

La reciente concesión del premio a María Corina Machado confirma esta deriva. Figura emblemática de la ultraderecha venezolana, promotora de sanciones económicas, defensora de la intervención extranjera y partícipe en la promoción de las guarimbas —episodios de violencia callejera que costaron decenas de vidas—, Machado encarna la versión contemporánea de la “paz” entendida como alineamiento con el poder supremacista y colonialista estadounidense.
Nació con la promesa de honrar a quienes promovieran la fraternidad entre las naciones. Sin embargo, el llamado Premio Nobel de la Paz se ha desvirtuado hasta convertirse en la antítesis de su ideal fundacional. Bajo una máscara de neutralidad moral, el galardón funciona hoy como un instrumento geopolítico: un dispositivo que otorga respetabilidad a quienes sostienen el orden global dominante. En nombre de la “paz”, el Comité Noruego ha premiado sistemáticamente la obediencia a las potencias hegemónicas, la diplomacia del mercado y la mera administración de los conflictos.









