Carlos Martínez 23/08/26
El diario The Guardian publicó una carta abierta a los presos políticos en Irán, firmada por Angela Davis, Mumia Abu-Jamal, Rashid Khalidi, Robin DG Kelley, Ruth Wilson Gilmore, Judith Butler y Walden Bello, entre otros.
No se trata de personas a las que se pueda ignorar a la ligera. Varias de ellas han dedicado su vida a los movimientos antiimperialistas y de liberación negra, y una escribe desde una prisión estadounidense. No me complace discrepar con ellas. Pero la carta es desacertada y tiene un efecto objetivamente perjudicial.
Su imagen central es la de «las dos hojas de unas tijeras»: la República Islámica por un lado, el imperialismo estadounidense e israelí por el otro, con el pueblo iraní aplastado entre ambos. Establece una simetría entre la mayor potencia imperialista del mundo y un Estado antiimperialista que jamás ha invadido otro país y que ha apoyado sistemáticamente a los oprimidos, desde Palestina hasta Sudáfrica y Venezuela.
La frase que sustenta el argumento es esta: «rechazamos la falsa dicotomía entre imperialismo y antiimperialismo vacío». ¿Hasta qué punto, exactamente, es «vacío» el antiimperialismo de Teherán? 
Durante cuatro décadas, mientras casi todos los gobiernos árabes se adaptaban a Washington y Tel Aviv, Irán armó, financió y sostuvo la resistencia palestina. Rechazó la normalización cuando los Acuerdos de Abraham ofrecían enormes incentivos. Soportó cuarenta años de sanciones, asesinatos de científicos, sabotaje de infraestructuras y, ahora, una guerra abierta de agresión, antes que abandonar esta postura.
Los Estados que han normalizado sus relaciones no están siendo bombardeados. El antiimperialismo vacío es solo una declaración y una etiqueta en las redes sociales. El antiimperialismo de Irán se ha medido con la sangre de 168 estudiantes en una escuela de Minab y con el bombardeo de sus hospitales y depósitos de petróleo.
Se puede discrepar vehementemente con algunos aspectos de la política interna de Irán, pero la cuestión fundamental es: ¿cuál es nuestra postura en la lucha global contra el imperialismo? ¿De qué lado estamos? ¿Apoyamos la guerra de agresión criminal librada por Estados Unidos e Israel, o apoyamos la resistencia a esta guerra? ¿Apoyamos el genocidio en Gaza, o apoyamos al país que ha sido el aliado más constante de la resistencia palestina durante décadas?
Esta carta niega por completo esa distinción. Nos pide que rechacemos la opción. Pero en una guerra de agresión, no existe una tercera posición, porque solo un bando se beneficia de su neutralidad, y no es el bando bombardeado.
La carta apareció en un periódico británico seis meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel, justo cuando Washington era incapaz de ganar militarmente y necesitaba sentar las bases políticas. Recicla un vocabulario recurrente —juicios farsa, tortura sistemática, persecución de minorías— sin citar fuentes, siguiendo el patrón que precedió y acompañó a todas las guerras cuyo objetivo era el cambio de régimen. Sean cuales sean las intenciones de los firmantes, esta es la función que cumplirá la carta: construir la justificación moral de la guerra.
Angela Davis fue encarcelada por un Estado que la presentó al mundo como terrorista. Mumia Abu-Jamal permanece encarcelado por ese mismo Estado. Son personas que saben perfectamente lo que ocurre cuando un imperio fabrica una justificación moral para aplastar a sus enemigos. No habrían firmado, hace medio siglo, una carta denunciando a los dos bandos: COINTELPRO, por un lado, y el Partido Pantera Negra, por el otro.
Las fuerzas progresistas y pacifistas tienen el deber de apoyar a Irán contra la guerra, las sanciones, los complots para derrocar al régimen y la desestabilización.
Por Carlos Martínez, AQUÍ:
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