
Geraldina Colotti 14/01/26

El secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, operado por las fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026, tras un despliegue de fuerza militar y tecnología de alto nivel sin precedentes, no representa solamente un acto de piratería geopolítica, sino el culmine lógico de una parábola jurídica iniciada en los laboratorios de la contrarrevolución europea de los años setenta. Lo que en un tiempo se definía como «Estado de emergencia» se ha trasmutado en un dispositivo global y permanente, una «legislación penal del enemigo» que ha dejado de distinguir entre el derecho de guerra y el derecho civil, superponiéndolos en un único ejercicio de policía planetaria.








