

La vivienda se ha convertido en uno de los principales conflictos sociales y políticos de Europa. El problema ya no se limita al precio del alquiler, a la dificultad de acceder a una hipoteca o a la imposibilidad de emanciparse. La crisis residencial está produciendo algo más profundo. Hay personas que pierden su vivienda, familias que viven bajo amenaza de desahucio, personas que sobreviven en alojamientos temporales, quienes duermen en la calle y una forma de exclusión residencial que las estadísticas siguen captando de manera incompleta.

En este contexto, las elecciones celebradas durante 2026 en distintos territorios europeos están mostrando una transformación del mapa político de las izquierdas. Alemania ofrece un ejemplo especialmente significativo. El 20 de septiembre, Die Linke se convirtió en la primera fuerza en Berlín mientras la AfD volvía a situarse en primer lugar en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. La comparación no permite establecer una relación automática entre crisis social y determinada respuesta electoral. Sí muestra que el malestar material puede canalizarse hacia proyectos políticos muy diferentes dependiendo del territorio, de la estructura política existente y de los conflictos que consigan ocupar el centro del debate.


















