No tiene nada de extraño o insólito que en Estados Unidos, muchas personas quisieran atentar contra el presidente Donald Trump. Debe comprenderse que Trump ha logrado hacer brotar el odio de multitud de gentes debido a su racismo, a sus afanes supremacistas, a su represión contra los migrantes y a su obsesión compulsiva de impulsar genocidios. Sin embargo, me parecen condenables los magnicidios no sólo por razones morales, sino por su esterilidad política.
Es un grave error considerar que una sola persona, por más importante y capaz que sea, encarna en sí todo el entramado social que se expresa en formaciones complejas, como sucede en el caso de muchas naciones. Cuando se proclamaba estentóreamente que Adolfo Hitler representaba a toda Alemania, se olvidaban las razones por las cuales la nación germana había llegado a producir a un sujeto como el famoso cabo austriaco
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