El autor es uno de los palestinos que más años ha pasado preso en cárceles israelíes. En este texto narra cómo sobrevivió a las torturas.
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Traducido del inglés para La Marea por Rita da Costa. Traducido del árabe por Luke Leafgren.
1.
El 7 de octubre de 2023 me enteré de la noticia nada más despertarme. La tele de nuestra celda mostraba imágenes de los ataques de Hamás y los combates en torno a Gaza. Las vimos durante una hora, hasta que desconectaron la señal del cable y la pantalla se quedó en azul. Esas fueron las primeras y últimas imágenes que vi de la guerra.
Lo siguiente que recuerdo es que los guardias irrumpieron en nuestro módulo empuñando armas de fuego, algo que nunca hasta entonces habían hecho: las armas no entraban en los módulos de la cárcel. Nos ataron de pies y manos con agresividad y nos hicieron salir al patio. Cuando regresamos a las celdas, estaban tan vacías que nuestras voces resonaban. Todas nuestras pertenencias habían desaparecido: ropa, sábanas y mantas, utensilios de cocina y productos de limpieza, espejos y maquinillas de afeitar. Nuestros cepillos de dientes se habían sustituido por otros más pequeños, de unos cinco centímetros de largo. Habían retirado las persianas que cubrían las ventanas enrejadas, dejándonos expuestos al aire frío y, con el tiempo, a la lluvia. Nos dejaron dos camisetas, una sola manta y un juego de cubiertos de plástico a cada uno. Confiscaron hasta las sillas de ruedas; a partir de ese día, tuvimos que llevar en brazos a los presos discapacitados.
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