Juan Carlos Rois, Tortuga 11/07/24
Hace unos días, el principal dirigente del partido popular actual pidió que la Armada se despliegue para evitar la entrada de inmigrantes irregulares, propuesta que ya venía realizando, con similar grado de rigor intelectual, el líder de VOX, esa otra expresión de la derecha radical trufada de falangistas hiperventilados. Para remate, el portavoz del PP, Miguel Tellado, replicó la pretensión de su jefe añadiendo que «el Gobierno puede disponer de las Fuerzas Armadas y desplegar embarcaciones que impidan que los cayucos que ponen en riesgo la vida de las personas que van en ellas salgan al mar y finalmente lleguen a nuestro país».
El Gobierno y sus aliados salieron en tromba censurando la idea y advirtiendo de lo nefasto del nuevo incendio social que pretende alimentar el PP en su táctica de acoso y derribo.
Al margen del uso obsceno y peligroso que hace el PP de cuanto toca, conviene hacer recuento de la actuación de la Armada y de la política de defensa al respecto, porque, como dijo el único que no ha mentido en el asunto, el Jefe de la Armada, resulta que lo que pide enfurecida la derecha y protesta con no menos brío la alianza gubernamental, ya lo está haciendo la Armada in saecula saeculorum, como parte de la política de defensa pactada por PP y PSOE (con la aquiescencia cuando menos resignada de sus socios respectivos cuando toca) en esa especie de camisa de fuerza inamovible de la «política de estado» en materia de Defensa.
Hagamos recuento de los modos y maneras en que España se aplica en usar sus medios militares y paramilitares para luchar contra ese constructo ideológico cargado de prejuicios y obsesiones racistas que es la «inmigración irregular» a punto de invadirnos o al menos de desbordarnos.

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