

Suiza es famosa no solo por el robo (los bancos que guardan inmensas fortunas de todo tipo de depredadores), sino por el chocolate y el reloj. Ya hubo quien en 1949 se burló de una de esas cosas, como Orson Wells, en una fantástica secuencia de otra fantástica película, «El tercer hombre».
Solo quedan para burlarse los bancos, y eso es imposible, y el chocolate. Así que vamos con el chocolate. Porque lo que ha ocurrido con la famosa y pomposa «Conferencia de Paz en Ucrania», de la que os adelanté lo que iba a pasar, se puede resumir con una frase: «ni el chocolate del loro». Es una expresión típica castellana que quiere decir que ha ocurrido algo insignificante. Llevado un poco más allá, significa que se ha hecho tan mala gestión de algo pomposo que ha resultado en nada. Y eso es lo que ha pasado. Nada.
Ni siquiera el estercolero mediático occidental ha podido rascar algo para endulzar la mierda habitual. El fracaso ha sido descomunal puesto que ni uno solo de los países BRICS ha firmado el comunicado simplón (y otros que lo hicieron inicialmente han retirado su firma al final, como Jordania e Irak). Da igual quien participase, que los tenéis aquí y el nivel que representaban, porque ha quedado más que claro que Occidente no es nadie y que solo tiene un camino: la guerra. Por eso un día después del fracaso, del ni el chocolate del loro, el perro faldero mayor de EEUU, conocido como secretario general de la OTAN, ha dicho que «los países de la alianza están celebrando consultas sobre la necesidad de llevar las armas nucleares a un estado de preparación para el combate». Por cierto, tan nerviosos y asustados están que el perro faldero tuvo dos significativos lapsus cuando habló de todo esto: dijo que «la Fuerza Aérea de la OTAN recibirá pronto los F-16» y que «los pilotos de la OTAN volarán los F-16 en Ucrania». Luego rectificó. Pero ahí queda. Porque es la realidad. Seguir leyendo Ni el chocolate del loro. El lince

























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