MPR21 Diego Verschhoren 09/09/2

Para la fracción del capital israelí representada por la vieja guardia laborista y los sectores de la seguridad del Estado (Yair Lapid, un entusiasta de la guerra contra Irán, o Benny Gantz, imputado en Holanda por crímenes de guerra), Netanyahu no es un «enemigo del Estado», sino un mal administrador que ha llevado el proyecto sionista a un callejón sin salida: aislamiento internacional, desgaste militar crónico y fractura social interna.
En este contexto, fabricar o exagerar un «preaviso» de ataque ignorado convierte un fracaso estructural de la seguridad israelí (el colapso del 7 de octubre) en un problema de negligencia individual. Si Netanyahu hubiera hecho caso, la catástrofe se habría evitado. Por tanto, la solución no es cambiar el sistema, sino cambiar al timonel.






