Acto primero: elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo. El PP gana los comicios y se lleva varios territorios hasta ahora en manos del PSOE, incluidas la mayoría de grandes capitales de provincia. Institucionalmente, el mazazo es terrible. La derecha, que planteó los comicios como una primera vuelta plebiscitaria antes de las elecciones generales previstas para otoño, se dispone a cocinar a fuego lento a Pedro Sánchez durante seis meses, extendiendo sus tentáculos territorialmente y proyectándose como alternancia inevitable a un gobierno paralizado que caerá como fruta madura. Las municipales son cosa seria en España. Sirvieron para tumbar una monarquía.
Acto segundo: Pedro Sánchez, que ha mostrado un poco común instinto de supervivencia, avanza las elecciones. Todo o nada. All in. Serán el 23 de julio, en poco más de mes y medio. El movimiento es tan audaz como desesperado, pero tiene dos sólidos puntos de anclaje.
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