Civio 11/06/26
El coste real de catorce años de independencia.
Hola,
En este país se da por hecho que la independencia de verdad no existe. Que todo el mundo tiene una agenda, un color, alguien a quien debe algo. Y que cuando alguien dice «yo investigo a todos por igual» es cuestión de tiempo saber a quién protege.
La sospecha es razonable. Nosotros tenemos otra: casi nadie aguanta lo que cuesta ser independiente. Y lo que más cuesta no se paga con dinero.
Cuando empiezas a exigirles que rindan cuentas, las administraciones que antes te contestaban, mal o bien, ahora dejan pasar el tiempo. Hacen como si no existieras. Los gabinetes que antes te confirmaban un dato en el mismo día tardan dos semanas en decirte que no. Alguien que en redes aplaudía tu trabajo te bloquea cuando lo publicado le incomoda. Ese periódico o esa tele que ayer se hacía eco de tus investigaciones deja de tener hueco para ellas. Y alguna relación que creías sólida deja de serlo. Lo sabemos porque llevamos catorce años así.
Echando la vista atrás, volveríamos a hacer igual. Si no todo, al menos mucho. Eso seguro. Porque al final del día una de estas dos cosas se va: o tu independencia, o quien no soportaba que la tuvieras.
Hemos tenido aliados que compartían nuestro trabajo y lo alababan en público. Mientras estaban fuera de la gestión pública, éramos imprescindibles. Cuando asumieron cargos y empezamos a pedirles cuentas, se hizo el silencio. Y al poco, se dan de baja. Estaban en su derecho, que quede claro. Pero eso resume mejor que nada lo que significa asumir el coste de ser independientes: que hasta quien te aplaudía antes se va cuando le pides luz y taquígrafos.
Hay un tipo de periodismo que puede permitirse no incomodar al poder porque vive de publicidad institucional, convenios, patrocinios, de grupos editoriales o simplemente de favores. En Civio decidimos no depender de nada de eso antes de empezar. Tampoco somos una empresa: no hay nadie detrás esperando rentabilidad. Y esa diferencia cuesta.
No nos arrepentimos de esas pérdidas. Cambiar de exigencia según quién esté es el camino más corto a venderse. Y no vamos a hacerlo. Ni hoy, ni cuando sean otras personas quienes gestionen lo público.
¿Y para qué sirve todo esto? Para que ahora mismo haya alguien esforzándose para obligar a la Administración a cumplir una sentencia del Supremo sobre un algoritmo que decide quién recibe ayudas. Para que alguien esté peleando en los tribunales para que los acuerdos con farmacéuticas, con mucho dinero en juego, dejen de ser secretos, como hasta ahora. Para que alguien siga reclamando el nombre de los asesores a dedo al tercer gobierno consecutivo que se niega a hacerlos públicos. Eso y más está pasando ahora. Y solo sigue pasando si hay alguien insistiendo. Mientras sea necesario.
Si estás aquí es porque ya nos lees. Cada investigación, cada noticia que te ha llegado sin coste alguno, existió porque alguien la sostuvo para que se publicara.
Civio alguien existe porque cerca de 2.300 personas han decidido sostenernos ya. Hoy salimos a buscar a las siguientes. Os necesitamos. Y te lo pedimos directamente: sé una de ellas.
Ojalá podamos contar contigo a nuestro lado.
El equipo de Civio
HazTe socio, socia
P.D. Este es el primer email de una serie. En los próximos días te vamos a contar cosas que no habíamos contado: batallas, costes y alguna pregunta incómoda. Si ya lo tienes claro, te ahorramos el resto: únete ahora
Vigilamos al poder, cuidamos lo público