Activistas de Palestine Action Germany juzgad@s en Stammheim: “Ellos son los que merecen la jaula de vidrio no nosotros

18/06/26

“Ellos son los que merecen la jaula de vidrio, no nosotros”: l@s 5 activistas de Palestine Action Germany juzgad@s en Stammheim por su acción contra Elbit en Ulm

NdT –En la noche del domingo 7 al lunes 8 de septiembre de 2025, hacia las 3:30, 5 jóvenes activistas de Palestine Action Germany, tod@s berlineses, entraron por una ventana lateral en la fábrica israelí Elbit Systems en Ulm, Alemania donde se producen equipos para drones y software de adquisición de objetivos. Causaron daños moderados, filmaron su acción y esperaron tranquilamente la llegada de la policía. Llevan 279 días encarcelados y son tratados como «terroristas», al igual que sus camaradas de Palestine Action en Gran Bretaña, cuya organización fue prohibida por «terrorismo» después de que lograran poner en «reposo» la fábrica de Elbit Systems en Bristol. En el caso alemán, un detalle llama la atención: los 5 «terroristas» son juzgados en el tribunal de Stammheim, cerca de Stuttgart, que fue establecido dentro del recinto de la supercárcel construida especialmente para albergar a los militantes de la Fracción del Ejército Rojo (la «banda de Baader»), quienes encontraron la muerte allí en 1976 y 1977. 50 años después, Alemania sigue siendo esa madre pálida contra la que luchábamos en nuestra juventud. A continuación, una crónica de la primera fase del juicio, que promete ser largo. –FG, Tlaxcala

 

Foto de la sala del tribunal el primer día del juicio

“Benjamín Netanyahu, Yoav Gallant, Itamar Ben-Gvir y los directivos de Elbit Systems son los que deberían estar sentados en un tribunal en jaulas de vidrio, no nosotros.”

El comentario provino de Leandra Rollo, una de l@s cinco acusado@ en el juicio en curso de los “5 de Ulm” en Stuttgart-Stammheim. En el quinto día del procedimiento, a finales de mayo, l@s activistas tuvieron su primera oportunidad de explicar con sus propias palabras por qué habían saboteado la filial alemana con sede en Ulm del mayor fabricante de armas israelí. Sus declaraciones, que duraron entre 15 y 45 minutos aproximadamente, fueron concebidas como manifiestos políticos.

Rollo describió la acción como un intento de detener “el exterminio del pueblo palestino”. Crow Tricks argumentó que “ningún [otro] método que estuviera en conformidad con la ley alemana funcionó”. Zo Hailu planteó una pregunta directamente al tribunal: “¿Qué elegirá el poder judicial: la complicidad o el‘Nunca Más’?”

En conjunto, las declaraciones constituyeron una acusación no solo contra Elbit Systems, sino también contra la respuesta política y legal de Alemania a la destrucción de Gaza por parte de Israel. Daniel Tatlow-Devally (leyendo en alemán) coincidió con ese sentir. “Hacer la vista gorda mientras tiene lugar un genocidio es reprobable”, dijo. “Proporcionar el equipo para llevarlo a cabo es aún peor.”

Mientras hablaban, l@s acusad@s permanecieron sentad@s detrás de una gruesa barrera de vidrio dentro de la sala de máxima seguridad de Stuttgart-Stammheim. Varios agentes de policía estaban sentados directamente detrás de ell@s. Nueve meses después de su arresto, l@s cinco permanecen en prisión preventiva, en gran parte en condiciones extremas. Se enfrentan a cargos de daños a la propiedad agravados y pertenencia a organización criminal.

Las condiciones en la sala para l@s cinco activistas se han convertido en un punto central de discordia en el juicio. Desde su inicio, los abogados defensores argumentaron que las extensas medidas de seguridad prejuzgan efectivamente a l@s activistas como una amenaza para la seguridad pública. La disputa se intensificó en el tercer día del procedimiento, cuando l@s acusad@s fueron llevad@s a la sala después de negarse a entrar voluntariamente.

Las repetidas mociones de la defensa para cambiar la disposición de los asientos en la sala fueron sistemáticamente rechazadas. Desde los primeros días, el juicio estuvo marcado por disputas sobre el debido proceso. La defensa sostiene que la configuración viola el artículo 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que garantiza el derecho a un juicio justo, al hacer que la comunicación confidencial sea prácticamente imposible.

La fiscalía y la jueza presidenta, Kathrin Lauchstadt, rechazan esto. Sostienen que la comunicación confidencial está garantizada a través de micrófonos y que la disposición de los asientos viene dictada por la arquitectura de la sala. Esto plantea la pregunta de por qué el juicio se celebra en Stammheim en primer lugar. La sala fue construida originalmente para los juicios de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), en la década de 1970. Para l@s partidari@s de l@s acusad@s, la elección del lugar refuerza la impresión de un juicio político.

Dos intérpretes para cuatro acusad@s

Cualquiera que siga el procedimiento en persona –como hice yo durante la mayoría de las audiencias– nota rápidamente que la infraestructura técnica de la sala está lejos de ser perfecta. Los equipos fallan regularmente, obligando a menudo a l@s acusad@s y/o a sus abogados a señalar los problemas de comunicación mediante gestos con las manos. La defensa ha pedido repetidamente un registrador judicial independiente y más intérpretes. Por ahora, dos intérpretes proporcionan traducción al inglés y al español para cuatro acusad@s.

A medida que avanza el juicio, se vuelve cada vez más claro que el caso va mucho más allá de los simples daños a la propiedad. La defensa acusó repetidamente al tribunal de parcialidad y presentó numerosas mociones solicitando la recusación de la jueza presidenta. Lo que se desarrolla en Stammheim podría convertirse finalmente en un caso emblemático de cómo Alemania responde a las formas radicales de protesta contra el genocidio en Gaza. Las implicaciones se extienden más allá de la solidaridad con Palestina. El veredicto podría moldear cómo los tribunales y las autoridades tratan a los movimientos de acción directa en general –incluyendo a l@s activistas climátic@s y otr@s.

Daniel Tatlow-Devally, Leandra Rollo, Crow Tricks, Zo Hailu y Vi Kovarbasic llevan ahora más de nueve meses en prisión preventiva. Familiares y amigos describen las condiciones como extremas: visitas vigiladas, acceso restringido a libros y actividades comunitarias, y hasta 23 horas al día encerrad@s en celdas con poca o ninguna exposición a la luz del día. “Todo en este caso es político”, me dijo Mimi Tatlow-Golden, madre de Daniel Tatlow-Devally.

Según ella, Daniel permanece confinado hasta 23 horas al día en una celda con ventanas de vidrio esmerilado y solo se le permiten dos visitas de 30 minutos al mes. Durante esas visitas, está prohibido discutir el caso. Durante el resto del tiempo, dice, el contacto humano significativo es prácticamente imposible. En su declaración ante el tribunal, Daniel también describió haber sido testigo de dos intentos de suicidio por parte de otros reclusos durante su detención, uno de los cuales, según dijo, fue exitoso.

Josey, la pareja de la acusada Vi Kovarbasic, describió los últimos nueve meses como “profundamente desestabilizadores”. “Pasas horas al teléfono solo para tratar de conseguir un espacio para una visita”, me dijo. Además, alegó que las autoridades penitenciarias confiscaron todas las cartas no escritas exclusivamente en alemán. Josey describió estas condiciones como una forma de “tortura psicológica”.

L@s cinco activistas están acusad@s de irrumpir en las instalaciones de Elbit Systems Germany en septiembre de 2025 y de usar hachas y material pirotécnico para dañar equipos técnicos, muebles y ventanas, causando supuestamente más de un millón de euros en pérdidas. Durante la acción, pintaron con spray lemas como “Baby Killers” (Asesinos de bebés) en las paredes y corearon “Free Palestine” (Libertad para Palestina) y “Germany finances, Israel bombs” (Alemania financia, Israel bombardea). Gran parte de lo que se les acusa está documentado públicamente. Los activistas se filmaron a sí mism@s durante la acción y publicaron el video en línea. Nadie resultó herido.

Crucialmente, la fiscalía ha acusado a l@s cinco de pertenencia a una organización criminal según el artículo 129 del Código Penal alemán – un cargo más comúnmente asociado con el crimen organizado y las redes extremistas. La acusación aumenta la pena máxima a cinco años de prisión y sirve como base legal central para justificar el mantenimiento de la prisión preventiva.

Amnistía Internacional Alemania expresó “serias preocupaciones sobre el Estado de derecho” acerca del uso del artículo 129 en este caso. Paula Zimmermann, experta de la organización en libertad de expresión y reunión, describió las implicaciones como “extraordinariamente de gran alcance”.

La fiscalía, por el contrario, sostiene que los acusados formaban parte de Palestine Action Germany, una organización que caracteriza como motivada por objetivos antisemitas. La acusación, de unas 100 páginas, dedica una atención considerable a las creencias políticas de los acusados. Invoca repetidamente el llamado derecho a la existencia de Israel, argumentando que negar este principio constituye una posición “claramente antisemita”.

El término genocidio, por el contrario, aparece solo como “presunto genocidio” y se coloca sistemáticamente entre comillas. La defensa de una “Palestina libre” también se trata como sospechosa. La acusación afirma que los acusados promueven puntos de vista antisionistas que “presentan las aspiraciones de los judíos (es decir, su propio Estado o su defensa) como un proyecto colonialista” y, por lo tanto, “equiparan” a Israel con el judaísmo. No se explica exactamente cómo se supone que ocurre tal equiparación.

Daniel Tatlow-Devally, el primer día del juicio de Stammheim

 

Durante la lectura de la acusación en el tercer día del procedimiento, la fiscalía dedicó una atención considerable a las actividades de Palestine Action en el Reino Unido y en otros lugares, situando el juicio de Stammheim en un contexto internacional más amplio. Lemas como “Baby Killers” fueron interpretados explícitamente como intentos de demonizar a Israel – y, por extensión, a los judíos.

En el corazón de la estrategia de defensa se encuentra un argumento sobre el estado de necesidad. Los activistas, dicen sus abogados, intentaron interrumpir los suministros de armas para prevenir un daño mayor. “Las personas equivocadas están en el banquillo”, me dijo el abogado defensor Benjamin Düsberg a las afueras del tribunal. En su opinión, los que deberían ser juzgados no son las personas que intentaron detener las entregas de armas durante un genocidio, sino aquellos que las hicieron posibles.

Una acusación política del papel de Alemania en Gaza

En el tercer día del juicio, Düsberg pronunció una declaración de apertura de ocho páginas en la que detallaba la magnitud de la destrucción en Gaza, el número de víctimas civiles y el papel de Alemania. Se asemejaba a una mordaz acusación política. Düsberg argumentó que, en el momento de la acción contra Elbit Systems Germany, las manifestaciones, peticiones y llamamientos públicos no habían logrado detener el apoyo de Alemania al genocidio israelí en Gaza.

“La Fiscalía de Stuttgart exige un castigo, pero ¿exactamente por qué?”, preguntó Düsberg ante el tribunal. “Por dañar a un fabricante de armas. Por destruir máquinas e instalaciones cuyos productos sirven solo para un propósito: matar personas.” Habló del “exterminio en cadena de familias enteras” en Gaza y describió el enclave como el escenario de “una de las campañas de bombardeo convencional más grandes de la historia”. “Es también el genocidio de Alemania”, dijo Düsberg. En ese contexto, la acción contra Elbit Systems Germany había sido tanto justificada como moralmente necesaria.

Se espera que el proceso continúe hasta 2027

“Todo este juicio es una vergüenza”, me dijo Mimi Tatlow-Golden. Los acusados, incluido Daniel, estaban siendo tratados “como criaturas peligrosas”. También criticó las repetidas interrupciones y la reciente –dramática– ampliación del procedimiento. Originalmente programado para 16 días de audiencia, el juicio se ha extendido desde entonces a más de 40 días. Se espera que continúe hasta enero de 2027.

Es probable que el papel de Elbit Systems Germany se convierta en un tema central durante el juicio. Elbit es el mayor fabricante de armas israelí. Su planta en Ulm, que remonta sus orígenes a la empresa alemana de electrónica Telefunken, produce tecnologías de comunicación utilizadas por el ejército israelí. Investigaciones independientes y análisis de expertos han vinculado dichos sistemas con la infraestructura central que respalda los programas de selección de objetivos asistidos por IA como Lavender y Gospel, que fueron desplegados en Gaza.

En esencia, el juicio de los Ulm 5 es un caso de prueba de cómo responde el Estado alemán a aquellos que buscan detener un genocidio –y que están dispuestos a violar la ley para hacerlo. El veredicto no solo determinará el destino de cinco activistas. También podría definir los límites de la disidencia política en Alemania en los años venideros.

Hanno Hauenstein (*1986) es un periodista independiente alemán que vive en Berlín. Sus artículos han sido publicados, entre otros medios, en The Guardian, The Intercept, Zeit Online, Haaretz y la taz. Durante varios años fue editor y jefe de sección en el área cultural del Berliner Zeitung. En octubre de 2022 fue destituido de su cargo por criticar la invitación de Viktor Orbán a un debate con el editor del BZ, Holger Friedrich. También fue fundador y editor de la revista artística y literaria germano-hebrea aviv Magazine.Hanno Hauenstein ((texto & fotos),14 de junio de 2026
Traducido por Tlaxcala
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