Cristina Monge: “Al bipartidismo se lo ha querido matar muchas veces y se resiste a ser asesinado”

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La politóloga especializada en calidad democrática y sostenibilidad defiende que la izquierda no está movilizada electoralmente y percibe las dudas de la derecha sobre el voto por correo como un atentado contra la democracia.

La politóloga Cristina Monge. FOTO CEDIDA

Cristina Monge (Zaragoza, 1975) atiende a La Marea tras ajetreados días de analizar la política en televisión y otros medios. No es una semana cualquiera. Dos días antes de esta entrevista, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el esperado adelanto electoral, miles de personas indignadas por la vivienda seguían gritando en la Puerta del Sol “hace falta ya una huelga general” y apenas quedaban unas horas para que el mundo conociera el fallecimiento de Maricarmen Abascal, la mujer desahuciada que detonó los acontecimientos. Monge es doctora en Sociología por la Universidad de Zaragoza con una tesis sobre el 15-M, e investiga los movimientos sociales, transición ecológica y calidad democrática en España. Colabora a menudo con El País, infoLibre y TVE, y es autora de libros como Contra el descontento o Hackear la política.

Escribes en El País que “el Gobierno de coalición progresista no tiene ya margen para seguir avanzando en sus políticas” y debe actuar en consecuencia para ganar la confianza del electorado de izquierdas. Ahora que hay adelanto electoral, ¿qué puede hacer la izquierda para capitalizar el descontento?

La izquierda tiene muchas cosas que hacer ahora, yo diría tres fundamentalmente. La primera, entender bien esos descontentos que están surgiendo: la chispa salta por un desahucio, pero inmediatamente genera una movilización en prácticamente toda España que se centra en el tema de la vivienda y enseguida empieza también a relacionarse con cuestiones como la precariedad laboral, los bajos salarios, las cuestiones más económicas… de ahí ese llamamiento a huelga general. Es decir, es importante entender bien el descontento, que puede llegar a ser complejo o contradictorio.

En segundo lugar, lo que la izquierda tiene que hacer ahora mismo es movilizar a su electorado. Hay casi millón y medio de votantes de la izquierda que a día de hoy dice que no va a votar o que no lo sabe todavía. No están movilizados electoralmente.

La tercera cuestión es ser eficaces y eficientes a la hora de traducir los votos en escaños. Presentarse con diferentes opciones políticas y marcas en una campaña electoral, en la mayoría de circunscripciones –aunque no en todas– suele ser penalizado por el propio sistema, y por eso muchas veces se insiste cuando se hace análisis electoral en que la izquierda es poco eficiente a la hora de transformar los votos en escaños, ya que al ir fragmentados se pierden los votos de muchos partidos que no llegan a obtener representación. En estos momentos hay una iniciativa en el Senado para hacer listas conjuntas, Senadores por la Democracia, y quizá en un momento determinado se pudiera plantear algo similar en las circunscripciones pequeñas.

Pero yo creo que esos son los grandes retos: entender el descontento, movilizar el electorado y ser eficiente convirtiendo votos en escaños.

Estos días hemos visto acusaciones de pucherazo e intentos por parte de Ayuso de cuestionar la fiabilidad del sistema electoral. ¿Es un atentado contra la calidad democrática?

Es un atentado contra la democracia en sí misma, con calidad o sin calidad. Es una irresponsabilidad sembrar dudas sobre un sistema que ha demostrado a lo largo de los años que es garantista, y que como todos los sistemas es mejorable, pero está en el top mundial en garantías democráticas. Además, lo hacen unos actores que se aprovechan de ese mismo sistema. Si tienen dudas sobre el voto por correo… ¿Por qué no las tenían cuando se presentó Ayuso a sus elecciones autonómicas y salió vencedora? Estas dudas se hacen siempre en campaña, pero al día siguiente de votar desaparece la duda. Es muy, muy, muy irresponsable.

No solo ocurre en España. Líderes de ultraderecha como Trump tuvieron ese mismo comportamiento y terminaron tomando medidas autoritarias durante sus mandatos. ¿Sería precipitado imaginar un futuro similar en España bajo PP y Vox?

No voy a gastar energía en imaginar eso porque prefiero gastarla en imaginar cómo me gustaría vivir, pero lo que sí puedo decir es que cuando se produjo el asalto al Capitolio, un mes antes muy pocas personas se imaginaban que algo así podía ocurrir en Estados Unidos. Y ocurrió.

Vox le está robando mucho terreno al PP, y el PSOE también ha perdido peso desde las elecciones de 2023 y 2019. ¿Estamos en un principio del fin del bipartidismo?

Al bipartidismo se lo ha querido matar muchas veces y se resiste a ser asesinado. Vamos a ver qué porcentaje saca en esta ocasión, pero el año 2015 tuvo su mínimo y luego fue recuperando. Probablemente ahora eso no sea así, pero está pendiente de ver. Igualmente, el PSOE ha bajado unos puntos desde 2023, pero lleva como año y medio prácticamente igual.

El PSOE aguanta bien las encuestas porque le está robando mucho electorado que procede de su izquierda. Si esa izquierda recuperara esa parte del electorado está por ver qué pasará con el PSOE, si es capaz de sacar a gente de la abstención, si es capaz de recuperar un electorado que está más en el centro… eso es lo que hay que ver. Hay diferencia respecto a las últimas elecciones del 2023, pero allí también baja el Partido Popular. Si lo comparamos con el 23J, bajan todos salvo Vox.

En las próximas elecciones, ¿qué está en juego para la transición ecológica?

Que sigamos por un camino que ya se ha tomado, de transición justa –muy lento, pero que ya está abierto– y que lo podamos acelerar, o que, por el contrario, se viva un parón que provoque que España pierda la oportunidad del tren del nuevo modelo energético y del nuevo modelo de desarrollo ambiental.

El gobierno PSOE-Sumar avanzó bastante, pero hay que acelerar e incrementar muchísimo la ambición. Es importante reconocer lo ya hecho: que el camino está abierto, que la transición ecológica está en marcha. Hay que reconocerlo, porque lo contrario es mentir y caer en una desesperanza que no lleva más que a la melancolía, no va a ningún lado. Pero al mismo tiempo, junto a eso, hay que decir que con este ritmo no se llega a ninguno de los objetivos. Hay que incrementarlo.

¿Va a adoptar en algún momento la derecha un discurso contundente contra el cambio climático o nunca llegará a ser una de sus prioridades?

El PP es muy hipócrita. Por un lado, está cada vez en posiciones más retardistas, pero por otro lado, cuando los fondos de inversión a las empresas energéticas le plantean que tiene que invertir en renovables, lo hace. Entonces, ¿en qué quedamos?

En Vox es un poco diferente. Vox sí que coquetea con el negacionismo, y otras veces lo que hace es poner énfasis en criticar las medidas de políticas ambientales, que no es exactamente lo mismo. Para Vox este nunca va a ser un tema prioritario porque además entronca muy bien con el negacionismo de otros partidos de ultraderecha, por ejemplo de Trump. Ahora bien, tampoco son nítidamente negacionistas. Si tú escuchas lo que dicen, “contra el extremismo climático”, eso no es ser negacionista. Critican las políticas ambientales porque tienen en el campo y en el mundo rural un electorado muy potente, pero no es un negacionismo al estilo Trump.

¿Y fuera de España?

En otros países los conservadores sí se han incorporado a los temas ambientales. Muy pronto fue Merkel la que mandó cerrar las nucleares. Gobiernos de derecha en media Europa han peatonalizado el centro de las ciudades y han fomentado el uso de la bicicleta, por ejemplo. El propio IPCC de Naciones Unidas contra el cambio climático se crea con una aportación económica muy importante de Margaret Thatcher, nada menos. Eso de que los temas ambientales son de izquierdas es una cuestión de aquí de España, pero en otros países los conservadores han sabido hacerlo seguido de una forma mucho más hábil. Para eso hay que entender la derecha española, heredera de una cosmovisión franquista muy poco ilustrada, muy poco científica, donde estos temas no entraban en la agenda.

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