MPR21 Redacción 26/06/26

El espionaje ya no es lo que fue en la Guerra Fría, competencia de hombres intrépidos al estilo 007. El proyecto Manhattan, “check point charlie”, los atentados del Mosad y la crisis de los misiles cubanos se han quedado anticuados.
En la voladura del gasoducto NordStream, el más caro del mundo, participó una actriz porno, montada en un velero alquilado en internet y todo por un módico precio. No se puede hacer más (20.000 millones de dólares de daños) con menos (300 000 dólares de presupuesto).
Lo explica Bojan Pancevski, corresponsal en Europa del Wall Street Journal, en un libro que acaba de publicar sobre el sabotaje (1), en el que no aparecen hombres musculosos, entrenados y profesionales. Todo es mucho más sencillo. Los artífices fueron:
— una actriz porno que se convirtió en instructora de buceo. La jefa del operativo no fue una chica Bond, ni una supermodelo
— una película porno acuática a 80 metros de profundidad
— un puñado de buzos ucranianos, algunos de los cuales solían buscar llaves de automóviles en los estanques
— un velero de alquiler, de esos que se pueden encontrar en los folletos de cualquier lugar de vacaciones
— unos explosivos militares C4 escondidos en botellas de buceo
El plan fue perfilado “durante una noche de borrachera”, comenta Pancevski (2). Quizá por eso salió tan perfecto… hasta que el patrón, Serhiy Kuznetsov, fue detenido en Italia y otro en Polonia, mientras el resto del comando se escondió en Ucrania.
Los saboteadores alquilaron el Andrómeda, un Bavaria C50, en una web de alquiler de veleros. La mejor manera de justificar la presencia de un equipo de buceo cargado con 200 kilos de explosivos en medio del Báltico era fingir el rodaje de una película porno entre submarinistas. A 80 metros de profundidad con el agua a 4 grados de temperatura.
Si es cierto lo que relata Pancevsky en su libro, no cabe duda: ha llegado la era del sabotaje de bajo presupuesto. El próximo ataque no procederá de un submarino nuclear, ni de un misil balístico intercontinental.
En todo caso, los detalles del relato son tan rocambolescos que ponen en un segundo plano las cuestiones esenciales, sobre todo teniendo en cuenta que el 6 de junio de 2023 el Washington Post aseguró que Países Bajos estaba al tanto de los preparativos “desde las primeras etapas de su planificación” y que, además, advirtió a la CIA.
A su vez, la CIA recomendó a Zelensky que no cometiera el sabotaje. Entonces, Zelensky ordenó a Zaluzhniy que anulara el plan, pero el jefe del ejército ucraniano no hizo caso. La operación siguió adelante como estaba previsto.
El relato de Pancevsky es inverosímil. Sus pintorescas anécdotas le sirven para solapar el fondo de la cuestión. Por ejemplo, faltan los cómplices, sin duda porque la intervención en el atentado de cualquier país distinto de Ucrania supondría una declaración de guerra.
Pero no se trata sólo de los autores del atentado terrorista. El encubrimiento posterior es también significativo. Por ejemplo, Polonia detuvo a uno de los autores, pero el año pasado negó su extradición a Alemania porque tenía inmunidad: trabajaba para Ucrania. El ministro de Relaciones Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, dijo que había actuado en “defensa propia”.
El espacio Schengen que -supuestamente- habilita la colaboración policial entre los países europeos, tuvo una excepción clamorosa. En la guerra vale todo.
(1) https://www.allsides.com/story/ukraine-war-wsj-journalist-publishes-book-nord-stream-pipeline-sabotage
(2) https://www.wsj.com/podcasts/whats-news/the-outlandish-scheme-behind-the-nord-stream-pipeline-sabotage/1e293361-1664-4bba-b943-f7ce57926813