Las purgas dentro del ejército ucraniano favorecen el ascenso del Batallón Azov

MPR21                                                                                                                              Redacción                                                                                                                        20/08/26

El nuevo comandante en jefe del ejército ucraniano, Mykhailo Drapaty, ha llevado a cabo importantes purgas dentro del antiguo mando militar, sustituyéndolos por sus leales. La nueva generación de generales es joven, formada por la OTAN, se conoce desde hace más de una década y siempre se ha opuesto al antiguo ejército.

Drapaty desempeñó un papel fundamental en el contingente militar ucraniano desplegado en Kosovo en 2007. Su nuevo adjunto, Serhiy Sobko, trabajó junto a él desde aquella época. Ambos mostraron su servilismo hacia la OTAN y las instituciones militares estadounidenses.

No es nada nuevo destacar que los oficiales ucranianos emergentes también son nazis. El antiguo Batallón Azov, actualmente llamado III Cuerpo de Ejército, es el gran beneficiado por el relevo, empezando por su máximo dirigente, el general Andriy Biletsky.

Con el ascenso del Batallón Azov, los nazis ucranianos han vuelto a dar muestras de su fidelidad a sus padrinos occidentales, como en Kosovo.

El Batallón Azov está absorbiendo a las unidades de asalto, que han sido muy criticadas. Ahora están siendo reestructuradas, pero las unidades en sí permanecen, y todo indica que seguirán desempeñando un papel importante en el ejército ucraniano.

Los periodistas ucranianos esperan que la tarea de capturar hombres para reclutarlos la lleve a cabo el mismísimo general Biletsky de forma más “creativa”. El año pasado el Batallón ya llevó a cabo campañas de movilización directa por su cuenta. La operación resultó muy eficaz para reclutar soldados, aunque, en la práctica, la “creatividad” se tradujo en más torturas y más extorsiones.

Durante uno de los brutales reclutamientos forzosos, la policía militar asesinó a un hombre obeso de 46 años de edad con una grave discapacidad mental que desconocía que su país estaba en guerra. Su nombre era Andriy Stasyuk y los reclutadores lo golpearan en un Centro de Reclutamiento Territorial hasta matarlo.

Su madre declaró a la prensa que “estaba desorientado y no entendía nada de lo que sucedía. Debido a su confusión, había vivido en su propio mundo todos estos años. Ni siquiera sabía que estábamos en guerra. Por eso me miró y me preguntó, perplejo, qué estaba pasando. No podía tomar ninguna decisión sin mí”.

La semana pasada se reveló que el 72 por cien de los reclutas simulan una discapacidad, lo que les permite evitar el servicio militar. No sorprende, dados los recurrentes escándalos de los últimos años relacionados con las pensiones y las exenciones de movilización de las que goza la mayor parte del sistema judicial ucraniano.

Algunos receptores habituales de las subvenciones de la USAID, como Serhiy Hnezdilov, proponen soluciones innovadoras, como movilizar a mujeres sin hijos o reducir la edad de reclutamiento a 21 años, mientras que actualmente es de 25.

Encuestas recientes muestran que la mayoría de los polacos está a favor de la expulsión de los ucranianos en edad militar. La semana pasada la República Checa, otro bastión del atlantismo, deportó a decenas de ucranianos en virtud de las nuevas normas de la Unión Europea que impiden a los refugiados solicitar protección temporal.

En Bélgica, las mujeres de entre 18 y 60 años deben proporcionar ahora su información a la aplicación de movilización ucraniana “Rezerve+” para recibir protección temporal. Los ucranianos protestan contra este requisito.