MPR21 Redacción 27/07/26

Seis países europeos (República Checa, Dinamarca, Hungría, Polonia, Rumanía y Suecia) no se han sumado al euro. En enero, el ministro de Economía polaco, Andrzej Domanski, reafirmó la postura del gobierno de Varsovia contraria al euro: no tienen prisa y no ven ninguna ventaja en la introducción de la moneda única.
Polonia crece al 3,2 por cien. Mantener el zloty le permite conservar una política monetaria independiente, adaptable a las realidades locales. Durante la crisis de 2008 el Banco Nacional de Polonia pudo reaccionar con flexibilidad, evitando la recesión que afectó a muchos países de la eurozona gracias a la flexibilidad del tipo de cambio. El gobernador del Banco, Adam Glapinski, también señala que el euro no había estimulado el crecimiento económico como se había prometido inicialmente.
La experiencia acumulada durante más de veinte años en la eurozona es pavorosa. Las sucesivas crisis —griega, italiana y portuguesa— han puesto de manifiesto las limitaciones de una moneda única aplicada a economías muy diferentes: una deuda descontrolada, la pérdida de competitividad de algunos países, la imposición de medidas de austeridad y un Banco Central Europeo que favorece los intereses de los países del norte.
Estas disfunciones han alimentado un notable desencanto en varias capitales europeas. Muchos gobiernos y la opinión pública se muestran reticentes a renunciar a su soberanía monetaria, una herramienta esencial para ajustar los tipos de interés o devaluar la moneda ante una crisis externa.
En Polonia, la oposición al euro está muy extendida: más del 70 por cien de los ciudadanos prefieren mantener el zloty, temiendo en particular el aumento de precios observado en otros países durante la transición al euro. Incluso el gobierno actual, más abierto a la cooperación europea que su predecesor, reconoce que los argumentos económicos tienden a favorecer el mantenimiento del statu quo.
No es una actitud aislada. La República Checa, Hungría y Suecia expresan reservas similares, divididas entre el temor público y el deseo de preservar sus mecanismos nacionales de control. Dinamarca, sin embargo, goza de una exención permanente.
Hoy surge una nueva cuestión con la propuesta del euro digital, una moneda digital de banco central (CBDC) impulsada por el Banco Central Europeo. Concebido exclusivamente para la eurozona, este nuevo instrumento, cuyo lanzamiento está previsto para alrededor de 2029 tras el inicio de las pruebas en 2027, busca modernizar los pagos y fortalecer la autonomía estratégica frente a empresas privadas no europeas.
No se prevé el acceso directo para los países que no han adoptado el euro. Sin embargo, las disposiciones del reglamento en debate permitirían a las entidades financieras de estos países distribuir el euro digital a sus clientes que viajen o residan en la eurozona, previo acuerdo con el Banco Central Europeo. Algunos lo interpretan como una forma de integración monetaria indirecta, mientras que otros lo ven simplemente como una herramienta de pago complementaria sin impacto en la soberanía nacional. Para Varsovia, al igual que para Praga y Budapest, este desarrollo refuerza la importancia de mantener una moneda nacional y, de ser necesario, desarrollar su propia moneda digital.
Al mantener su negativa o retrasar la adhesión, estos países ilustran una tendencia más amplia dentro de la Unión Europea: ante la política monetaria única, preservar el margen de maniobra es para muchos una garantía de flexibilidad y estabilidad.