (https://www.mcny.org/story/occupied-wall-street-journal).
La inspiración, según participantes y organizadores, fue la Primavera Árabe, los indignados de España y Francia, el levantamiento del EZLN y lo que regaló el movimiento altermundista desde la batalla en Seattle en 1999. Aunque duró sólo un par de meses en Nueva York –y eso que se multiplicó en 100 ocupaciones alrededor del país– y fue criticado por no tener objetivos concretos ni un plan, ese movimiento nutrió nuevas narrativas, iniciativas de ayuda mutua, proyectos contra la deuda médica y la estudiantil. Pocos años después, la campaña electoral del socialista democrático Bernie Sanders en 2016 y después 2020 que sacudió a las cúpulas políticas del país usó el esquema narrativo del 99 por ciento contra el uno por ciento.
Ocupa colocó como tema central la concentración de riqueza que sigue al centro de lo que es hoy día el país más económicamente desigual del mundo desarrollado, o como repite Sanders: “nunca antes en la historia estadunidense tan poca gente ha tenido tanta riqueza y tanto poder”, al convocar a una rebelión electoral contra la oligarquía.
Los ecos de Ocupa siguen retumbando en Wall Street y en las calles de Estados Unidos 15 años después.
Bruce Springsteen & Tom Morello. Ghost of Tom Joad. https://www.youtube.com/watch?v=B-c6GphpAeY